Fernando García de Cortázar: «Es hiriente y absurdo que quienes quieren destruir España la gobiernen»

El historiador Fernando García de Cortázar, autor de 'Viaje al corazón de España'. /Virginia Carrasco
El historiador Fernando García de Cortázar, autor de 'Viaje al corazón de España'. / Virginia Carrasco

«La crisis ha sido tan erosiva, y no solo para la economía, que asistimos a una falta de espíritu crítico de los españoles», dice el autor de 'Viaje al corazón de España'

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

«Lo que no deja de ser hiriente y absurdo es que los que odian y quieren destruir España, gobiernen España», dice Fernando García de Cortázar (Bilbao, 1942), historiador, jesuita, escritor de éxito y autor de 'Viaje al corazón de España' (Arzalia), fruto de sus experiencias recorriendo todas sus tierras desde hace 50 años. Un libro convertido en un «canto de amor a España» destinado a contagiar este sentimiento y a combatir toda tentación de autoflagelación. Ha sido feliz escribiéndolo, como lo fue recorriendo el país y quedándose adherido al esplendor de sus bellezas y al alma de sus gentes. A García de Cortázar, a veces, le gusta adentrarse en García Lorca para intentar comprender, por ejemplo, por qué el poeta anhelaba «dormir el sueño de aquel niño / que quería cortarse el corazón en alta mar». Otras, sonríe tierna y fieramente humano cuando lee estos versos de Lope de Vega sobre el amor: «...beber veneno por licor suave, olvidar el provecho, amar el daño; creer que un cielo en un infierno cabe, dar la vida y el alma a un desengaño; esto es amor, quien lo probó lo sabe». Él lo que sabe bien es que el horror acecha desde los orígenes de la Humanidad, pero también que -no hay que perder nunca la esperanza- la aurora del océano surgiendo está (Virgilio).

-Pedro Sánchez ha salido airoso de la moción de censura, y Mariano Rajoy ha salido a la fuerza del Gobierno de España. ¿Qué se le pasa a usted por la cabeza?

-Pues mire, que lo que no deja de ser hiriente y absurdo es que los que odian y quieren destruir España, gobiernen España. Que lo que no deja de ser completamente lacerante y absurdo es que los que dicen que ellos solos son los que deciden su futuro, en este momento estén decidiendo el futuro de los sorianos, de los cántabros, de los andaluces o de los murcianos. Y que lo que también es absurdo del todo es que España esté en manos de los que impugnan ferozmente el pacto que hicimos los españoles con la Transición. Eso es dramático. No deja de ser llamativo, por ejemplo, que los independentistas catalanes, que dicen que el resto de los españoles no podemos actuar en Cataluña, con sus votos nos gobiernen y nos digan lo que tiene que hacer un bilbaíno o un madrileño.

«Ya de pequeño, me emocionaba con el 'Canto a Murcia' de 'La Parranda'. De hecho, cuando lo vuelvo a escuchar me sigo emocionando»

«Cuando se vacía el espíritu crítico, todo vale. Hay un relativismo absurdo que lleva a pensar que todas las lenguas son iguales, y no; o que todas las culturas son iguales, y no»

-Pero a esta situación no se ha llegado sin más. Lo que también es lacerante es el clima de corrupción que afecta al PP, que es el partido que estaba en el Gobierno, ¿no le parece?

-La corrupción es algo inherente a todas las democracias y hay que poner todos los mecanismos para eliminarla -no olvidemos tampoco que hay otros partidos en situación parecida-, pero eso no quita para que la mejor solución no sea la de darles poder a los partidos que, a toda costa, lo que quieren es destruir España, como lo estamos viendo. El nuevo presidente ha sido elegido con el apoyo de aquellos partidos que quieren destruir España, y con aquellos, como sería el caso de Podemos, que impugnan, diríamos, el régimen del 78; todos los pactos que hicieron posible la generosidad de los españoles con motivo de la Transición.

-El PSOE es un partido constitucionalista, y no es un recién llegado.

-Eso no quita para que este partido, como dice usted, constitucionalista, tenga una idea distinta [sobre España] a la que tuvo [Felipe] González, y no tenga ni la cuarta parte de la Cámara. Con respecto a España, que a mí me duele, fíjese en las cesiones que va a tener que hacer; y esas cesiones, cuando tocan algo tan significativo como lo que llamaríamos la idea de España, muchas veces son irrevocables. El tema me parece gravísimo. Yo soy de los que prefieren una España roja a una España rota; pero es que, en este caso, hablamos de una cosa y de la otra; ahí estamos.

-¿Ve a la ciudadanía española madura para saber encajar esta nueva etapa que se abre?

-Es que la crisis ha sido tan erosiva, y no solo para los bolsillos, para la economía, sino también en el terreno de los principios, de los valores... que asistimos a una falta de espíritu crítico de los españoles; se está en manos de una cultura de la banalidad, del pensamiento trivial, de las decisiones inmediatas, del no pensar, del ingenio ramplón, de la liviandad del ser, de las consignas, de las manipulaciones de algunos medios de comunicación...; la gente ya no sabe ni quién es Lope de Vega, ni Camus, ni nadie lee a Machado... La erosión cultural también afecta al gran discurso sobre España. Y toda esta destrucción de la cultura, que yo denuncio en mis libros, está teniendo impacto en la creación de partidos, como puede ser Podemos, que en un momento de mayor enjundia cultural y de mayor enjundia en la comunicación, no se hubiera producido.

