Ken Follett: «La amenaza de retorno del fascismo es muy real»

Ken Follet en Madrid. / A. Ferreras | V. Carrasco

«Felipe II no era estúpido como Donald Trump» dice el escritor galés, que novela sobre el espionaje y la intolerancia religiosa en el Siglo de Oro

Miguel Lorenci
MIGUEL LORENCIMadrid

Ken Follett (Cardiff, 1949) arrasa con cada nuevo libro. Lo hará de nuevo con 'Una columna de fuego' (Plaza & Janés), novelón de casi mil páginas que culmina la trilogía que comenzó con 'Los pilares de la Tierra', el libro más leído en España, y siguió con 'Un mundo sin fin'. Isabel I y Felipe II se encarnaron al lado del galés en un «cuadro vivo» en el escenario del Teatro Infanta Isabel para presentar esta novela sobre espías, poder e intransigencia religiosa en el Siglo de Oro. Follett, que ha radiografiado el siglo XX en otra trilogía, alerta del peligro «muy real» de retorno del fascismo en una Europa de creciente populismo. Asegura que los espías y servicios secreto «cambian la historia». Llegará pronto a los 200 millones de libros vendidos y lo celebrará con una botella de carísimo vino español.

-Los mejores espías de Siglo de Oro ¿eran españoles o británicos?

-Los ingleses eran bastante buenos. Espiar es obligado para un país débil. En el siglo XVI España era un país muy fuerte y la débil era Inglaterra. Sus espías eran mejores.

-¿El espionaje cambia el curso de la historia?

-Claro. Sobran ejemplos en Rusia y Estados Unidos. La CIA consiguió credibilidad en Irán imponiendo al Sha. En Chile mató a Allende y puso a Pinochet. Los servicios secretos y los espías escriben páginas de la historia desde hace siglos.

-¿Cómo era el 007 al servicio de su graciosa majestad Isabel I?

-Mi espía ficticio en 'Una columna de fuego' se llama Ned Willard, de Kingsbridge, y en algunos aspectos era como James Bond. Es inteligente, duro y va bien vestido. Pero no tiene pistola. No lleva armas, ni tiene un coche. Tampoco tiene todas esas novias. Pero quiero que su historia emocione y embelese, como las historias de Ian Fleming.

-Sevilla era entonces la capital del mundo. Felipe, que II no sale muy bien parado en su novela ¿Sería cómo el Trump de la época?

-Felipe II no tenía nada que ver con Donald Tump. En primer lugar, no era idiota, como Trump. Era un hombre con profundas creencias religiosas. Siempre hizo lo que creía que era bueno, lo adecuado. A veces hizo cosas un poco tontas y cometió errores. Pero no era un imbécil. Era difícil para él gobernar un imperio. Enviaba instrucciones a los Países Bajos y tardaban meses en llegar y lo hacían tarde.

-España era el matón del barrio en el siglo XVI, dice.

-Era el país que mandaba en el mundo. La gran potencia. El rey pensaba que tenía derecho a gobernar no solo en Europa. También América y en el mundo. ¿No es así como actuó el Reino Unido el XIX y Estados Unidos en el siglo XX?. Como los matones del barrio, las potencias dominantes se creen que pueden imponer a los demás lo que tienen que hacer.

-Si la Armada invencible no hubiera naufragado e invadido Inglaterra ¿Ken Follett escribiría hoy sus novelas en español?

-No lo sé. El imperio español no duró mucho tiempo. Lo más curioso de la historia de España es que aquella Edad de Oro acabó muy rápidamente. No sé por qué, y creo que nadie lo sabe. Es el gran misterio de la historia de España.

-Por intolerancia religiosa hace cinco siglos se quemaba y mataba gente en Europa. Hoy el Estado Islámico mata en nombre de Dios ¿Hasta cuándo?

