Fiesta en la máquina del tiempo

Arriba, la Dama oferente del Cerro de los Santos; a la izquierda, el pie 'Prometeo'. /
Arriba, la Dama oferente del Cerro de los Santos; a la izquierda, el pie 'Prometeo'.

El Museo Arqueológico Nacional celebra su 150 cumpleaños con una exposición de piezas procedentes de toda España, seis de ellas de la Región

DANIEL ROLDÁNMADRID

'Gaceta de Madrid' lo anunció el 21 de marzo de 1867. Aparecía publicado el real decreto, firmado por Isabel II a petición del ministro de Fomento, Manuel de Orovio, por el que se permitía la creación de un centro arqueológico en Madrid y se daba cobertura legal a aquellas iniciativas que se habían puesto en marcha en diferentes provincias. Además, se creaba un cuerpo específico para su gestión -la Sección de Anticuarios-, los ahora conservadores de museos. También nacía el Museo Arqueológico Nacional (MAN), que cumple 150 años a pleno rendimiento. Tres años después de su rehabilitación y con medio millón de visitantes anuales, quiere celebrar su cumpleaños con las mejores piezas cedidas de 68 museos de todas las comunidades, entre ellas Murcia, que cede seis.

«Hay piezas de todo tipo: ajuares funerarios, fósiles, tesoros de reyes, una ley en bronce y objetos cotidianos», explica Gonzalo Ruiz Zapatero, comisario de la muestra y catedrático de Pehistoria de la Universidad Complutense de Madrid. Obras como la arqueta de San Felices, la corona de Recesvinto, el trajano de Itálica, la Dama oferente del Cerro de los Santos o el pie 'Prometeo' de Atapuerca. Un viaje por el tiempo -abierto desde hoy y hasta el 1 de abril de 2018- que está dividido en tres partes. La primera, para los precursores. Abarca desde la publicación del real decreto hasta 1912, cuando se promulga la primera ley de excavaciones. Un homenaje a descubridores como Marcelino Sanz de Sautuola, que defendió con uñas y dientes la cronología paleolítica de la cueva de Altamira que había descubierto.

La segunda parte (1912-1960) se centra en los avances en el Paleolítico y el conocimiento de las primeras sociedades agrarias del Neolítico y la Edad de Bronce; en la consolidación de los descubrimientos romanos y la apertura de nuevos estudios sobre los reinos cristianos y Al-Andalus.

Y la tercera, que llega hasta la actualidad, está marcada por Atapuerca y el esplendor de la arqueología romana ejemplificada en los grandes conjuntos de Emérita y Tarraco o en las explotaciones mineras de Las Médulas. Además, está marcada por la aparición de los primeros licenciados en España. «Muy preparados», recalca Ruiz Zapatero. Pero también, la actual arqueología española tiene sombras. Esos profesionales recién salidos de las universidades se tienen que ir a excavar fuera de España. «Las posibilidades de trabajo son bajas», reconoce el comisario. Además, el segundo país más rico en patrimonio -solo por detrás de Italia- no sabe cuántos yacimientos tiene. Al transferir la competencia de arqueología, «en el Estado no hay ninguna oficina que recopile esa información». «Es una debilidad porque no contamos con datos precisos», incidió Ruiz Zapatero, que también echa de menos más arqueólogos medievales.

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