Mapas sin mundo 01/10/2017

Pedro Alberto Cruz
PEDRO ALBERTO CRUZ

La pregunta se contesta por sí sola: ¿qué espacio queda para el diálogo, el debate y la reflexión serena en una actualidad acotada por el «España nos roba» y el «A por ellos oé»? Un secarral en el que jamás crecerá la vida.

Vivimos la parte más oscura de la globalización. Lejos de ser esta un contexto que promueve la solidaridad entre pueblos a escala mundial, se revela -en opinión acertada de Peter Osborne- como un acelerador de la competitividad entre territorios. Y en un clima tan ferozmente competitivo no hay lugar para la solidaridad, y sí para las alianzas y las trincheras socioeconómicas. Paradójicamente, el mundo se encuentra hoy intensamente interconectado por un efecto de atomización -en el sentido estricto y laxo del término.

En una sociedad tan polarizada, radical y fascista, la ironía y la sutilidad han pasado a mejor vida. Qué tedio por dios. Hemos retrocedido hasta convertirnos en un una comunidad capaz de comprender únicamente los mensajes gruesos y depuradores. Todo mensaje que no lleve una bandera incorporada se considera abstruso y sospechoso..

A decir verdad, solo me siento español cuando, a media mañana, y a diferencia de lo que sucede en el resto del mundo, me puedo sentar en una barra de bar a tomarme un pincho de tortilla o una empanadilla. Esa es mi identidad, mi patria y mi unidad de destino: los 15 minutos del almuerzo.

La indiferencia es la única relación intelectual saludable hacia una bandera.

Escribe mi hijo: «Relájate. Debes vivir en el presente». Quizás se trate de la única enseñanza que vale la pena aprender y que nunca termino de asimilar. Consumo todas mis energías en imaginar las diferentes escalas del futuro, y llego casi a sangrar con cada pensamiento. Fuera del 'ahora' solo hay miedo y muerte. Tengo en mi cabeza todos los días excepto el que me corresponde.

Lo peor no es la reincidencia en lo frívolo, sino la banalización de lo profundo. Cuesta aceptar que lo máximo a lo que podemos llegar es a decir gilipolleces.

Cuando conceptos como democracia y libertad significan una cosa y la contraria es que nuestro pacto lingüístico ha llegado a su fin y urge inventar uno nuevo. No creo en verdades absolutas ni objetivas, pero sí en lo que Hilary Putnam denominaba «realismo interno» o «verdades del sentido común». Por cuanto, dentro del relativismo del lenguaje, resulta necesario acordar unas pocas palabras que signifiquen lo mismo para todos.

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