-Hay quien piensa que la guerra de religión durará siempre. Pero creo que hemos avanzado bastante. Hay muchos países hoy dónde no es normal matar a gente con creencias distintas a la dominante. En el siglo XVI prácticamente todo el mundo pensaba que quien tuviera una religión que no tocaba debía morir. Hemos mejorado bastante.

-Poder, dinero y religión ¿una alianza siempre peligrosa?

-Sí. Religión, poder y dinero siempre están relacionados. Para un gobierno la religión es una forma de mantener a la gente bajo control. Sí se ataca a la religión, se ataca el centro del poder. El dinero y la riqueza de quienes mandan. Cuestionar la religión es siempre cuestionar el poder. Pero esta novela no es sobre la religión y sí sobre la libertad.

-Calificó el 'bréxit' de error irreversible y llega a una España en tensión secesionista ¿Qué futuro le augura una Cataluña independiente?

-Vengo de Gales, un país muy pequeño que no es independiente del Reino Unido. Hay un movimiento independentista, pero creo que independizarse sería un desastre para Gales. Como para Cataluña. El futuro de Europa reside en la integración. No en la división. Puedo confundirme, pero el nacionalismo es la ideología del siglo XIX. Está obsoleta y anticuada. Británicos y catalanes creen que estarían mejor solos, pero se equivocan. En 20 años los británicos verán que el 'bréxit' fue su peor decisión.

-Como en los años 30, en Europa bulle el populismo ¿Repetiremos los errores que auparon los totalitarismos?

-Existe el peligro muy real de que el populismo vuelva a llevarnos al fascismo, como ocurrió en el pasado. No podemos ignorarlo y tenemos que protegernos con mucha firmeza.

-Sus lectores están deseando que la trilogía sea tetralogía ¿Les hará caso?

-Normalmente sigo los consejos de mis lectores. Pero no prometo nada.

-¿Los lectores siempre tiene razón?

-Creo que sí. Lo que les gusta es perderse en la narración. Y si consigo que lo hagan, he tenido éxito.

-España le adora. Vende por millones. Toledo, Santiago, Vitoria, y ahora Sevilla están en sus novelas ¿Ha pesando quedarse a vivir aquí?

-Hay infinidad de británicos que viven en España. Pero tengo un gran temor. Si viniera a vivir a España engordaría tanto que sería fatídico.

-Llegará pronto a los doscientos millones vendidos de sus 30 libros ¿Cómo lo celebrará?

-Abriré una botella de Pingus, un vino español muy bueno y muy caro. Algunas botellas cuestan casi tres mil euros. Si alcanzo esa cifra podré permitírmerlo.

-¿Qué pasará con los libros de Ken Follett en 200 años?

-Nunca he sabido dar la respuesta a esta pregunta. Y nunca lo sabré, porque estaré muerto. No hay nada predecible. En el siglo XIX había muchos autores británicos tan populares o más que Charles Dickens, que escribían sobre aristocracia. Nadie daba un duro por alguien que escribía sobre las clases trabajadoras y es Dickens quien pasó a la posteridad.

-Tras cuarenta años de carrera ¿Se arrepiente de algo?

-No se me ocurre nada de lo que me pueda lamentar. Distintas personas tienen distintas opiniones sobre mis libros. Unos gustan más que otros. Con cada uno trabajo todo lo posible para que sea bueno. Algunos son más ambiciosos que otros, como 'Los pilares de la tierra' era más ambicioso que la 'Noche sobre las aguas', que vino después. Pero hice todo lo posible para que fuera igual de bueno. Si alguna vez hubiera pensado que no había escrito un buen libro y lo hubiera publicado de todas formas, lo habría lamentado. No lo hice nunca.

-¿Ha tirado alguno a la papelera?

-Sí. Tras todo un año trabajando en un libro, me escribió una lectora sobre el 'Ojo de la aguja'. Decía que estaba tan tensa leyéndolo que se sentaba al borde de la silla. ¿Volvería a sentirse así esta mujer con el libro que estoy escribiendo?. Las respuesta era no. Así que lo tiré a la basura.

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