Leonor Antón: «Quería ser arte»

La escritora y modelo cartagenera Leonor Antón./
La escritora y modelo cartagenera Leonor Antón.

La escritora cartagenera, también modelo y musa de artistas, publica hoy el poemario 'Olvido', en el que reflexiona sobre su vida y el paso del tiempo

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

El de Leonor Antón (Cartagena, 1986) no es un poemario feliz, en él viajan deseos encontrados y una memoria nostálgica armada con tinta oscura. Lo dice su autora: «Este es un libro negro hasta los cantos», a pesar, relata, de estar escrito con recuerdos felices y experiencias vivas. «De repente me di cuenta de que sorprenderme era imposible, y emocionarme, muy difícil; dejé de sentir emoción», afirma Antón, escritora ('Anécdotas de una mujer en obras', 'Aquí paren hasta los machos'), modelo y musa de artistas, también redactora de publicidad en una empresa de Madrid, donde vive desde hace tres años. Su obra se titula 'Olvido'. La publica hoy la editorial MueveTuLengua.

-¿Qué es 'Olvido'?

-Yo nunca había mirado atrás, el pasado me distrae profundamente del presente, y sin embargo, al rebasar los 30 años, empecé a hacerlo. Supongo que le ocurre a todo el mundo, te remontas a tu infancia y a tu adolescencia, y te preguntas qué haces aquí, piensas en tu familia y en cómo fue esa vida rodeada de artistas. Yo siempre he estado viajando por el mundo, he sido muy nómada, de hecho, es la primera vez en mi vida que llevo tres años en una misma ciudad, que es Madrid. De pequeña pasaba veranos enteros en talleres de pintores, me sentía instruida para ser musa. Y de repente, te haces mayor y piensas que eso no volverá nunca, que esa historia caerá en el olvido e incluso te preguntas si todo aquello sucedió de verdad. 'Olvido' es un libro muy oscuro, no solo físicamente, porque es negro por dentro y por fuera, pero también tiene una parte onírica y otra bucólica. Me gusta ir al bosque en plena noche, en invierno, y quedarme allí ante el silencio de la oscuridad, por ejemplo.

Deseos: «Me gusta ir al bosque en plena noche, en invierno, y quedarme allí ante el silencio de la oscuridad»

Experiencias: «Empecé a dejar de sentir emoción por las cosas y me alarmé; no pensaba que la recuperaría con 'Olvido'»

Prioridades: «Hace diez años no hubiese dicho que mi familia es lo más importante para mí»

-¿Escribir este poemario le dejó un sabor amargo?

-Este no es un libro feliz, es un libro que guarda el luto, es negro hasta los cantos, y sin gran aparataje. Se cierra con una frase que es casi una sentencia. Dice: «En mi familia hay un dicho, 'de lo que no se habla se borra'». Y yo no quería que hubiera partes de mi vida que se borraran con el paso del tiempo.

-¿Cómo fue su infancia?

-Con cinco años, aproximadamente, mi madre me preguntaba: '¿Tú por qué quieres ser artista?', y yo le decía: 'No, yo no quiero ser artista, quiero ser arte'. Esa frase se quedó en mi cabeza como un sello de memoria, quería ser musa y no sé en qué momento ese pensamiento se integró en mí. Siempre me he rodeado de artistas de todas las disciplinas, y ahora me siento un poco desubicada porque no he tenido una vida muy real.

-¿Qué encuentra en el arte?

-El arte es todo para mí; hacer sentir en toda su amplitud. Es como algo que amas y detestas al mismo tiempo. La vida del arte es muy dura, podría haber elegido otra más ordenada, como mi hermana, que es enfermera, con todo el respeto a esta profesión, pero yo no valgo para eso. Con el tiempo, comienzas a ver que eres tú quien aparece en ese o aquel libro, en ese cuadro, en esa fotografía...; empiezas a ser expuesta como una obra viva, te dicen: 'Súbete a este podio, que vas a formar parte de la exposición'. Y llega un momento en el que lo detestas porque creces, te haces mayor y piensas en qué es lo que va a quedar cuando todo esto pase, pero a la vez te crea una adicción. De toda esa tragedia es de donde surge 'Olvido'; qué pasa después de la musa.

-¿Cuándo empezó a escribir?

-No recuerdo mi vida sin hacerlo. Me visualizo en la casa de campo de mi familia escribiendo en tinta verde sobre un cuaderno. Fui una niña de diarios, y enseguida me lancé a los concursos, los relatos, las novelas...

-¿Y la poesía?

-La poesía ha estado en mí desde siempre, lo que ocurre es que no le di importancia hasta hace diez años, cuando comencé a hacer 'performances'.

-¿Qué experimenta?

-Cuando recito es como si tuviera ante mí un armario enorme, de pared a pared, con estanterías llenas de esas bolas de 'souvenirs' que tienen una ciudad dentro y que cuando las mueves se llenan de copos de nieve. De modo que, cada vez que recito un poema, agito un recuerdo que me traslada al momento en el que este sucedió. A veces es muy doloroso, otras es sumamente enriquecedor; otras me llena de ira o de alegría, pero, sobre todo, es terapéutico, porque la memoria a veces falla, se mancilla con el tiempo.

Estímulos

-¿Cómo afronta ahora la vida?

-Mi problema fue que empecé a dejar de sentir emoción por las cosas, y esto tiene una magnitud de tal gravedad que me pareció muy alarmante. Has vivido mucho, has viajado mucho, has conocido a mucha gente... toda tu vida ha estado llena de estímulos surrealistas porque no tienes que hacer nada más que hablar y estar, y no me ha ido mal, pero llegó un momento en el que me di cuenta de que sorprenderme era imposible, y emocionarme muy difícil. Decir a viva voz que había dejado de sentir emoción por las cosas me abrumó, y a la vez fue una sanación. No pensaba que después de 'Olvido' pudiera recuperar la emoción. He empezado a sentirme mucho mejor, sobre todo porque me he dado cuenta de que hay mucha gente como yo. Todo el mundo está tan embriagado por los estímulos que se siente un poco desvirtuado. Yo, ahora, estoy en una etapa mucho más bella, con otros anhelos; por primera vez en mi vida, por ejemplo, me gustaría ser madre.

-¿A qué aspira, qué busca en la escritura?

-Nada en particular. Para mí es como una función más de la vida. Tengo hambre, tengo sueño y tengo ganas de escribir; y hacerlo no es un 'hobby' ni un trabajo, es algo necesario.

-¿Qué siente cuando vuelve a Cartagena?

-Son viajes fugaces y siempre intento ver a la familia. Antes no era una persona muy familiar, me sentía llena de ira, de rabia, de ambición, y solo quería irme. He sentido que mi familia no me ha conocido hasta que no ha pasado esta última década. Ahora todo es distinto, ellos son lo más grande para mí. Supongo que te haces mayor, dejas a un lado las tonterías y te centras en lo que realmente importa, que es mi familia. Eso no lo hubiese dicho hace diez años.

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