Manuel Vicent: «La destrucción llegará por un idiota»

Manuel Vicent./José Ramón Ladra
Manuel Vicent. / José Ramón Ladra

El autor de 'La regata' participa este jueves en Molina en el ciclo 'Escritores en su tinta'

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

A Manuel Vicent (Villavieja, Castellón, 1936) se le puede encontrar tan feliz escuchando cómo la caída de las nueces registra el paso del tiempo, leyendo un buen libro o, incluso, imaginándose recorriendo cargado de curiosidad 'El bosque de la noche' de Djuna Barnes. Autor al que las palabras, la naturaleza y los toros adoran -su última obra publicada es 'La regata' (Alfaguara)-, Vicent -mar Mediterráneo en vena- participará mañana en Molina en el ciclo 'Escritores en su tinta'.

Quién
Manuel Vicent. Ciclo 'Escritores en su tinta'.
Dónde
Biblioteca Salvador García Aguilar, en Molina de Segura.
Cuándo
Jueves, a las 20.00 horas.

-¿Sigue vinculando la aparición de Dios en su vida con el disfrute de unas buenas anchoas?

-[Risas] Bueno, sí, se me sigue apareciendo Dios cuando pruebo unas riquísimas anchoas envueltas en la luz del aceite de oliva, por ejemplo. Y cuando como berberechos también es un momento memorable. ¿Acaso Dios es un ente distinto al sabor de los berberechos?

«Ante el dilema de '¿la bolsa o la vida?', a ese corazón burocrático de Europa le interesa la bolsa. ¡Pues para ellos la bolsa, pero que nos dejen a nosotros la vida! Que en tierras como la murciana se pueda seguir disfrutando de la vida en paz»

-¿Qué es incontestable?

-Las filosofías pasan, pero el aceite de oliva permanece. La rebanada de pan con aceite es el alimento más primitivo y terrestre de nuestra cultura. Esa torta de pan está pintada en las paredes de las mastabas de Menfis y de otras tumbas en el Valle de los Reyes, y también apareció petrificada dentro de una copa de oro del tesoro de Tutankamón. ¿Qué más se necesita para comerla con absoluta devoción y fiabilidad? No todo está perdido, alegrémonos.

-¿Qué no sabemos apreciar?

-Que todo lo mejor de la vida, todo lo mejor del Universo, es gratis. El aire puro, si lo buscas, es gratis; el maravilloso mar, trágicamente cada vez más contaminado, es gratis. El sol, la luz...; todas las constantes vitales de la naturaleza están a nuestra disposición de forma gratuita. Pero, claro, hay que saber conquistarlas porque todo placer necesita una conquista previa.

-¿Cómo disfrutar con mayor acierto de los placeres?

-Los griegos, que eran muy sabios y muy observadores, sabían que el placer máximo siempre se produce justo antes de traspasar los límites. En ese momento preparatorio para un placer que va a venir, o para una conquista que se va a intentar, es cuando el ser humano da lo mejor de sí. Conviene saberlo y disfrutar de esos momentos. Y, también, ir refinando nuestra mirada, nuestro tacto, nuestro paladar... Gozaremos más.

-¿Usted cómo se encuentra?

-Para la edad que tengo, no me quejo. A partir de cierta edad, ya no se cumplen años, se cumplen salud o enfermedad, ilusión o desengaño. Y yo no ando mal del todo ni de salud, ni de ilusión. No está mal.

-Decía Luis Landero en 'La Verdad' que, lamentablemente, «hemos optado por la vulgaridad y por los viejos vicios de la España eterna». ¿Cómo ve usted nuestro país?

-El tema de la situación actual de España es tan proteico, tiene tantas variables, que por donde lo cojas te encuentras con una mina de despropósitos. Hay que reconocer que durante la Transición, milagrosamente, se produjo un fenómeno, muy raro en este país, que consistió en que todas las fuerzas, vinieran de donde vinieran -desde el franquismo, la clandestinidad, el exilio, la oposición...-, se concitaron para empujar todos en la misma dirección y sacar a este país de la dictadura para llevarlo hacia la libertad y la democracia. Fue un momento feliz, pero a partir de entonces todo se ha ido estropeando.

