Mapas sin mundo (25/03/2018)

Pedro Alberto Cruz
PEDRO ALBERTO CRUZ

El pasado miércoles la animalista Catia Faria ofreció una interesante conferencia sobre antiespecismo en el Cendeac, dentro de la segunda edición del curso 'Post-Arcadia'. La tesis principal que defendió en su exposición era la responsabilidad de los individuos humanos de intervenir en la naturaleza, a fin de aliviar el sufrimiento que rige sus dinámicas habituales. Hasta ahí completamente de acuerdo. De hecho, el disenso que mantengo con su posicionamiento no radica tanto en el diagnóstico realizado y en la llamada a la acción -que comparto- cuanto en el propio desarrollo teórico trazado hasta llegar a la conclusión antedicha. El 'antiespecismo' implica una estrategia de igualación de derechos morales -estructura horizontal- que, sin embargo, parte de la urgencia de subrayar una jerarquía: el individuo humano es poseedor de una inteligencia compleja que le obliga a cuidar de los individuos más vulnerables y desprotegidos: los animales no-humanos. La equiparación de derechos depende, por tanto, de la capacidad de compasión del humano hacia el no-humano. Sin embargo, tal 'argucia teórica' -plantear la necesidad de una relación horizontal entre especies desde la asunción de la superioridad intelectual de la humana sobre la no-humana- nunca es explicitada y reconocida como tal, quizás por el complejo de supremacismo que, dentro del animalismo, se tiene sobre la condición humana, y la violencia que esta conciencia ha conllevado y conlleva sobre el ámbito animal. Nada hay que darlo por supuesto. Máxime cuando, en este sentido, la evolución de la inteligencia humana no se emplearía como un instrumento para el sometimiento animal, sino, por el contrario, para la conquista de un mismo marco moral para humanos y no-humanos. Se podrá contestar, a esta objeción teórica, que dicho matiz no afecta al plan de acción general. Es cierto. Pero también lo es que un planteamiento que pretende ser y es de hecho revolucionario debe ser completamente honesto en sus disquisiciones y no obviar determinados aspectos por motivo de prejuicios. Porque son precisamente los estereotipos y prejuicios los que nos han conducido al panorama de masacre normalizada del mundo animal que vivimos en la actualidad. El nuevo pensamiento ha de ser nuevo en todos los sentidos, sobre todo cuando plantea un giro tan necesariamente radical como es el caso.

Uno de los neones más conocidos y afortunados de Tracey Emin reza: 'People Like You Need to Fuck People Like Me' ('Gente como tú necesita joder a gente como yo'). Qué fácil es empatizar con una afirmación como ésta. Los 'jodedores de vidas' siempre permiten su reducción a estereotipos muy precisos y reconocibles al instante. Porque ahí radica la larga historia explicitada por esta amarga y rabiosa declaración: el 'yo' siempre es jodido por un lugar común.

Siempre he pensado que en España ningún cargo público se molestaría en falsear su currículo. Aquí, a diferencia por ejemplo de Alemania, los méritos curriculares no cuentan para nada -los tengas o no. Sería toda una sorpresa que la formación y la investigación comenzasen, de repente, a suponer un criterio sólido de valoración.

Hace poco, planteaba en clase las dos visiones sobre el cuerpo que se disputan la hegemonía del feminismo: de un lado, la que rechaza cualquier representación corporal de la mujer bajo la consideración de que un cuerpo femenino -con independencia de la intencionalidad con la que se haga visible- siempre acabará siendo objetualizado por la mirada patriarcal; y, de otro, la que invita a la mujer a experimentar con su propia corporeidad y a iluminar alternativas a los estereotipos construidos por el patriarcado. Les pregunté a mis alumnas que opinaban, y una de ellas me devolvió la pregunta: ¿Qué piensas tú? -me espetó. Y entonces me mojé. Le respondí que, aunque el estado de las cosas convierte en tarea casi imposible la representación de un cuerpo resistente al sexismo machista, la mujer debe luchar por construir alternativas reales e insobornables para su corporeidad. Si, como dijo Nietzsche, 'yo soy cuerpo' y, por tanto, lo corporal es la medida de nuestra existencia, ¿cómo podría permitirse la mujer renunciar a su cuerpo y regalárselo por completo al sistema patriarcal? ¿En qué terminaría por convertirse la mujer? ¿En un ser inmaterial? Siendo algo exclusivamente intangible, ¿qué capacidad tendría de incidir en el mundo, de transformar fácticamente las cosas de la vida? Un individuo sin cuerpo es un individuo menor. Y, sinceramente, considero que ninguna mujer puede sacrificar su auténtico y único lugar de existencia -su propio cuerpo.

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