Pilar Adón: «El cuento en España está en una situación magnífica»

La escritora madrileña Pilar Adón./Luis Niño
La escritora madrileña Pilar Adón. / Luis Niño

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

La primera historia que aparece en el último libro de Pilar Adón (Madrid, 1971), 'La vida sumergida', es, detalla la autora -poeta, traductora y escritora-, la de dos mujeres que comparten vida en una casa, hasta que una de ellas considera que ya ha adquirido el suficiente conocimiento como para vivir sola y le pide a la primera que se muera. La petición es descabellada, pero la mujer, «en un acto de amor supremo», accede. Adón es autora, entre otros, de los libros de relatos.

'El mes más cruel' y 'Viajes inocentes' (Premio Ojo Crítico de Narrativa en 2005); de las novelas 'Las efímeras' y 'Las hijas de Sara'; y de los poemarios 'Mente animal' y 'La hija del cazador'.

Qué
Leonardo Cano en el ciclo 'Voces de la literatura de hoy'.
Dónde y cuándo
En el Aula de Cultura de la Fundación Cajamurcia, a las 18.30 horas.

-¿Qué es una vida sumergida?

«Vinculo la literatura a la artesanía. En vez de barro tenemos palabras, y a veces las palabras se resisten» Creación

-Aquella que los personajes de mi libro querrían llevar y no logran. Ellos hacen todo lo posible por conseguir lo que quieren y alcanzar una felicidad hipotética, pero difícilmente lo obtienen. Para mí todo esto está muy vinculado a la literatura. Llevo toda mi vida queriendo dedicarme a la escritura, y lo he conseguido, pero esa conquista también implica una serie de pasos y renuncias. Lo que les sucede a mis personajes a mí no me ha ocurrido, pero sí ese afán que ellos tienen de huir y vivir esa vida más allá de lo cotidiano; de aislarse y que les dejen en paz. Y esto tiene que ver con mi empeño de poder dedicarme a la literatura; ese trasfondo sí es autobiográfico. De pequeña solo quería leer y escribir, y me encerraba en mi habitación.

-¿Qué le interesa de la literatura?

-Todo. Soy capaz de acercarme a ella desde el punto de vista del escritor: la creación, la ansiedad que genera, si publicas o no publicas, cuándo llega a las librerías...; y también desde el otro lado, como editora: lo que significa recibir un texto, valorarlo, trabajarlo y finalmente llevarlo a los lectores. Con el paso del tiempo y la experiencia, la perspectiva deja de ser ingenua e idealista, y empiezas a ver la realidad. Sin embargo, ese primer impulso que me llevó a la literatura se mantiene, y no es otro que buscar la belleza en la palabra, ir a otros lugares, salir del mundo en el que estamos. Todos los que nos movemos en el mundo de la literatura lo hacemos por eso: nos apasiona la palabra escrita, que nos cuenten historias y contarlas nosotros; compartir con los demás lo que nos gusta. Al final es un círculo, y cuanto más conozco y leo, más quiero.

-Dice que le lleva a otros lugares, ¿a dónde?

-Depende del libro. El ser humano se caracteriza por su curiosidad y su afán por crecer. Todo esto viene de la mano de la inteligencia, de la capacidad de relacionar conceptos y de aprender de experiencias pasadas. A mí no me gusta que me lo den todo mascado, me gusta aprender, y como escritora intento que el lector también lo haga. Una persona no puede salir de un libro igual que entró. A lo largo de esas horas y días que ha estado con el libro tiene que haber cambiado, y ese querer crecer creo que es lo que nos hace especiales. Cuando alguien me dice que no lee, lo primero que pienso es en que no sabe lo que se pierde, y luego, en que tendrá otros modos de crecer. Una persona que se estanca y no quiere seguir aprendiendo, se está perdiendo mucho.

-¿Entiende el viaje como una huida?

-Todos mis personajes, al final, se aíslan y se encierran porque su manera de conseguir lo que quieren es esa. Entienden que las interferencias les impiden alcanzar lo que desean y la única manera que encuentran para lograrlo es aislarse durante un tiempo. En ese sentido, sí sería una huida, pero también es cierto que hay maneras de integrar los obstáculos y de enriquecerte con ellos.

Amor a las artes

-¿Contra qué se rebela?

-Contra la rudeza de las cosas. Me da la impresión de que tendemos a creer que todo se puede conseguir con levantar un dedo y muy rápido, cuando lo normal es que, si se hace así, salga mal. Para mí es muy importante el cariño, el esfuerzo y la atención que se le pone a aquello que se está haciendo. Muchas veces vinculo la literatura a la artesanía. En vez de barro, tenemos palabras, y a veces las palabras se resisten mucho. El lenguaje es un material que hay que conocer bien. Y me rebelo contra todos los obstáculos que hacen que no me pueda dedicar a él. No todo vale, hay que demostrarle amor a las artes, y así conseguiremos que la gente esté más satisfecha con su trabajo.

«Toda mi vida he querido dedicarme a escribir, y lo he logrado, pero esa conquista también implica renuncias» Vocación

-¿Qué extrae de su experiencia como presidenta del jurado del último Premio Setenil?

-El Setenil es el premio de referencia del relato en español, es un certamen limpio, a obra ya publicada, y la experiencia fue estupenda. Aprendes mucho cuando lees con ojos tan críticos. Si ser jurado de un premio ya es una responsabilidad, ser presidenta conlleva un plus, lo analizas todo de otra manera. Me enorgulleció que hubiesen libros con una calidad tan grande, y, además, encontrarme con esa magnífica obra de Pedro Ugarte ['Nuestra historia'] que finalmente ganó, y que recomiendo a todo el mundo que la lea. Creo que el cuento en España está en una situación magnífica.

-¿Qué voces de la literatura son hoy imprescindibles?

-Pedro Ugarte es una de ellas. Parece un tópico, pero para mí es esencial decir eso de que alguien tiene una voz propia, y Ugarte la tiene, al igual que Eloy Tizón, Jon Bilbao, Valeria Correa, Samanta Schweblin; también Hipólito Navarro. Todos tienen una percepción del relato única. Parten de referencias culturales similares, pero su manera de plasmar la narración es distinta.

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