La foto que tomó en su último día de trabajo le valió el Pulitzer

Imagen de la fotografía ganadora./Ryan Kelly
Imagen de la fotografía ganadora. / Ryan Kelly

Ryan Kelly fue galardonado por una imagen del momento en que un automóvil embistió una marcha antirracista

MERCEDES GALLEGOCorresponsal. Nueva York

A veces a la vida sólo le falta ponernos delante un cartel luminoso para mostrarnos el camino. Y eso es lo que se encontró Ryan Kelly, el primer periodista que gana el Pulitzer por la fotografía que tomó en su último día de trabajo.

No es que se hubiera jubilado. Kelly tiene 31 años, pero cuatro años en un periódico local de pocos recursos y 15.000 ejemplares le habían quemado la pasión periodística. Aduce tres razones, con las que cualquier periodista se puede identificar: «El estado de la industria, el estrés y los horarios». Las jornadas eran largas e imprevisibles. Su matrimonio, recién estrenado y sediento de atenciones. Las cervezas, frías y deliciosas. ¿Cervezas? Sí, su otra pasión. ¿Qué tal acabar el día a buena hora con una cerveza fría? Con lo que había aprendido en el periódico el puesto de coordinador de redes sociales en una fábrica de cerveza que le mejoraba el sueldo y le daba flexibilidad para hacer trabajillos de free lance le pareció perfecto. Solo que el hombre propone y Dios dispone.

Ese 12 de agosto, en su último día de trabajo para The Daily Progress de Charlottesville (Virginia), Kelly se vio envuelto en los tumultos que acompañaron las manifestaciones supremacistas de «Unidos por la Derecha». El final fue de traca. James Alex Field, un neonazi que puede pasar los próximos 40 años en prisión, embistió con su coche a la multitud que protestaba contra los racistas. Y allí justo, delante del coche se encontraba Kelly apretando el botón de la cámara mientras los cuerpos saltaban por los aires.

Podía haber sido él quien no lo contase, pero le tocó a Heather Heyer, una joven pacifista de 32 años que se convertiría en la mártir de la jornada. «Mi corazón está con la familia», la recordó Kelly al saber que ha ganado el máximo premio del fotoperiodismo. Lo pensó estremecido cuando vio las imágenes que tomaba. Mientras apretaba el botón no era totalmente consciente de lo que estaba pasando, «sólo escuchaba los gritos y chirridos, pero luego, al verlas, me di cuenta de que yo estaba justo en la trayectoria del coche». Si no hubiera logrado apartarse en el último segundo estaría con Heather a tres metros bajo el suelo, pero en lugar de eso se ha pasado el año recogiendo premios hasta llegar al Pulitzer.

Fue él el último en enterarse de que lo había ganado, porque la noticia le cogió en un avión cruzando el océano. Venía de Ámsterdam de recoger el Word Press Photo, acompañado de su esposa, replanteándose el camino elegido.

En el Daily Progress se comen las uñas por haberlo dejado marchar. En el Daily Press recuerdan que fue su becario. Y hasta en la Universidad de Cristopher Newport dicen que ahí se enamoró del oficio en el periódico estudiantil The Captain's Log. Pero es la cervecería Arden Craft Ales, de Richmond (Virginia) la que debe de estar temiendo que vaya a necesitar un nuevo coordinador de redes sociales, porque el actual le ha hecho la mayor campaña publicitaria con la que pudiera soñar.

Kelly cree que su premio es un reconocimiento para el periodismo local, porque cuando la noticia llegó a Charlottesville (Virginia) nadie estaba mejor preparado que ellos para cubrirla. Su director, Hester, que ese día le había llevado en su coche hasta donde chocaron las manifestaciones, también ha dejado el periódico por un puesto en el gabinete de comunicación de una universidad. La crisis de los medios va dejando en la cuneta a los mejores y sólo algunos tienen la fortuna de ser rescatados para la gloria.

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