Juanjo Martínez Cánovas: «Nunca he cultivado el culto al cuerpo, ni he iniciado un conflicto»

Juanjo Martínez Cánovas, en su estudio de Murcia./enrique Martínez Bueso
Juanjo Martínez Cánovas, en su estudio de Murcia. / enrique Martínez Bueso

Trump, Putin, Berlusconi, Merkel, Maduro... son los protagonistas de su muestra 'Inferus Vacuum Est', en la Ermita de San Roque de Fuente Álamo

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Dentro de unos días, Juanjo Martínez Cánovas (Murcia, 1980), pintor y tatuador de personalidad llena de contrastes -lo mismo parece habitado por el espíritu de Edgar Allan Poe que, de pronto, este parece dejar paso al de fray Luis de León-, llevará a su hija Claudia, de 4 años, a su estudio de tatuajes, 'Leviticum Tattoo'. Lo hará para que ella «escriba su nombre justo debajo de mi corazón, con su propia caligrafía, y después tatuármelo para siempre». El cuerpo de Martínez Cánovas es en sí mismo un mapa de tinieblas, misterios, calaveras, demonios, dioses...; en su cuerpo se puede leer: 'Memento mori' (Recuerda que morirás), un tatuaje que se hizo a raíz de descubrir esta inscripción latina durante una visita a la basílica romana de Santa María del Popolo. Estos días está tranquilo, tras haber inaugurado su nueva exposición en la Ermita de San Roque, en Fuente Álamo, donde hasta el 20 de abril podrá disfrutarse de 'I.V.E. (Inferus Vacuum Est)', un proyecto artístico, en torno a los siete pecados capitales, que tiene como protagonistas -repulsivos, disparatados, peligrosamente imprevisibles y kafkianamente retratados en elaborados óleos sobre madera- a Kim Jong-un (la envidia), Donald Trump (la ira), Vladimir Putin (la soberbia), Berlusconi (la lujuria), Angela Merkel (la avaricia), Teodoro Obiang (la gula) y Nicolás Maduro (la pereza). Además, hay otra obra dedicada a los nacionalismos, en la que conviven Francisco Franco y Jordi Pujol, que pretende denunciar «lo peligrosos que son; los nacionalismos nunca traen nada bueno, solo desastres».

Exposición y artista
'I.V.E.(Inferus Vacuum Est)'. Juanjo Martínez Cánovas. Dónde y cuándo: Ermita de San Roque, en Fuente Álamo. Hasta el 20 de abril.

-¿Cuándo empezó a obsesionarse con la muerte?

-Con siete años ya me recuerdo angustiado con la idea de eternidad y queriéndolo saber todo sobre la muerte. Mi madre tiene dibujos, de cuando era muy crío, en los que ya aparecen decapitaciones, guerreros muertos... Mi primera 'vanitas' (calavera) la pinté, ya con intención de que perdurase en el tiempo, con seis años. Me gusta estar rodeado de una estética que me recuerde constantemente a la muerte...; así me siento más vivo, esa es la verdad.

«Me gusta estar rodeado de una estética que me recuerde constantemente a la muerte...; así me siento más vivo, esa es la verdad»

-¿Y por qué se tatúa usted?

-Una piel sin más es muy aburrida. Para mí los cuerpos, también el mío, son lienzos en blanco sobre los que hay que crear. No contemplo los tatuajes desde un punto de vista de culto al cuerpo. Yo nunca he cultivado el culto al cuerpo, ni he sido mujeriego, ni nada de nada. Practico la fidelidad, soy muy espiritual, no le he pegado un puñetazo a nadie en mi vida y me avergüenzo cuando pienso en hacer algo que no está bien. Jamás he comenzado yo un conflicto, ni me gusta dejar cosas en el tintero que me quiten el sueño. Todos los hermanos de mi abuelo materno eran sacerdotes, frailes y monjas, y uno de mis juegos preferidos de niño era jugar al escondite entre la oscuridad de las iglesias. No quiero líos con nadie. Ahora, como me voy haciendo mayor, soy cada vez más selectivo con la gente que forma parte de mi vida. Soy muy pacífico, pero eso no quiere decir que si alguien me toca las pelotas no me vaya a cabrear, ni que no vaya a defender lo mío.

En 'I. V. E.', Martínez Cánovas, autor de una 'Piedad' -su madre y su hermano le sirvieron de modelos para las figuras de María y de Jesús- que comparte espacio en el Museo de la Catedral de Murcia con el 'San Jerónimo' de Salzillo, asegura: «Nunca me he dejado influenciar por lo comercial ni por las modas».

Ricardo Recuero, comisario de la exposición 'I.V.E.', con la que Martínez Cánovas le recuerda al mundo que «el infierno está vacío y todos los demonios están aquí», señala que el artista, con su mirada cáustica, adopta como herramienta conceptual diferentes fuentes que van desde los evangelios apócrifos a 'La Divina Comedia' de Dante, pasando sin duda por la 'Iconología' de Cesare Ripa (1555-1622) y la 'Emblemata' de Andrea Alciato (1492-1550)». El comisario también encuentra paralelismos entre este último trabajo del artista murciano «y el poder alucinatorio de las pinturas de Brueghel el Viejo y el Bosco» y «la comicidad feroz de algunas pinturas de Goya».

Empresa infernal

«Martínez Cánovas», explica, «podría inscribirse de lleno en esa tradición en la que las fisionomías humanas animalizadas, la exageración y la deformidad son materiales efectivos para denunciar la fealdad interior; la corrupción. Personajes que parecieran, utilizando la expresión de Giovanni Papini, 'funcionarios subalternos de una empresa infernal'». A su juicio, esta exposición se constituye en sí misma «como un ejercicio doblemente transgresor. Por un lado, al cuestionar el orden social y lo establecido; y por otro, al lanzar un desafío a la academia, a lo lícitamente bello y a lo intelectualmente intolerable».

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