Carlos del Amor: «Sin ellas, el mundo no avanza»

Carlos del Amor./Martínez Bueso
Carlos del Amor. / Martínez Bueso

El periodista y escritor murciano, autor de la novela 'Confabulación', participa hoy en Murcia en el ciclo 'Universo líquido'

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Sería estupendo que Carlos del Amor (Murcia, 1974), periodista cultural de TVE y escritor -su novela más reciente, 'Confabulación' (2017), apuesta por aprender a vivir el presente- pudiese viajar en el tiempo para que, por ejemplo, fuese posible que nos contase, en directo, el momento en que García Lorca escribió el 'Soneto de la guirnalda de rosas'; o para que nos narrase bajo el cielo estrellado de Jerusalén, recogiendo testimonios de los trece participantes en ella, la Última Cena. O para acercarnos a la intimidad tras la batalla de Alejandro Magno, al taller en plena ebullición de Velázquez o de Goya, al hallazgo en caliente de la tumba de Tutankamon, a los ensayos de esa Callas que iluminaba el mundo entero con su voz, o a ese momento justo en que Jessica Lange dejó embelesado a King Kong y, de paso, a medio mundo... Qué buen reportaje hubiese hecho él sobre el seguimiento del juicio a Adolf Eichmann en Jerusalén que llevó a cabo una lucidísima Hannah Arendt. Del Amor, que transforma su trabajo diario en un placer para los espectadores, participa hoy, a las 20.00 horas en el Centro Municipal de Santiago y Zaraíche, en Murcia, en el ciclo 'Universo líquido'. Hay algo sobre lo que no tiene la menor duda: él no será el primer hombre en dejar su huella en Marte.

Qué
Encuentro con Carlos del Amor.
Dónde y cuándo:
Centro Municipal de Santiago y Zaraíche, en Murcia. Hoy, a las 20.00 horas.

-¿Percibe mucha desigualdad en el mundo de la cultura entre mujeres y hombres?

-En el mundo de la cultura, y en general, hay mucha desigualdad entre hombres y mujeres. Y [ayer] fue un día estupendo para que ojalá haya un antes y un después en este tema. En cuanto al mundo de la cultura, no hubo más que ver cuántos nominados y nominadas aspiraban a los últimos Goya. Y que todavía sea noticia que una mujer directora gane un Goya [Isabel Coixet por su dirección de 'La librería] es algo muy triste. Sin ellas, el mundo no avanza. Y me parece estupendo, y las aplaudo, que estén determinadas a cambiar la situación.

«Que todavía sea noticia que una mujer directora gane un Goya es algo muy triste»

-¿Qué echa usted de menos?

-Muchas cosas. Ahora voy a Murcia, pero estando en Madrid siempre la echo de menos. Añoro mucho el mar. Y, como le pasa también a mucha gente que me rodea, echo de menos la juventud; no me arrepiento de nada, pero si fuese ahora más joven quizá hiciese algunas cosas de manera muy distinta. Sería maravilloso poder regresar a tu juventud con la sabiduría que tienes ahora.

«No entiendo esa envidia malsana que te lleva a no alegrarte de lo bueno que les pasa a otros»

-¿Tan mayor se siente?

-Cuando cumples más de 40 años, te das cuenta claramente de que ya estás en la segunda parte del partido, a partir del minuto sesenta, y de que ya no estás tan fuerte como en la primera parte, ni tienes ánimo para no dejar de presionar al rival; que no empeore el resultado es lo que ahora tienes en la cabeza [risas].

-¿Qué noticias de actualidad son las que más le desasosiegan?

-Las que tienen como protagonistas a los niños que sufren cualquier tipo de injusticia. Desde que soy padre, todo lo que tenga que ver con la infancia me preocupa mucho; son los más indefensos de todos. Tengo dos niños pequeños, así es que en cada Aylan [el niño kurdo de tres años que apareció ahogado en una playa de Turquía] que fallece, ves a tu hijo; y en cada imagen de niños sirios que viven bajo las bombas, ves a los tuyos. Esa era una perspectiva desconocida para mí hasta hace cuatro años.

