«Combato contra los dogmas; son un cáncer»

El periodista y escritor Javier Sierra, con el Premio Planeta 2017 conseguido por su novela 'El fuego invisible'./EFE
El periodista y escritor Javier Sierra, con el Premio Planeta 2017 conseguido por su novela 'El fuego invisible'. / EFE

Javier Sierra Ganador del 66 Premio Planeta de Novela. «Con 'El fuego invisible' no busco entretener al lector; busco enriquecerlo, llenarlo», dice el periodista y escritor de novelas millonarias en ventas

ANTONIO ARCOBARCELONA

Con una sonrisa que transforma su rostro en una fiesta, emocionado pero no deslumbrado por el éxito que acaba de elegirle para la gloria literaria y comercial que conlleva haber ganado la 66 edición del Premio Planeta de Novela, dotado con 601.000 euros y una repercusión mediática impagable, el periodista y escritor Javier Sierra (Teruel, 1971) autor de 'El fuego invisible', su octava novela, asegura con delicada firmeza: «Con 'El fuego invisible' no busco entretener al lector; busco enriquecerlo, llenarlo».

Javier Sierra cita a la también escritora Doris Lessing para indicar que «la clave de 'El fuego invisible' se esconde en la cita inicial del libro, extraída de su discurso de aceptación del Nobel de Literatura [en 2007]». La autora de 'El viento se llevará nuestras palabras' (1987) viene a decir que «el origen de toda literatura se ancla muy atrás en la noche de los tiempos, cuando nuestros antepasados -los primeros 'sapiens'- se reunían en torno al fuego y se contaban historias. Es por tanto el relato, la narración, lo que configura el espíritu de la civilización». Relato. Narración. Palabras. Precisamente, la extraordinaria importancia que tienen las palabras «son el punto de partida que ilumina el trayecto del protagonista principal de la novela, escrita en primera persona. David Salas, un joven profesor de Lingüística del Trinity College de Dublín, se verá obligado a viajar a Madrid, donde casi accidentalmente es reclutado para una escuela experimental de Literatura en la que ha ocurrido un hecho que le han silenciado: la muerte de un estudiante». «La búsqueda de las claves que explicarán esa muerte», indica Sierra, «es la que sustentará parte de la trama de la novela, que es un 'thriller' pero también una novela que cuenta la historia de un viaje en busca de algo trascendente, porque la muerte del estudiante está relacionada con algo llamado el fuego invisible, algo que ilumina por dentro a los creadores y que tiene que ver con una pregunta que obsesiona al protagonista: ¿de dónde vienen las ideas?». Y eso pretende con su nueva obra el ganador del Planeta 2017, «despertar el fuego invisible que está dentro de cada lector».

Quede claro que Javier Sierra no quiere opinar sobre el 'conflicto catalán', que está que arde. Prefiere mantenerse al margen: silencio. Y para justificar ese silencio, acude nada menos que a la diosa cubana de la danza Alicia Alonso, castrista desde las uñas de los pies a más arriba de las cejas. Y cuenta: «Hace unos años, a Alicia Alonso, que es una de las grandes musas del ballet, le preguntaron sobre qué opinaba ella de la situación política de Cuba, y su respuesta fue brillante: 'En el momento en el que el 'comandante' hable de zapatillas de punta, yo hablaré de política'». En fin... Más tarde, añadió esto a su silencio: «La situación actual de España se resolverá en el momento en el que construyamos un relato que sea aceptable para todos y que sea positivo. Creo que nuestro propósito colectivo debería ser crecer; a partir de aquí, crecer y superarlo [el conflicto]. ¿Quién construirá ese relato? Pues tiene que ser alguien con mucho talento. ¿Son nuestros políticos buenos constructores de relatos? Yo creo que se lo tienen que hacer mirar».

«Caravaca me encantó. Me resulta fascinante el episodio de la desaparición de la Cruz»

De nuevo, la importancia de las palabras, porque «hay palabras que cuando se te cruzan te cambian la vida. Creo que esto nos ha pasado a todos: un nombre, un topónimo geográfico o algo que nos ha resultado sonoro nos puede llevar a una aventura personal y cambiarnos la vida. La palabra es algo que evoca, invoca, provoca y trastoca. Todos esos elementos me parecen muy interesantes y están en esta novela».

