«Hay un árbol encarnado en mí»

La pintora y poeta Gabriela Amorós, junto a dos de sus obras que ilustran el poemario 'El estuario rojo'./Fran Manzanera / AGM
La pintora y poeta Gabriela Amorós, junto a dos de sus obras que ilustran el poemario 'El estuario rojo'. / Fran Manzanera / AGM

La pintora y poeta Gabriela Amorós publica el poemario 'El estuario rojo', con ilustraciones propias. «Me paso la vida subiendo a esas piedras que llaman poemas», dice la autora

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Existen unos labios a los que Gabriela Amorós, pintora de bosques y de seres que explotan de pasiones y de anhelos, y poeta también apasionada, ha dedicado estos versos: «Oh labios tuyos, / encienden una y otra vez / el único árbol de mi mundo. / Oh labios tuyos / donde nace cada relámpago del bosque». Están incluidos en 'El estuario rojo', su nuevo poemario publicado por Izana Editores. Un viaje alrededor de nuestros escondites íntimos, un volcán sin la menor intención de apagarse para descansar.

-¿Qué no le gustaría ser?

-La que abandonas, la que no importa.

«A veces me imagino que mi sangre entra y sale como una espina» «En el estuario que yo propongo lo que confluye no va a ser agua dulce y agua salada, sino el alma y la materia para conformar al ser en su más pura síntesis» «Aspiro a que el lector fortalezca su esperanza»

A Gabriela Amorós le encantan estas reflexiones escritas por Leonardo Da Vinci, que ha incluido en su libro a modo de prólogo y de inspiración: «Los antiguos decían del hombre que era un mundo en miniatura. Por cierto que esta denominación es apropiada, pues al ser compuesto el hombre de tierra, agua, aire y fuego se asemeja al cuerpo de la Tierra. Así como el hombre tiene los huesos como soporte y armazón de su carne, así tiene el mundo en la piedra su soporte. Así como el hombre lleva en sí un lago de sangre, en el que los pulmones se comprimen y expanden al respirar, así tiene el cuerpo de la Tierra los mares, que con el respirar del mundo se comprimen y expanden cada seis horas. Y así como las venas parten de dicho lago de sangre y se ramifican por el cuerpo humano, así atraviesan los mares del mundo el cuerpo de la Tierra con incontables venas de agua».

-¿Qué es inquietante, además del agua?

-El viento. Que se hace mientras busca los planos de su existencia, mientras pasa por los toldos de los amantes, mientras pierde la dirección de sus hombros, mientras huye con todo lo que se parezca a pedir amor, mientras el amor no lo deja dormir. Y así, el viento se apresura a volverse a hacer porque no le da tiempo a nada.

-¿En qué cree?

-En que los cielos, el agua, las montañas, sus valles y todo lo alto van cayendo adentro nuestro para crearnos un 'lago de sangre'.

-¿Cómo somos?

-Medio puros, medio traicionados; bebemos de las uniones de la luz con los hombres porque no queremos ser nada más que destino enamorado.

-Hágase una buena pregunta.

-¿Dónde confluyen el alma y la materia más que en el hombre?

-¿A veces qué se imagina?

-Que mi sangre entra y sale como una espina.

-¿Qué es una belleza?

-Todas las golondrinas, las lechuzas, las gotas de lluvia, las perdices, las alondras...

-¿De qué está convencida?

-De que hay un árbol encarnado en mí. Pero no hay ninguna prueba.

-¿Qué le gustaría?

-Que surgiese en mí un lenguaje para contar lo infinito. Me paso la vida subiendo a esas piedras que llaman poemas.

-¿En qué es experta?

-En olas. Las conozco bien. Llevo aprendiéndome en ellas desde siempre, desde niña; las busco, las reclamo. Las olas, a punto de romper en la orilla, a solas con su soledad se ponen a jugar a la vida.

-¿Qué es un buen principio?

-Tener claro que el futuro comienza en el origen.

-¿Por qué este título, 'El estuario rojo'?

-Se dice que los estuarios son la serie de canales y ramificaciones de tierra, arena y agua que se forman en la desembocadura de algunos ríos debido al encuentro entre las aguas dulces y las saladas. Pero en el estuario que yo le propongo al lector lo que confluye no va a ser agua dulce y agua salada, sino el alma y la materia para conformar al ser en su más pura síntesis. De este modo, cada uno de nosotros ostenta un caudal, pero de sangre.

En 'El eterno retorno' escribe: «Qué escudo no habrá sabido hacer la muerte / que se nos llenan de flores los huesos, / y el pecho de la sombra / es pálido / como un puñal de perla / que a la mano absoluta le pesa / su extraña forma / y por eso está partida en todas / las nuestras. / Qué escudo no habrá sabido hacerse / la muerte / que llega siempre tan vestida, tan sola, / tan inexorable. / Si hasta los frutos / en los árboles se conmueven / de su existencia mínima / y juegan a ser más grandes, / y juegan a ser dioses redondos / que golpean las puertas de la vida».

Mitología, misticismo, lirismo extremo, arrebato, diluvio... Un poemario ilustrado con sus propios dibujos, sensuales, carnales, abrasivos, en un luminoso blanco y negro. Dibujos como 'Hades: Epifanía de la Novena Puerta', o el sugerente 'La lágrima de lo infinito'. Poemas que hablan de la perpetua sed de plenitud, y también de un amor que incluso sobrevive a la muerte. Un poemario poblado de visiones: «A veces / las luces se quedan dormidas / y me caen / como pequeños animales / al corazón, / como incurables, / como brumas; / a veces / no hay nada en el aire / más que mis ojos».

-¿A qué aspira con este poemario?

-A que el lector fortalezca su esperanza.

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