Cristina Fernández Cubas: «No estoy en absoluto por la independencia de Cataluña»

Cristina Fernández Cubas, ayer en Cartagena./José María Rodríguez/ AGM
Cristina Fernández Cubas, ayer en Cartagena. / José María Rodríguez/ AGM

La autora de 'La habitación de Nona' se reunió ayer en Cartagena, en el marco del Premio Mandarache, con cientos de alumnos de Secundaria

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

«Los sueños que tenemos cada noche son una evasión estupenda», dice Cristina Fernández Cubas, catalana nacida en 1945 y autora, entre otros éxitos, del libro de memorias 'Cosas que ya no existen' (Lumen), y de libros de relatos como 'Con Aghata en Estambul' que la han convertido, según el crítico literario José María Pozuelo Yvancos, en «la mejor cuentista en la literatura española». La escritora se encuentra en Cartagena para participar, invitada por la Concejalía de Juventud, en las actividades del Proyecto Mandarache 2018, una decidida apuesta por la lectura entre los jóvenes que incluye la concesión, por votación popular, del Premio Mandarache, del que ella es finalista con 'La habitación de Nona' (Tusquets Editores). Ayer se reunió con 600 estudiantes de Secundaria en el Paraninfo de la Universidad Politécnica (UPCT) y hoy, a las 11.00 horas, protagonizará un encuentro con otros 200 en la Fundación Caja Mediterráneo. Amable, simpática, parece feliz y siente una debilidad especial por el personaje literario de Drácula. Todo transcurre, con la escritora, a bocajarro, como si la esperasen el paredón, el cielo o un viaje a Comala, la inolvidable ciudad de los muertos de 'Pedro Páramo', de Juan Rulfo, uno de sus escritores preferidos. Ya no hace autoestop.

-¿Qué lecturas nos recomienda?

-Las que abren el espíritu.

«Pese a la enorme alegría vital que tengo, soy una mujer muy realista. No nos equivoquemos, esto no es un paraíso ni lo será»

-¿Con qué fin?

-Con el de estar a buenas con uno mismo, por ejemplo. En general, uno puede engañar a quien quiera, es asunto suyo, pero a sí mismo no debería.

-Y eso pasa por no fastidiar todo lo que se pueda y más.

-Si uno está bien fastidia menos a los otros. Yo deseo que a todo el mundo le vayan bien las cosas, y no porque sea muy buena, sino porque si están contentos y relajados no molestan; así de claro.

«¡Estuve en Cartagena en siglos pasados! [Risas] Tendría 21 años, y viajaba camino del Sur, haciendo autoestop, con un amigo»

-¿Le exige mucho al mundo?

-No, ya no, pero en eso tiene que ver el hecho de la creación literaria, porque es una manera muy agradable y efectiva tanto de profundizar en él como de escaparse, porque tan necesaria es una cosa como la otra.

-También defiende que lo son los sueños.

-Los sueños que tenemos cada noche son una evasión estupenda. De día ya no sueño, eso se acaba con la edad. Me pasé toda la infancia y la adolescencia soñando despierta, ya estuvo bien. Ahora sueño de noche y vivo de día.

-También se acabó soñar con un mundo ideal.

-No creo en un mundo ideal, ni tampoco en ponerle remiendos. Pese a la enorme alegría vital que tengo, soy una mujer muy realista. No nos equivoquemos, esto no es un paraíso ni lo será.

-¿Por nuestra culpa?

-Por la de algunos, desde luego. Voy cumpliendo años y cada vez confío menos en los otros... en general.

-Al mismo tiempo que es una forofa de la amistad.

-Para mí la amistad es fundamental, un tesoro. Sigo creyendo en ella como lo más.

-Pese a los golpes.

-Pese a ellos. Retiré de mi vida a los de los golpes y seguí cultivándola como un jardín. Los golpes no son tan graves, aprendes. Te quedan menos amigos, pero valoras la calidad por encima de la cantidad. Yo, además, he tenido y tengo la suerte de tener amigos de todas las edades, lo cual me resulta muy enriquecedor.

-¿Qué le importa mucho?

-Mi libertad. Y mis libros, porque en ellos creo y recreo el mundo. A mí me sirven, y espero que a los lectores también.

-¿Qué no está dispuesta a hacer?

-No voy a hacer nada que no me apetezca, ni en lo que no crea. No me gusta hacer esfuerzos innecesarios, ni tampoco buscar notoriedad.

-¿Cada vez más qué valora?

-La bondad. Nos hemos empeñado en no considerarla atractiva, confundiendo al bueno con el estúpido, y claro que es atractiva.

-¿Qué está claro?

-El futuro es un misterio, de eso está claro que no tengo la menor duda.

-¿Cómo es la vida?

-Muy caprichosa.

-¿Qué recomienda?

-Ser honesto con uno mismo es un paso importante que hay que dar.

-¿De qué se ha dado cuenta?

-Pues, no hace demasiado, de que me he aferrado a dos cosas a lo largo de mi vida: a la imaginación, que me ha salvado de muchos malos momentos; y al humor, sobre todo al humor compartido, que es el mejor. Imaginación y humor han sido dos cómplices imprescindibles para mí.

-¿Le gusta este presente?

-Hay muchas cosas que no, pero aquello de vivir en el pasado no sé yo si me gustaría mucho; y el futuro ya le digo, no tengo ni idea de cómo será. Así es que con la imaginación y con el humor intento pasármelo lo mejor posible.

Insensatez

-¿Muy peligroso qué es?

-La insensatez.

-¿En qué no ha cambiado usted?

-Cuando estoy mal, me aislo. Y eso no es bueno.

-¿Qué enseña la literatura?

-¡Tantas cosas! Entre otras, te ayuda a descubrir que nada es blanco ni negro; todo es un baile de grises, de claroscuros. También te hace ver que las apariencias engañan y que lo inquietante puede esperarte a la vuelta de la esquina.

-¿Conocía usted ya Cartagena?

-¡Estuve aquí en siglos pasados! [Risas] Tendría yo como 21 años, y viajaba camino del Sur, haciendo autoestop con un amigo, para encontrarnos con otro que ya estaba allí. Era Semana Santa y me encantó la ciudad y sus procesiones. Pero ya le digo, hace siglos de eso.

-¿Cataluña qué?

-Le responderé breve y claramente: no soy independentista, no estoy en absoluto por la independencia de Cataluña.

-¿Cómo es allí el día a día?

-Es doloroso, doloroso para todos porque una fractura es dolorosa siempre.

-¿Y qué tiene Drácula para que le fascine tanto?

-Es un personaje muy atractivo, pero no tiene corazón. Drácula es un gran narrador oral, cuenta unas historias maravillosas y antes de hincar los colmillos seduce con la palabra. La palabra es vital.

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