¿Le afeito por un penique?

Alberto Chessa./Juan Carlos Martínez Rodríguez
Alberto Chessa. / Juan Carlos Martínez Rodríguez

El poeta murciano Alberto Chessa traduce al español el clásico de terror 'Sweeney Todd (El collar de perlas)'. Editado por La Biblioteca de Carfax, para la que también ha traducido 'El carruaje fantasma y otras historias sobrenaturales', de Amelia B. Edwards

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Cuenta Alberto Chessa (Murcia, 1976), poeta y traductor, que «últimamente me ha dado la tontería de saltar de la barba al bigote, y de ahí al afeitado y vuelta a empezar». Y solo él mete mano en su barba y su bigote, porque haciéndolo así se queda como más tranquilo. Quizás se deba -se ríe cuando sale el tema- a su experiencia apasionante como traductor al español de todo un clásico popular de las historias de crímenes terroríficos. Porque Alberto Chessa, cuyo último poemario se titula 'La impedimenta' (Huerga & Fierro), ha traducido, y se ha responsabilizado de la edición publicada por La Biblioteca de Carfax, nada menos que 'Sweeney Todd (El collar de perlas)', atribuido a James Malcolm Rymer en colaboración con Thomas Peckett Prest. Sweeney Todd -¡el barbero diabólico de la calle Fleet!- hace su debut literario en esta novela publicada por entregas entre noviembre de 1846 y marzo de 1847.

Chessa se muestra entusiasmado con su aproximación a un personaje cuya influencia ha sido amplísima y que, sobre todo gracias al musical del compositor Stephen Sondheim en 1979, pasó a formar parte de la cultura popular moderna. Además, esta endiablada historia ha sido llevada al cine en múltiples ocasiones; la más reciente, basada en el mencionado musical de Broadway, fue la adaptación de Tim Burton en 2007, con Johnny Depp encarnando al despiadado barbero.

Cuenta el traductor y poeta murciano -que para su traducción ha trabajado con el original de 1846-1847, que se conserva en la British Library y es de consulta pública-, que, en efecto, «la leyenda de un barbero que asesina a sus clientes, a la vez que anda en negocios con un confitero al que administra el 'relleno' para elaborar sus pasteles, no tiene un origen claro». Sí, «son muchas las fuentes que, a lo largo de la historia, recogen alusiones a un episodio de esta naturaleza, que acabó por nutrir el imaginario popular de lo que conocemos como crónica negra de un país o, en fechas más recientes, como leyenda urbana».

«El personaje del barbero demoníaco de la calle Fleet sigue teniendo mucha repercusión hoy en día» «La novela es una muestra por momentos genialoide de la literatura entendida como un placer culpable»

Sin embargo, precisa, «si hay un caso que puede presumir por derecho propio de ser el dechado más aparente de la historia que cuenta 'Sweeney Todd' es, sin lugar a dudas, la 'causa célebre' que protagonizaron Bernabé Cabard y Pedro Miquelón en el París de la segunda década del siglo XV». «Parece ser», explica, que «la alianza criminal que sellaron estos dos hombres adoptaba un 'modus operandi' mediante el cual el primero, barbero de profesión, se encargaba de degollar a sus víctimas con una navaja bien afilada para, acto seguido, arrojar los cadáveres por una trampilla que tenía escondida en el suelo de su negocio y que comunicaba con el obrador subterráneo de Miquelón». ¡Glups! «Fábula o no, lo incuestionable es que, al respeto que siempre se la ha tenido al hecho de que un fígaro pudiera excederse en su oficio, se une el miedo cerval a un fenómeno como el del canibalismo, que, según Lévi-Straus, 'no existe sino ante los ojos de las sociedades que lo proscriben'», indica Chessa.

Con el título de 'El collar de perlas' es como se publicó por entregas esta historia de terror en un tabloide semanal que dirigía un tipo llamado Edward Lloyd, cuyo lema preferido parece ser que era el siguiente: «Tiene que haber más sangre... ¡Más sangre!». Informa Chessa de que, «entre los autores contratados por Lloyd, sobresalían dos hombres de quienes sabemos lo justo: Thomas Peckett Prest (1810-1845) y, más aún, el escocés James Malcolm Rymer (1814-1884), a quien debemos 'Varney, el vampiro', uno de los iconos del gótico victoriano, pariente lejano del 'Vampiro' de Polidori y 'padrastro' del propio 'Drácula' de Stoker». «Aunque se han llegado a proponer hasta tres nombres más», añade, «parece bastante probable que 'El collar de perlas' lo escribiera uno de estos dos, o bien los dos, o bien uno de los dos más las añadiduras y coletillas de alguna que otra mano extra».

Chessa lo tiene claro: «Puede que estemos ante una novelucha, pero no -o no siempre al menos- ante unos escritorzuelos. Junto a momentos verdaderamente grandiosos, conviven otros pasajes de una torpeza expositiva y un estilo tan desmayado como los que afean el cuento de la loca». Ahora bien, asegura, «lo que se pierde de literatura elevada se gana a ratos en agilidad, en unos diálogos espirituosos, alocados, casi de disparatada comedia. Así pues, no, esto no es Dickens ni Stevenson, y menos aún 'Frankenstein' o 'Drácula', pero tampoco es exactamente un subproducto». ¿Entonces qué es? «Es una muestra bastante digna, y por momentos genialoide, de la literatura entendida como un placer culpable, ese que por unas horas nos regala la oportunidad de volver a ser niños, cuando la única pregunta que nos hacíamos al leer era '¿qué pasará?'. Mejor dicho, la pregunta era doble: '¿qué pasará?, ¿qué pasará?'».

Eso es lo que mejor explica, en su opinión, «el éxito que tuvo la novela en su momento y, todavía más, la repercusión que sigue teniendo en nuestros días. El personaje del barbero demoníaco de la calle Fleet es tan popular en la cultura anglosajona que hasta el 'Oxford English Dictionary' recoge el término 'sweeney' en su acepción de rapabarbas. Y hay muchas pastelerías y más de un restaurante por el mundo que llevan el nombre de Sweeney Todd, y en Londres una de las rutas turísticas más demandadas es la que recorre los lugares connotados en la novela».

Por otro lado, Chessa es también responsable de la edición y traducción al español de 'El carruaje fantasma y otras historias sobrenaturales', publicada asimismo por La Biblioteca de Carfax y obra de Amelia B. Edwards (Londres, 1831-condado de Somerset, 1892), novelista, periodista, viajera y egiptóloga. Una inquietante escritora que nos cuenta cómo, un día: «Me giré entonces hacia el pasajero que se encontraba a mi lado y vi... ¡Por Dios! ¿Cómo podría yo describir lo que vi? Vi que no era un ser viviente...».

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