-Por otro lado está la letra escrita por Marta Sánchez [«...como tu hija llevaré ese honor, / llenar cada rincón con tus rayos de sol»] para el himno de España. Hablaba usted de destrucción de la cultura y no he podido evitar acordarme.

-Bueno, me parece demasiado personal, pero yo no haría leña de esa letra para el himno; haría mucha más leña, de verdad, del hecho de que piten el himno de España que tenemos. Me parece gravísimo. Fíjese en lo que ocurre cuando suceden estas pitadas: en vez de sentir vergüenza, de dolernos, nos ponemos a debatir sobre si es un ejercicio del derecho a la libertad de expresión o no. Esto es impensable que sucediese en Francia, por ejemplo.

-¿También el lenguaje se ve afectado por esa cultura de la banalidad de la que usted habla?

-Sí, y echo en falta que la Academia de la Lengua fuese más clara y abundante en sus pronunciamientos sobre el mal uso que se hace del idioma; por ejemplo, sobre esa especie de nuevo lenguaje con tintes feministas que nos ha venido ahora. Y también contamos con el absurdo al que nos conduce el llamado lenguaje políticamente correcto; por ejemplo, si dices «me tienes negro» eres un racista; si dices «no hay moros en la costa» eres un islamófobo...; se llega a unos niveles de idiotez absoluta. No me gustan los policías del pensamiento, que utilizan el lenguaje para sus fines. Se empieza por negar el nombre de España, ahora se dice el Estado español, ¡el Estado español!

-¿Qué es un gran error?

-Cuando se vacía el espíritu crítico, todo vale. Hay un relativismo absurdo que lleva a pensar que todas las lenguas son iguales, cuando no lo son; o que todas las culturas son iguales, cuando no lo son. Sin espíritu crítico, estamos sin ninguna capacidad de responder frente a lo que nos tratan de inocular sus ideas sin discusión. A quien se atreve, por ejemplo, a discutir la conveniencia de ciertas políticas de inmigración, lo llaman inmediatamente xenófobo; a quien no acepta las paranoias del trasnochado anticlericalismo, integrista; a quien no reconozca el omnímodo derecho de la mujer a hacer lo que quiera con su embarazo, machista espantoso; al profesor que defiende su autoridad en el aula, fascista; a quien defiende que hay que valorar el esfuerzo y la excelencia, elitista o reaccionario.

Educación más exigente

-¿Cómo se podría recuperar el sentido común?

-Con una educación mucho más exigente y nada demagógica, basada en criterios claros que no pasan ni por el relativismo, ni por la devaluación de principios y de contenidos. Y eso, insisto, pasa por fomentar, desde las instancias del poder y de los medios de comunicación, el espíritu crítico.

-¿Y qué motivos ve usted para la esperanza?

-Lleva ya mucho tiempo, y con mucha intensidad, dominando el absurdo, la sinrazón; y como ya llevamos tanto tiempo así, entiendo que tiene que venir una aurora de la razón, una aurora del pensamiento, del sentido común. Además, como historiador tengo que estar esperanzado siempre.

-¿Por qué ha escrito 'Viaje al corazón de España'?

-Pensé que lo importante era, y además me apetecía mucho hacerlo, transmitir una España en positivo, una España que inmediatamente fuera querida y admirada. Escribí este libro con mucha pasión. La conciencia nacional hay que educarla, desde niño, como se educan los hábitos de piedad en las familias que rezan; a mí me la inculcaron desde muy niño.

-Y eligió hacerlo en forma de apasionada crónica de viajes.

-Sí, el viaje como forma de querer, de admirar y de sentir España. Es el más ambicioso de mis libros y, junto a 'Los perdedores de la Historia de España', el más pretendidamente literario. Debemos sentirnos muy orgullosos de nuestra gran cultura española. En este libro se dan cita la Historia, la Literatura, el Arte, la belleza de nuestros paisajes, nuestras gentes. La nuestra es una cultura que nos pone en la cabecera del mundo. Y hablo de la realidad de lo que es España, no de inventos ni de irrealidades. España es una realidad, mientras que hay que destacar que las naciones que pretenden serlo, como Cataluña y el País Vasco, lo que están transmitiendo es una historia manipulada, una historia mitificada. España, por la erosión que provocan las ideologías nacionalistas, que no tienen otros países de Europa, es el país al que más le hieren las visiones negativas que recibe desde fuera; en cambio, Inglaterra es al que menos. Debemos estar orgullosos de nuestros logros democráticos y reivindicar sin complejo alguno un patriotismo cultural acorde a la superpotencia que es España, tanto en el campo de las letras, como de las artes y del pensamiento, de la reflexión filosófica.

-Dele usted ánimos a los lectores de la Región de Murcia.

-Tienen ustedes un clima maravilloso, un paisaje hermosísimo y un paisanaje todavía mejor. Y referentes culturales maravillosos, como Ibn Arabí y Francisco Salzillo. En el libro hablo de muy buenos amigos que tengo allí, como [el expolítico y exmilitante del PP] Luis Gestoso. Organizó una acción maravillosa y muy emotiva: pasó la boina entre empresarios murcianos e invitó a cien concejales del País Vasco amenazados por ETA, a visitar la Región. Ninguno de ellos se ha olvidado de los días que pasaron allí. Además, tengo que decirle que, hablando de música, ya de pequeño me emocionaba con el 'Canto a Murcia' de 'La Parranda'. De hecho, cuando lo vuelvo a escuchar me sigo emocionando.

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