«¡L'Afrique c'est moi!»

Manuel Belzunce, durante el montaje de su exposición 'África Forever', que se inaugura hoy en Cartagena./L. A.
Manuel Belzunce, durante el montaje de su exposición 'África Forever', que se inaugura hoy en Cartagena. / L. A.

El pintor lorquino Manuel Belzunce inaugura hoy en el Palacio Consistorial de Cartagena 'África Forever', una espectacular exposición fruto de sus viajes. «Una vez tuve que salir corriendo detrás de los cuadros que se llevaba el aire», recuerda el artista

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Lo recuerda así el pintor Manuel Belzunce (Lorca, 1944): «En una ocasión, subí a una duna maravillosa en pleno desierto del Sáhara, en Mauritania. Anochecía, la Luna estaba impresionante, durante el día se habían alcanzado los 55 grados centígrados y el espectáculo desde allí arriba era impactante. Por un lado te sentías en paz y en armonía con la creación, y por otro te preguntabas '¿quién soy yo?'. Lógicamente, tenías que responderte 'yo soy una mierda, algo totalmente insignificante y prescindible'». Y, antes de soltar una carcajada para, sin tiempo que perder, festejar el hecho milagroso de estar vivo, añade con guasa: «¡L'Afrique c'est moi!». Hoy, a las 19.00 horas, el artista inaugura en Cartagena, en el Palacio Consistorial, una exposición muy especial para él, 'África Forever', en la que se puede disfrutar de una selección de obras realizadas -en parte o en su totalidad- durante sus viajes de trabajo y placer al continente africano. La muestra, comisariada por el galerista Luis Artés, permanecerá abierta hasta el 18 de febrero.

'África Forever' es una exposición-océano-festín de arte, un viaje-aventura enormemente plástico y sensorial, un canto sin engolamiento a los alimentos terrenales -con permiso de André Gide-, una celebración gozosa de la vida -con sus miserias en cascada- y la pintura -con sus límites y vértigos-, a veces pasadas una y otra por el agua cegadora de las incansables lluvias, los vientos desatados sin control y los incómodos caprichos del -jodido- destino. Una exploración artística muy particular, de las tierras y las gentes africanas, que merece la pena degustarse y cuyas obras -distintas, potentes, seductoras, muy trabajadas- invitan al espectador a perderse: en otro mundo, con los menos prejuicios posibles y arropado por toda la carga de materia, y de poesía, que contienen las piezas expuestas.

Exposición
'África Forever'.
Pintor
Manuel Belzunce.
Dónde y cuándo
Palacio Consistorial de Cartagena. Desde hoy, a las 19.00 horas, hasta el 18 de febrero de 2018.

Este nuevo proyecto expositivo del pintor lorquino es el resultado de una historia en la que se funden amistad, aprendizaje mutuo y un alto nivel de exigencia artística por su parte y por la de los otros dos pintores -con un gusto muy similar por el rechazo de la domesticación y el arte remilgado, pedante y decorativo- que le han acompañado en estos viajes: Ángel Haro (Valencia, 1958) -afincado en Murcia y cada vez más nómada de mente y espíritu- y el más joven de los tres, Miguel Fructuoso (Murcia, 1971).

Tierra roja

Experiencias acumuladas, en lugares tan especiales como el pueblo mozambiqueño de Tofo, en las costas del Índico sur, que han dado lugar a unas obras que son «las huellas de unos días poblados de luz y tormenta, de sal, de tierra roja que alfombra las infinitas pistas donde transita la vida, de belleza violenta y cantos en la noche cerrada», en palabras de Cipriano Torres. Obras que reflejan casi con furia la imposibilidad de abarcar con la pintura toda la vida que fluye ante la presencia del artista que se niega a ser piedra.

Viajes que han sido aventura y un estallido de sorpresas. Como cuando el cielo empezó a descargar lluvias que se sostenían vivas en el aire durante días y días, adornadas con vientos poco predispuestos a extinguirse. «Una vez tuve que salir corriendo detrás de los cuadros que se llevaba el aire; y, en otra ocasión, la lluvia barrió por completo las piezas ya prácticamente acabadas que se estaban secando», cuenta Belzunce, satisfecho con el resultado de lo mostrado en Cartagena: «Son piezas muy potentes, esa es la verdad».

Recorriendo la muestra que ocupa el Palacio Consistorial, se contemplan obras que son el fruto de la pasión por la pintura y el continente africano que Belzunce -sus 'bodegones' y paisajes son, como siempre, espléndidos y casi comestibles- no ha dejado de alimentar desde que, en los primeros años del nuevo milenio, conoció en el desierto de Mauritania el sabor dulce y salado, áspero y suave, caliente y frío, doloroso y feliz, inquietante y abrumador de las horas mangbetú. León Poirier describe muy bien cómo estas horas, que en casi nada se parecen a las de Occidente, no son para ser contadas sino para ser vividas. Son las horas de África, donde la vida y la muerte campean descarnadas por los caminos y los cuerpos polvorientos y anhelantes, durante las cuales lo mismo se asiste a la contemplación de la miseria más aterradora, que se celebra el hecho sagrado de estar vivos danzando, sin descanso danzando -cuando hay Luna, incluso la noche entera- al ritmo de los latidos del corazón (herido o en paz). Desde entonces, viaje a viaje, Belzunce ha ido componiendo una obra/desierto pegada a la tierra, brava y extraña.

-¿Qué sabe del hombre?

-Que es el animal más peligroso que hay sobre la Tierra, por supuesto más que el tigre, que es un animal que me gusta mucho. Somos canallas y traidores, y sobre todo nos sucede una cosa: cuando se cruzan en nuestro camino intereses económicos ya no miramos nada más. Solo el dinero y sacar pecho para que te pongan una medalla.

-¿Y usted qué propone?

-Vino, mujeres, pintura y amigos. Y cuando hablo de pintura, hablo de buena pintura.

-¿En qué anda pensando?

-Ando más soñando que pensando, porque si me pongo a pensar, me pongo de mala leche. Yo soy un tío fuerte, no soy uno de esos tontucios que se quejan mucho pero se quedan mirando embobados una cornisa. Yo actúo, y no me escondo.

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