Espías, amor e intolerancia en el Siglo de Oro

Ken Follett.
Ken Follett. / EFE

Kent Follett, el emperador del 'best-seller', vapulea en su nueva novela a Felipe II y la España Imperial

MIGUEL LORENCIMADRID

A Ken Follett (Cardiff, 1946) nadie le tose. Es el emperador del 'best-seller' y lleva décadas en el trono. El escritor galés está dispuesto a mantener su cetro culminando la trilogía que le dio éxito universal con 'Una columna de fuego' (Plaza & Janés), que llega mañana a las librerías. Sevilla, Bruselas, Londres y Amberes son, además de Kingsbridge, escenarios de este novelón de amor, guerra y poder. Una historia de espías e intolerancia de casi mil páginas, ambientada entre los siglos XVI y XVII, con Isabel I en el trono de Inglaterra y Felipe II en España. Las guerras de religión y la creación de primer servicio secreto inglés son el telón de fondo de la novela que culmina la saga que empezó 'Los pilares de la Tierra', (1989) y continuó con 'Un mundo sin fin' (2007).

La imaginaria ciudad de Kingsbridge es, de nuevo, escenario crucial de una trama en torno al reinado de Felipe II, la Armada Invencible y la manufactura de armas en Sevilla. Una narración en la que juegan un papel primordial la España imperial y su monarca, aunque ninguno salga muy bien parado.

Toledo y el Camino de Santiago fueron la conexión española de 'Los pilares de la Tierra', donde Follet jugó con el descubrimiento de la arquitectura islámica. En 'Un mundo sin fin' se fijó en la catedral de Santa María, de Vitoria, ciudad que agradeció al escritor su atención con una escultura. Ahora la clave española está en Sevilla, descrita como una ciudad «pujante» en la que se vestía de forma «lúgubre» cuando España era «el país más conservador» del mundo.

Follett estuvo en la ciudad del Guadalquivir documentándose para la novela. Se dejó de nuevo seducir por la monumental catedral hispalense, «que siempre me atrae», los Reales Alcázares y la Torre del Oro. Dice que ha tratado de plasmarla «como en el siglo XVI». España era entonces el país más rico del mundo y el puerto fluvial de Sevilla, capital del orbe en el Siglo de Oro, equivaldría hoy a los de Shanghái o Róterdam. Por él entraban el oro de Perú y la plata de Bolivia en gigantescos galeones.

«El matón del barrio»

Asegura Follett que España en el siglo XVI «era el matón del barrio: grande y malo», y que se comportó «como EE UU en Vietnam». No es nada condescendiente con Felipe II, a quien presenta como «un tipo malo y poco sensato» que quiso matar a la reina de Inglaterra y prefirió gastar en cañones lo que debería haber dedicado a industria e infraestructuras. Retrata a una España que desperdició la oportunidad de modernizase y despilfarró su enorme riqueza para llegar al siglo XX en el furgón de cola del desarrollo.

El relato gira en torno a la historia de amor entre un protestante, Ned Willard, y una católica, Margery Fitzgerald. Se inicia con el regreso a su casa en Kingsbridge del joven Ned en la Navidad de 1558, un año crucial para la historia de Europa y la vida del muchacho. El odio religioso ha divido a los habitantes de su ciudad y corre la sangre cuando la inquina se impone a la amistad, la lealtad y el amor.

Isabel I ha llegado al trono y toda Europa se vuelve en contra de Inglaterra. La joven reina, astuta y decidida, crea el primer servicio de inteligencia del país para estar al tanto de intrigas, tentativas de asesinato, alzamientos, revueltas o planes de invasión.

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