Bien común

-¿Y en qué se nota mucho ese deterioro?

-Hoy, a la política se le llama carrera política. Los políticos solo piensan en las encuestas, en sí mismos, en sus puestos de trabajo. Yo definiría a un político como un especialista en el bien común, teniendo en cuenta que el bien común para cada ideología es distinto y que, por tanto, intentarán mejorar la sociedad según sus propias ideas y valores. Pero he aquí que estos políticos nuestros de hoy no piensan en el bien común, sino en su propio bien y en permanecer en el poder, tras conquistarlo para quemarse a sí mismos. No están proyectados sobre la sociedad, solo atienden a sus problemas. Por otro lado, los partidos se han quemado, ya no existen los partidos, ya no son vías de llegar al poder; son más bien vías casi burocráticas de permanencia en él.

-¿Y los jóvenes?

-El primer gesto de vejez es despotricar contra los jóvenes, así es que yo no lo haré [risas]. Es cierto que los jóvenes, que han nacido ya en libertad y democracia, consideran ambas como un bien natural, como si estuviesen ahí de toda la vida. Ignoran que son consecuencia de una larga lucha, y que se quedó mucha gente en las cunetas para llegar hasta aquí. Los jóvenes tienen derecho a iniciar su historia, porque es su mundo y el futuro en el que van a vivir, pero ignorar lo que ha pasado, nuestra historia, es como estar en el aire; a dónde vas no lo sabes, pero si además ignoras de dónde vienes, todo se complica mucho más.

-¿No está el mundo hoy mejor que nunca, como aseguran muchos?

-Esa es una tesis fundamental del neoliberalismo: ahora el mundo está muchísimo mejor que antes, hay menos pobres, más derechos y menos crueldad que antes...; es falso. Lo que hoy tenemos es más sensibilidad, y por tanto todas las tragedias del mundo nos percuten en nuestra conciencia con muchísima más fuerza que antes. Hoy, cualquier problema tuyo es global y cualquier problema global es tuyo. Pero lo que los neoliberales no dicen es que, por primera vez, el ser humano, la Humanidad, es capaz de destruir el planeta. Antes no se podía destruir la Tierra, hoy el hombre es perfectamente capaz de acabar con la existencia humana en ella. Y eso provoca una extraña sensación de terror y a la vez de omnipotencia, lo cual es una mezcla explosiva que está en el fondo de los fanatismos. Es terrible, vivimos a la vez en la cresta del terror y de la inconsistencia.

-¿Destrucción a la vista?

-La destrucción siempre viene por un idiota, así de sencillo; Hitler era un idiota, y Trump es otro idiota. No hablamos de maquiavélicos malvados sutiles y diabólicos, no, no; la destrucción llegará por un idiota.

-¿Perdió la fe en Europa?

-Nuestro destino es Europa, aunque se haya convertido en un enjambre de burócratas, de eurojetas, debemos seguir intentando seguir juntos y defender los valores que nos dignifican. Eso no quita para tener claro que el corazón de Europa es un corazón burocrático, financiero, y que Europa se ha constituido sobre una semilla totalmente capitalista. Ante el dilema de '¿la bolsa o la vida?', a ese corazón burocrático de Europa le interesa la bolsa. ¡Pues para ellos la bolsa, pero que nos dejen a nosotros la vida! Que en tierras como la murciana se pueda seguir disfrutando de la vida en paz.

-¿Con qué animo llegará a Molina [mañana] para participar en el ciclo 'Escritores en su tinta'?

-Yo aspiro a que pasemos un rato agradable, lo cual ya sería algo fantástico. A que entre todos convirtamos nuestro encuentro en placentero. Hablando de literatura, de la vida, del placer, de los amigos, del amor, de este Mediterráneo nuestro tan hermoso y a la vez tan poblado de cadáveres...

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