La gracia de Campillo inaugura hoy la nueva sala de muestras en La Glorieta

Martín Páez, Ballesta, Clemente García y Juan Pérez Ferra, ayer, ante una de las piezas del escultor, 'Sagrada familia'./Vicente Vicéns / AGM
Martín Páez, Ballesta, Clemente García y Juan Pérez Ferra, ayer, ante una de las piezas del escultor, 'Sagrada familia'. / Vicente Vicéns / AGM

El Ayuntamiento de Murcia expone 20 obras del escultor, de ellas cinco desconocidas en Murcia, y otras 32 de creadores de las escuelas de Madrid y París

Manuel Madrid
MANUEL MADRIDMurcia

Ese sabio murciano que dijo que «el hombre ha de ser breve, recto y sencillo, tanto en decir como en hacer» se llamaba Antonio Campillo (1925-2009). Con una parte desconocida de su legado inaugura hoy el Ayuntamiento de Murcia su nueva sala de exposiciones, en la planta baja de la neoclásica Casa Consistorial adaptada por la arquitecta María Dolores Martínez. 'Antonio Campillo: coleccionismo de una época' -hasta el 28 de febrero- sorprende por las 22 obras en madera, bronce y barro del escultor de Era Alta, y por lo inesperado del espacio, al que se accede por la puerta principal de La Glorieta y se distribuye en tres ambientes. No solo hay 20 obras de Campillo -dos de ellas en la plaza, hasta donde se ha trasladado temporalmente la escultura de la ciclista delante del Palacio Almudí-, pues el comisario, Martín Páez, ha completado esta propuesta artística con 32 obras de pintores y escultores de la segunda Escuela de Madrid y de la Escuela de París, cuando París aún era el centro de la modernidad.

Lo que verán desde hoy en el corazón administrativo del municipio de Murcia y la muestra 'Destacados' de la Colección Telefónica -hasta el 7 de enero- en el Palacio Almudí, con grandes referentes universales del arte como Picasso, Gris, Magritte, Chillida y Tàpies, entre otras, forma estos días «un auténtico paseo del arte a la orilla del río Segura», según proclamó ayer el alcalde, José Ballesta. «En nuestro proyecto de ciudad el modelo cultural es absolutamente esencial, una cultura sencilla, generosa, abierta y humana, cultura para todos sin perder un ápice de excelencia». El presidente de la Fundación Antonio Campillo, Clemente García, felicitó al Ayuntamiento por la hospitalidad a la obra de Campillo, por dar un nuevo aire urbano a la capital a partir de la pluralidad y la participación ciudadana, y por poner a disposición de los vecinos «la casa de todos» con un guiño a la cultura. «Esto es abrir una ciudad con los brazos abiertos».

Antonio Campillo
Veinte piezas que son fundamentales para conocer su trayectoria como artista. O para «vivir su obra», como dice el comisario, Martín Páez. Destaca la 'Sagrada familia' y 'Jugando en el agua', de 2006. Hay retratos de Carpe, de Clemente García de niño y de Susana Olmos.
Madrid, un intento de recuperación artística
Obras de García Ochoa, Demetrio Salgado, Álvaro Delgado, Juan Guillermo y escultores como Venancio Blanco, García Donaire, Alberto Sánchez, Francisco Toledo y Planes. Para conocer el ambiente de posguerra carente de intereses culturales.
París (era una fiesta)
Obras de Edmond Ciria, Celso Lagar, Pedro Flores, Hugué, Chambon, Boggs...

El comisario de la muestra contó que el primer espacio está dedicado a la Navidad, con cinco obras relacionadas con este periodo, donde destaca la pieza 'Sagrada familia', «algo espectacular, que recuerda a la de Salzillo en la parroquia de San Miguel, porque es la misma composición pero con un lenguaje actual, un expresionismo y unas manos exageradas, que nos lleva a algo que agradaba al maestro, que era ese Vía Crucis de Antonio Garrigós». En la segunda sala, dedicada a Campillo también, aparecen las cinco piezas desconocidas «y novedosas» en Murcia, adquiridas en Córdoba y Madrid, donde el artista fue catedrático de Artes y Oficios, y otras tantas que sirven para tener «una interpretación perfecta» de toda su trayectoria. En la sala más grande se exhiben las obras de una nómina de creadores de un periodo enriquecedor para el arte europeo como Manolo Hugué, Celso Lagar, Pedro Flores, René Hervé, Edmond Ciria, Cyr y Dumont, que nos descubren un París en deuda eterna, y españoles como Demetrio Salgado, García Ochoa, Gregorio del Olmo y Venancio Blanco, «creadores de un nuevo lenguaje inmerso en la tradición pero alejado de las vanguardias».

Juan Pérez Ferra, legatario de la herencia de Campillo y propietario de la mayoría de obras, dijo que aprendió «del maestro» a coleccionar, y contó como anécdota que al poco de empezar el escultor le preguntó si tenía bodas pendientes para empezar a regalar. «Viajó y tenía un concepto del arte plural, y ha sido un privilegio aprender de él a lo largo de los años».

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