Calle Melancolía

-¿Sus hijos son su mayor consuelo?

-Sí. Ahora mismo estoy viviendo un periodo familiar muy intenso, y cuando me llega la tristeza, solo tengo que mirarlos, o mejor todavía, decirles que canten, porque son grandes cantantes, y se me alegra la vida. El mayor, que tiene cuatro años [Martín], me canta temas de Sabina, con esa lengua de trapo que tiene, y yo tan feliz. Es como si de pronto el sol volviese a salir. Y eso que le gusta mucho cantar 'Calle Melancolía', que no es que sea precisamente una canción muy alegre.

-¿Y el más pequeño?

-Lope [tiene dos años] imita a su hermano en todo, y de momento se dedica a hacerle los coros [risas]. Desde que ellos están en mi vida se me han disparado las preocupaciones por todo: por el medio ambiente, por cómo defendernos de la gente peligrosa, por el futuro del planeta, y por cómo conseguir que mejore en España la educación y que se apoye más a la cultura, porque estoy convencido de que con la cultura mis hijos serán más felices. Sé que los libros les ayudarán, que las buenas películas les ayudarán, que se divertirán con el arte y con las buenas canciones, y que si escuchan a las personas sabias serán mejores personas...; todo eso lo sé y quiero hacer todo lo posible para que ellos tengan acceso a todo ello.

-Le preguntaba recientemente al escritor Luis Landero su opinión sobre el hecho de que en Francia la editorial Gallimard, tras las presiones recibidas, finalmente no haya editado los panfletos antisemitas de Céline, autor de la extraordinaria novela 'Viaje al fin de la noche'. ¿Debemos separar al autor de su obra?

-Creo que sí, que hay que separar ambas cosas. Me interesan las obras, no tanto las vidas de sus autores. No sé, ¿Velázquez era un buen o un mal tipo?, ¿Quevedo era más cabrón o menos que Góngora?... Lo que hay que hacer es disfrutar del talento que tenían, de su genialidad. Un perfecto cabrón puede escribir una obra maestra. Y yo leería esa obra maestra. Eso no quita que la Justicia, que para eso está, deba hacer caer todo el peso de la Ley sobre quienes cometan un delito.

-¿De qué está convencido?

- Creo que no se puede hacer nada mejor que querer mucho a la gente.

-¿Qué sigue sin entender?

-Aunque ya soy mayor [lo dice entre risas], sigo sin entender a la gente que va solo a su propio interés, pasando por encima de quien haga falta. Ni entiendo por qué se hace tanto daño gratuito, ni tampoco esa envidia malsana que te lleva a no alegrarte de lo bueno que les pasa a otros. Y sé que no lo voy a entender nunca, que son interrogantes que nunca dejarán de existir. La indiferencia ante las injusticias, la desigualdad, la barbarie, la corrupción... Hay que tomar partido, hay que dar un puñetazo en la mesa cuando es necesario, hay que cabrearse y gritar si es preciso. La indiferencia es uno de los grandes males de hoy. ¡Coño, al menos que no nos resbale todo!

-¿Consigo mismo está usted ahora más conforme?

-Solo a ratos. A veces pienso que me va a estallar la cabeza de tanto darle vueltas a las cosas, y eso me incomoda. Está claro que todos nos hemos mirado al espejo alguna vez y no nos hemos gustado. No puedo evitar pensar en que, como le decía antes, si pudiera volver atrás, haría muchas cosas de otra manera: si pudiera ser más cariñoso de lo que lo fui en un momento determinado con alguien, o más comprensivo de lo que lo fui en otro...; no sé, creo que me soporto porque no me queda otra. Hay muchas cosas que cambiaría de mí, lo reconozco.

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