«Siempre quise escribir para niños»

Uno de los dibujos que ilustran el libro 'Aventuras del piloto Rufus' de Manuel Moyano, realizado por el creador murciano Francisco Javier García Hernández./
Uno de los dibujos que ilustran el libro 'Aventuras del piloto Rufus' de Manuel Moyano, realizado por el creador murciano Francisco Javier García Hernández.

Manuel Moyano publica con Raspabook 'Aventuras del piloto Rufus', su primera obra de literatura juvenil. Ilustrada por el dibujante murciano Francisco Javier García, el escritor la presentará esta tarde en el Aula de la Fundación Caja Mediterráneo de Murcia

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

Nunca nadie había podido viajar al principio del arcoíris y conocer qué mágicos mecanismos se ponen en marcha para dar vida al gran espejo de color que se asoma en el horizonte cuando la lluvia retrocede. La misión, arriesgada y casi suicida, solo es apta para grandes exploradores y para quienes, sin levantar los pies del suelo, quieran volar a través de la imaginación.

Siempre, confiesa Manuel Moyano (Córdoba, 1963), «había querido escribir un libro para niños». De hecho, 'Aventuras del piloto Rufus', título que el escritor afincado en Molina de Segura acaba de publicar con la editorial murciana Raspabook es una historia que hilvanó hace veinte años, empujado quizá, reconoce, por la corta edad de sus hijos y el deseo de probar nuevos géneros. Fue entonces cuando se embarcó en la búsqueda del arcoíris. Un viaje que relata en esta nueva publicación junto con otras tres pequeñas historias cargadas igualmente de imaginación e ilustradas por el lápiz del autor y dibujante murciano Francisco Javier García Hernández.

Presentación
Esta tarde, a 20.00 horas, en el Aula de Cultura de la Fundación Caja Mediterráneo (c/ Escultor Salzillo, 7. Murcia). Con Manuel Moyano, Marisa López Soria y Francisco Javier García.

«Un escritor, haga lo que haga, y sea cual sea el género que aborde, utiliza los mismos procedimientos narrativos. En las 'Aventuras del piloto Rufus' no hay algo radicalmente distinto a cualquier cosa que haya escrito antes. Está la aventura, lo fantástico y el humor, tres características muy presentes en mis obras», defiende Moyano ante la que es su primera irrupción en la literatura juvenil, de la que no descarta seguir ligado. Autor de libros de viaje, relatos breves y novela -en 2014 resultó finalista del Premio Herralde con 'El imperio de Yégorov', y hace unas semanas publicó con Algaida 'La hipótesis de Saint-Germain'-, lo suyo, dice, no es «una búsqueda desesperada» de un lugar en la literatura. Escribe aquello que le apetece, de la misma forma, argumenta, que lee «un poco de todo».

A Rufus, el aventurero piloto al que da vida en esta publicación, que hoy presenta -20.00 horas- en el Aula de Cultura de la Fundación Caja Mediterráneo de Murcia acompañado por la también escritora y amiga Marisa López Soria y el ilustrador del libro, le dotó de agallas y curiosidad dos décadas atrás pero guardó su historia en un cajón, como otras veces ha acostumbrado. «No estaba -dice- en condiciones de ser publicada», a pesar de que cuando decidió volver a sus páginas encontró un texto más que atrayente.

«Puede parecer narcisista, pero me asombré de algunas de las cosas que había escrito. El libro es como una novela infantil que se divide en cuatro capítulos y, particularmente creo que el segundo, que se llama 'La fábrica del arcoíris', es una de las mejores cosas que he escrito en mi vida», afirma.

Cierto o no, lo que sí hizo Moyano, y ha vuelto a hacer con la relectura de las aventuras de Rufus, es divertirse, y mucho, imaginando las peripecias de un personaje al que la monotonía le es ajena. «Los que llevan una vida corriente -se lee en su introducción- sienten envidia de los aventureros como nosotros».

«Me hubiera gustado tener una conversación con el gigante de la fábrica del arcoíris -uno de los personajes del libro-, pero para ello hay que tener el desparpajo de Rufus, y yo no soy exactamente como él», ríe Moyano. En su día a día, en el real y no en el imaginado, el también autor de la novela policiaca 'La agenda negra' y los títulos 'El abismo verde' y 'El amigo de Kafka', entre otros, intenta «hacer cosas que se escapen a la vida cotidiana, más allá de tener un horario y ajustarse a un trabajo que alguien ha organizado por ti; necesario para vivir pero no completamente satisfactorio».

Moyano, acostumbrado a publicar su obras con distintos sellos editoriales, entró en contacto con Raspabook a través de Marisa López Soria. Fue ella, reconoce, «la primera persona a la que me dirigí». «Le entusiasmó la historia y se la hizo llegar a Juan [Rubio, editor de Raspabook], y este a Javier [García], que se lanzó a hacer las primeras ilustraciones. Hay algunos dibujos espectaculares; es curioso ver cómo alguien ajeno a tu cabeza interpreta tus personajes y los plasma en el papel, y más, cuando no se aleja demasiado de lo que yo había imaginado».

El libro, reconoce, «me ha dejado satisfecho, tanto el texto como el objeto, y no descarto buscar otra vez ese placer que he sentido al escribirlo y, ahora, revisarlo para su publicación. Con él he querido huir de algo que, creo, lastra toda la literatura infantil, como ocurre con cierta tendencia a la sobredosis de moralina, dicho en sentido humorístico; libros muy políticamente correctos, con una función didáctica y de normas de comportamiento. Y eso, pienso, se aleja de lo que es el género».

Atrapado por la fantasía -«desde pequeño me ha atraído»-, Moyano apuesta, sin embargo, en su trabajo por «una imaginación contenida. Aquí ocurren episodios muy fantásticos, pero todos están envueltos con ciertas dosis de similitud con la vida real y cotidiana». La propia realidad, considera el escritor, «ya es fantástica. No hay más que pensar qué diablos es esto de formar parte de un planeta que explota dentro de un espacio sin límites, y ser una especie de mono adulterado. Eso supera toda fantasía».

Junto al descubrimiento de la fábrica del arcoíris, Moyano narra en su obra cómo Rufus se topa por casualidad con la isla a la que van a parar todos los niños perdidos, se adentra en una peligrosa misión para liberar a la población de una gran ciudad de una plaga de ratas gigantes y es testigo de los efectos secundarios de una milagrosa máquina para adelgazar en apenas 20 minutos.

-¿A qué aspira?

-No lo sé. Sé que una de las satisfacciones de la literatura es la mera creación de una obra, de algo que ha salido de ti y te produce placer por el simple hecho de que has conseguido realizarlo. A donde se quiere llegar con esto es algo que no sé muy bien. Con el tiempo me he ido despegando de la idea de vivir solo de la literatura, aunque tampoco tengo claro que esto fuese conveniente. Probablemente, uno terminaría volviéndose loco, no lo sé.

«Supongo -añade- que el objetivo final es tener el mayor número de lectores, que creo que es un deseo que ningún escritor se negará a afirmar». Antes, recomienda «despegarse del pasado y de las preocupaciones del futuro, y vivir -apremia- en una especie de presente eterno y feliz».

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