Una novela, rebosante de misterio, en la que, de nuevo, vuelve a primar «el deseo de despertar la curiosidad del lector. Y, también, la voluntad de enseñarle algo que desconocía. O de enseñarle a mirar ciertas cosas con ojos nuevos. Quizás sea porque soy miope, no lo sé, pero a mí lo de la mirada siempre me ha preocupado mucho; saber elegir el enfoque y sacarle partido a cosas que parecen obvias, pero que sin embargo tienen sin duda otras lecturas». «Hemos construido una sociedad en la que creemos que sabemos de todo, cuando en realidad somos unos ignorantes», sostiene.

Javier Sierra -la versión inglesa de su novela 'La cena secreta' lo convirtió en 2006 en el primer, y hasta ahora único, autor español en aparecer en la lista de los diez más vendidos de Estados Unidos, según el 'The New York Times'- ha escrito 'El fuego invisible' en un momento personal en el que «le doy muchísima importancia a todas las formas de amor, entre las que está incluido el amor a mi mujer y a mis hijos». En la noche del Planeta, que lo coronó como gran protagonista, estaba exultante: «Yo conozco cómo funcionan los mecanismos del éxito literario. No estoy deslumbrado, pero sí emocionado. El primer premio Planeta que leí de cabo a rabo, disfrutándolo muchísimo, fue el de 1987: 'En busca del unicornio', de Juan Eslava Galán. Emocionalmente significa mucho para mí que, treinta años después, Eslava Galán forme parte del jurado que me ha entregado el Premio Planeta».

-¿Contra qué combate usted?

-Combato contra el dogma, porque me parece que es el mayor cáncer de nuestra sociedad. Lo ha sido siempre. El aferrarte a una idea blindada, cerrada, el no discutirla, el no someterla...; el dogma es lo peor. Nos lleva a guerras, a sacar lo peor de nosotros mismos, a distanciarnos unos de otros. Mi lucha personal, a todos los niveles, siempre ha sido contra el dogma.

-¿Y qué hacer frente a los dogmáticos?

-Perseverar, yo soy aragonés [risas]. Pero si no quieren bajarse del burro y ver lo maravilloso que es abrir la mente y enriquecerse con otras cosas, ellos se lo pierden. A mí me dan lástima.

Javier Sierra llama la atención por su sencillez, por su naturalidad, por la ausencia absoluta de cualquier atisbo de prepotencia, de chulería. No ejerce para nada del escritor de inmenso éxito que es desde hace años. Millones de lectores le son fieles en todo el mundo. «Aprendí hace mucho tiempo a ser franco, a dirigirme a todo el mundo con respeto, y a que nadie es más que otro; al final, todos somos muy parecidos. Creo que todo eso lo aprendí, siendo muy niño, viviendo en Teruel», cuenta.

Palabras

Entre todas las palabras que pueblan la novela ganadora del Planeta 2017, hay una muy especial, mágica, cautivadora, inquietante...: Grial. Sierra precisa que «el Grial que transita por mi novela es el [conocido como] Grial valenciano, el que se guardó durante siglos en San Juan de la Peña y que, a partir de 1399, Martín el Humano llevó primero a Zaragoza, y de ahí a Barcelona y Valencia». El escritor recuerda que «la primera vez que aparece en la Historia la palabra Grial es en un libro inacabado, el 'Cuento del Grial', de Chrétien de Troyes, de 1180. Y en él no se dice en ningún momento que el Grial sea la copa de Jesús en la Última Cena. Se habla de un objeto, que lleva una dama, del que emana una luz tan potente que ilumina la sala por la que transita el [llamado] cortejo del Grial». «Bien», añade, «pues en 1123 -es decir, 70 años antes-, en pinturas de los Pirineos en Cataluña y Aragón ya estaba representada exactamente esa imagen de la dama con el cuenco brillante. Eso es parte de la investigación en la que se ve envuelto David Salas en las páginas de 'El fuego invisible'».

Estamos ante una novela que requiere «tener los ojos muy abiertos». Una novela que su autor cree que «incitará a muchos de mis lectores a viajar, a visitar los escenarios de la novela...; como en toda mi literatura, también en esta novela intento despertar las ganas de conocer». «Me propongo que cada nueva novela mía sea mi mejor novela», desvela Sierra, para quien «cada uno de nosotros somos capaces de crear mundos, y esa llama invisible que lo hace posible está dentro de cada uno. Y, como cualquier otra llama, se puede alimentar». Rotundo, proclama: «Solo el arte es inmortal. El arte es lo único inmortal que somos capaces de crear los humanos, lo único que trasciende». A Javier Sierra, que visitó hace unos meses Caravaca «y me encanto», entre otras cosas porque le resulta «fascinante el episodio de la desaparición de la Cruz», le parece «mágico» que sus historias hayan sido traducidas a lenguas «de las que no soy capaz de entender nada».

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