Sergio del Molino: «No creo que España sea un país racista»

Sergio del Molino./Virginia Carrasco
Sergio del Molino. / Virginia Carrasco

Autor de obras como 'La hora violeta' y 'La mirada de los peces', participa en Murcia en el ciclo 'Voces de la literatura de hoy'

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Cuando murió Pablo, su hijo, Sergio del Molino (Madrid, 1979) sintió que su corazón se asemejaba a un seco y estéril trueno sin lluvia. Pablo, con diez meses, ingresó en el hospital enfermo de leucemia. No había cumplido los dos años cuando falleció. Fue entonces cuando el periodista y escritor le dedicó 'La hora violeta' (Mondadori), recibida por los lectores y por la crítica con una conmovedora ovación. Esta tarde, el también autor de obras como 'La mirada de los peces' (2017), participa en Murcia en el ciclo 'Voces de la literatura de hoy', que coordina José María Pozuelo Yvancos. La cita será, a las 19.30 horas, en el Aula de Cultura de Cajamurcia.

Quién
Sergio del Molino. Ciclo 'Voces de la literatura de hoy'.
Dónde y cuándo
Aula de Cultura de Cajamurcia, en Murcia. Hoy a las 19.30 horas.

-El asesinato del niño Gabriel Cruz Ramírez nos tiene conmocionados.

-Veo todo ese dolor de los padres, y otras cosas que la mayoría de la gente no alcanza a ver; cosas que están relacionadas con el día después, con cómo será la vida de estos padres dentro de un mes, de un año, de dos...; nadie se acordará de ellos y ese grito de '¡No estáis solos!' no tendrá ningún sentido. Ahora es fácil. Por duros que estos momentos nos parezcan, creo que en realidad son los menos duros; los peores vendrán después. Terrible para ellos.

«Se escuchan cosas, como hablar de la pena de muerte, que dan miedo»

-¿Cómo enfrentarnos a una maldad tan incomprensible?

-No podemos hacer nada. Son situaciones excepcionales. Habría que recordar que vivimos en un país, en un continente y en una parte del mundo donde estos sucesos son tremendamente rarísimos. Es muy difícil que conozcamos de primera mano en nuestro entorno un crimen así, tan horrendo, porque vivimos en un mundo muy poco violento. Lo que pasa es que cuando se comete un crimen tan brutal, de pronto parece que vivimos rodeados por el mal, y no es cierto. Se trata de sucesos que, en alguna medida, son inevitables, y es erróneo pensar que vamos a evitarlos porque vayamos a cambiar una ley. Se escuchan cosas, como hablar de la pena de muerte, que dan miedo. Tendríamos que hacer algo si estuviesen pasando constantemente, pero vivimos en un mundo, insisto, donde este crimen es excepcional. Creo que las leyes son ya suficientemente duras y que, de hecho, la Justicia funciona; generalmente, los responsables de estos crímenes suelen acabar detenidos, juzgados y condenados, con lo cual creo que deberíamos medir un poco nuestras palabras, y acompañar en el dolor a quien lo sufre teniendo también en cuenta que son sucesos tremendamente excepcionales.

«Estos días he intentado apartarme de las redes sociales, donde se ha volcado muchísima furia»

-La furia es muy peligrosa.

-Es tremendamente peligrosa y deberíamos contenerla. Estos días he intentado apartarme de las redes sociales, donde se ha volcado muchísima furia, y por suerte tampoco veo la tele. Es tremendamente desagradable y peligrosa en términos sociales, sobre todo cuando hay gente empeñada en utilizar esa furia para sus propios fines discursivos, ideológicos; para intentar cargar de algún tipo de razón espuria sus argumentos y sus posiciones sociales. Y eso es verdaderamente despreciable. No valoramos el silencio, el silencio que se necesitaría en momentos así; estaría bien que nos callásemos de vez en cuando y que nos limitásemos a acompañar el sufrimiento ajeno y ya está.

-Voces que piden venganza, que culpan a los residentes extranjeros en nuestro país...

-Estas posiciones se magnifican mucho en las redes sociales, pero no creo que España sea un país racista, ni que haya un clamor racista. Se magnifica a una minoría irrelevante socialmente, sin ningún peso político, que en las redes sociales encuentra un gran altavoz que le hace creer que tiene un peso mayor del que tiene. Además, se expresan de una forma muy cobarde: anónimamente. No se atreverían a decir lo que dicen en un lugar donde tuvieran que dar la cara o donde sus palabras acarrearan consecuencias. Son minoritarios y no creo que sean representativos de nada. Además, pienso que hacemos muy mal aventando estas opiniones, dándole más importancia de la que tienen. Y lo hacemos, un poco también, de forma inmoral para sentirnos nosotros mejores; decimos «qué asco de gente», «qué basura», para sentirnos nosotros superiores, cuando lo más sensato sería ignorarlos y dejar que se cuezan en su propia bilis. Corremos el riesgo, si les damos aire, de que sí que se conviertan en influyentes y decidan algo.

-Quien recibe un golpe tan feroz, ¿puede volver a la normalidad?

-Todo depende de lo que se entienda por normalidad. Lo que no puedes es recuperar tu sensibilidad de antes, tu forma de entender la vida de antes y de relacionarte con el mundo; todo eso ha cambiado completamente. Eres otra persona, tienes otra sensibilidad y te mueves de otra forma. Respiras, hueles y sientes de otra forma. Pero sí que te puedes acostumbrar a esa nueva realidad disminuida en muchos aspectos. A veces he utilizado el término 'minusválido emocional'. ¿Se puede vivir sin un brazo? Sí. Pero no hay que olvidar que no poder es una opción también legítima. A veces, en esta exaltación de la positividad, de ese pensamiento positivo que propone estar siempre alegre, no tenemos en cuenta a la gente que se rinde, a quienes no les da la gana intentar vivir 'con normalidad' después de haber recibido un golpe tremendo del cual no se pueden levantar; y eso es, insisto, perfectamente legítimo. Creo que rendirse es tan legítimo como luchar.

Respirar, sentir

-¿Y se acrecienta la empatía hacia el sufrimiento ajeno?

-No necesariamente. De hecho, al revés, yo creo que se reduce en muchos aspectos dado que no eres ya capaz de tener empatía por, digamos, sufrimientos menores. Te empiezan a parecer chorradas muchas de las cosas que a la mayoría de la gente de tu entorno le parecen problemas serios. Tú no los ves así, y es difícil que puedas ayudarles, echarles una mano, conversar... Creo que te vuelves menos empático y menos paciente; al menos ese es mi caso, y creo que nos pasa a muchos. Y eso nos hace, en definitiva, peores personas, peores amigos, peor gente.

-¿Por qué se ha empeñado en defender públicamente 'Lolita' (1955), la novela de Vladimir Nabokov, frente a algunas acusaciones que la califican de obra machista que hace apología de la pederastia?

-Intento aportar un poco de sensatez frente a esta especie de delirio que se ha desatado. En cualquier caso, es una salida de tiesto también muy minoritaria. Creo que los lectores de 'Lolita', a los que tengo en general por desprejuiciados y libres, entienden perfectamente el libro de Nabokov, que desde luego que no es machista y que se va a seguir leyendo porque es una grandísima obra que está muy por encima de todas estas campañas pacatas y puritanas en torno a ella. No es una novela machista, pero ¿y qué si lo fuese? Daría igual porque tampoco es un motivo para arrojar el libro a ninguna hoguera.

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