Un corazón que un día será monte

Francisco Sánchez Bautista./Enrique Martínez Bueso
Francisco Sánchez Bautista. / Enrique Martínez Bueso

Francisco Sánchez Bautista será homenajeado este lunes en el II Festival Deslinde. El encuentro poético de Cartagena reúne a varias generaciones de autores para mostrarle su admiración al creador de 'Elegía del Sureste'

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

«Soy Francisco Sánchez Bautista, y nací el día 11 de junio de 1925 por la mañana. Era el día del Corpus Christi. Nací en la casa que teníamos en la huerta, claro...». Estas son las palabras con las que arranca el capítulo 'Infancia y juventud' del libro-DVD 'Francisco Sánchez Bautista. Memorias desde la Arcadia', obra de José Antonio Postigo y Primitivo Pérez, con el que los lectores podrán gozar de la palabra poética, de la vida sencilla y del cántico a la naturaleza que ha impregnado la existencia literaria del autor de 'Alto acompañamiento'. Palabras útiles y hermosas. El lunes, dentro de la programación del II festival poético Deslinde, que se celebra en Cartagena organizado por la Concejalía de Cultura, Educación e Igualdad, tendrá lugar un homenaje al también autor de 'Elegía del Sureste', quien conserva una gran lucidez en combate diario con las fuerzas del cuerpo.

Sánchez Bautista (Llano de Brujas, 1925), arropado con esmero por sus dos hijas -más aún desde que enviudó-, asistirá humildemente a un acto en el que, presentado por el periodista Pedro Soler, participarán poetas y escritores de diferentes generaciones: Ángel Paniagua, María Teresa Cervantes, Aurora Saura, Juana J. Marín Saura, Santiago Delgado, José Luis Martínez Valero, Soren Peñalver, José Antonio Martínez Muñoz y Antonio Marín Albalate. El acto, que tendrá lugar en la Sala de Ceremonias del Palacio Consistorial, contará con el concierto de viola, elegido para la ocasión, que interpretará Javier Albarracín: la 'Suite nº 3 en Do Mayor' de Bach.

Qué
Homenaje a Francisco Sánchez Bautista. Dentro del II festival poético Deslinde de Cartagena.
Participan
Pedro Soler, Ángel Paniagua, María Teresa Cervantes, Aurora Saura, Juana J. Marín Saura, Santiago Delgado, J. L. Martínez Valero, Soren Peñalver, J. A. Martínez Muñoz, A. Marín Albalate, Javier Albarracín.
Dónde y cuándo
Palacio Consistorial de Cartagena. El lunes, 6 de noviembre, a las 19.00 horas.

El poeta homenajeado, poseedor de un gran secreto poético que tiene prohibido a sus amigos desvelar, recuerda con una sonrisa momentos especiales, de su ya larga vida, en los que une su amor a la naturaleza y su visión de un mundo en el que belleza e injusticia a menudo caminan juntos: «La vida era dura, porque había que trabajar: había mondas, había cavas de pimientos, cavas de tomates, había que segar trigo, había que coger fruta. Venía del colegio y, claro, a trabajar en la huerta. Muchas veces pues hasta faltábamos a la escuela...».

«Yo no puedo olvidarme de que no vivo solo en el mundo, y de que existen los derrotados y los que no tienen voz». «Los amigos son mucho más importantes que los reconocimientos; yo quiero que me lean y que disfruten»

Pero, qué gozada, el poeta cuenta con luminosa nostalgia que «entonces estaba el agua limpia, había peces, había mariposas, en los bancales aún se sembraba trigo, había muchísimos árboles a las orillas de los cauces, que los llamábamos quijeros; había olmos, álamos, fresnos, y un poco de cañaveral al principio; había parras unidas a los chopos y había muchas cigarras en el verano, y ruiseñores que nos cantaban a la madrugada...; o sea, que era un paraíso».

Sí, así acudirá el lunes a su homenaje en el festival Deslinde: sin hacer ruido, sin llamar la atención, huyendo como siempre de la arenga y el griterío como del cólera, el escorbuto o la hoguera. Y con estos versos de su 'Trova elegiaca' rondándole: «Mi corazón se va / consolidando como / los fósiles. Un día / será monte de todos». El autor de la citado 'Elegía del Sureste', que vivió la torpeza de la censura por su duro alegato contra las guerras y las dictaduras, y del jugoso y lúdico 'Libro de las Trovas', tiene claro que «la vanidad no sirve para nada». «El tiempo es más poderoso que cualquier gesto de vanidad, de orgullo». Significan «poco», dice el escritor, quien vive, anhelando hoy y siempre la serenidad, entre sus lecturas y sus amigos: «Muchos ya se han muerto, y se les echa de menos».

Creador de versos como «mi infancia fue una infancia en pie de guerra. / Guerra y postguerra se llamó mi infancia», reconoce Sánchez Baustista que, cuando repasa su trayectoria literaria, lo que de verdad le agrada es que «haya personas que lean mi obra y sientan alguna emoción». El escritor asegura ser «un poeta solitario, que he ido siempre por libre y así continúo. Voy como un pájaro fuera de la bandada».

Amar la vida

Los reconocimientos no le disgustan al poeta, bien al contrario, pero prefiere «que me lean los amigos y que disfruten». «Los amigos», asegura, «son mucho más importantes que los reconocimientos». Autor también de obras satíricas como 'La Pajarodia', él alimenta entre sus pasiones la lectura de la Biblia, «uno de los libros que leo con más placer». A menudo compagina la lectura de textos sagrados, «donde encuentro muy buena poesía», con textos y biografías de autores como Epicuro, quien «amaba la vida y tenía una gran confianza en la amistad». «Era todo un personaje, y con todo eso que dicen de que era un materialista tremendo no estoy yo muy de acuerdo», añade el autor de 'Alto acompañamiento', cuya literatura ha sido elogiada por personalidades como Gonzalo Sobejano, prestigioso hispanista, quien le dedicó esta reflexión: «Después de 'Tierras de sol y de angustia' y 'Voz y Latido', Sánchez Bautista publica en Cartagena, en 1960, su 'Elegía del Sureste', a mi entender la mejor elegía colectiva de nuestro siglo, en lengua castellana, si se exceptúa la póstuma de César Vallejo».

Feroz en su rechazo de las guerras y de los regímenes totalitarios, Sánchez Baustista dice de sí mismo, como hombre y poeta: «Se me considera un poeta social, pero no lo creo. Más bien soy un poeta civil que enaltece lo humano, porque yo no puedo olvidarme de que no vivo solo en el mundo, y de que existen los derrotados y los que no tienen voz».

«Para mí», indica Pedro Soler, «sin ánimos de discriminar a nadie», Sánchez Bautista «es uno de los grandes poetas que ha dado esta tierra, desde antes y después de alumbrar, a finales de los cincuenta, 'Tierras de sol y de angustias'». Para Soler, «el retrato machadiano del hombre bueno es puramente aplicable en su caso. Es un hombre que, aunque no lo pretenda, tiene que ser necesariamente idolatrado, con el mayor de los respetos y de los cariños, por quienes gusten o no de su poesía».

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