Enrollados en canelones de calabacín

La Calle de las Tapas se llenó ayer de amantes de la gastronomía moderna, que probaron las tapas del medio centenar de 'stands'./A. Durán / AGM
La Calle de las Tapas se llenó ayer de amantes de la gastronomía moderna, que probaron las tapas del medio centenar de 'stands'. / A. Durán / AGM

La Cava de Royán conquistó con sus platos al público que inundó ayer la Calle de las Tapas, donde también triunfó el yeclano gazpacho de Los Chispos

Juan Ruiz Palacios
JUAN RUIZ PALACIOS

Atención. Estaban Joaquín y su mujer Martina charlando tranquilamente con su hija. La joven comentaba con ellos cómo ve su futuro profesional en el ámbito empresarial. Pero aquella conversación se esfumó en un instante, cuando los chefs de La Cava de Royán sirvieron un delicioso canelón de calabacín relleno de pollo al curry. De repente, se hizo el silencio. La pequeña de la familia intentó seguir con la conversación, pero la madre, ni corta ni perezosa, le espetó: «Hija, ¿quieres dejar de comerte la cabeza y comerte el rollito? Yo con esto en la boca no te pienso hablar». Y le dio un ataque de risa al ver la cara de la hija, que se quedó blanca como el papel de fumar.

El buen ambiente y las ganas de fiesta fueron los dos ingredientes indispensables en la primera jornada de la Calle de las Tapas, donde todo el mundo pasó un día a lo grande. El edificio anexo al Auditorio de Murcia abrió sus puertas y poco a poco la mañana fue cogiendo ritmo. De hecho, a las cuatro de la tarde había más gente en los expositores que a las dos del mediodía. Porque el ambiente festivo del viernes invitaba a salir, comer, degustar, beber, disfrutar y reír. Una y otra vez.

El público se quedó completamente maravillado con las tapas que ayer sirvieron el medio centenar de empresas que participan en este congreso. Los locales que más éxito cosecharon con sus elaboraciones gastronómicas fueron La Cava de Royán, con su canelón de calabacín (que se agotó a mediodía) y su empanadilla rellena de puerros con atún y alga de wakame, y Los Chispos, que cautivaron al público con su tradicional gazpacho yeclano. Todo ello acompañado de vinos de primera, como Casa Rojo, Juan Gil, Bodegas Carchelo y Bodegas Luzón.

Juani Alacid. Estudiante: «Me han vuelto loca las empanadillas de algas wakame que preparan en La Cava de Royán».

Matías Alacid. Empresario: «Me están fascinando los vinos de Tahúlla, y el champán francés de esa casa es exquisito».

Luis Martí. Empresario: «Creo que los vinos de Juan Gil son los mejores caldos que he probado hasta la fecha».

Hortensia Martínez. Estudiante: «Me gusta la Calle de las Tapas por la gente que viene y el buen ambiente que se crea».

Melisa Botella. Abogada: «Lo que más me gusta es que aquí también sirven comida para vegetarianos».

El gerente de La Cava de Royán, Antonio Segado, explicaba a los 'comensales' que se había quedado sin más rollitos: «Se han gastado todos y nos ha pillado el toro, pero esta noche tendremos más. Ya están en cocina preparándolos», se excusaba. En dos horas y media llegaron a vender cerca de 500 empanadillas de puerro, que es otro de los platos estrella de este restaurante.

Estefanía y su chico Luis llegaron desde Blanca para ver qué era eso de la Calle de las Tapas. «El sushi de El Albero nos ha encantado, y las tapas de La Cava de Royán nos han parecido muy originales y ricas», aseguraban, entre mordisco y mordisco. «Imagino que volveremos, porque el ambiente y la oferta está genial», confesaban entre miradas de complicidad. ¡Oiga, qué bonito!

Cartagena, a lo grande

Otro de los puntos con más éxito fue el espacio 'Cartagena, ciudad de tesoros', en el que elaboran tapas los mejores establecimientos de la ciudad. Ayer salió por la puerta grande la caldereta de bogavante que cocinó con mimo el restaurante Sacromonte. Así lo decía una y otra vez Yolanda, quien estuvo acompañada de sus padres. «Nosotros somos de Cartagena. Hemos probado todas las tapas, pero nos quedamos con la caldereta, porque está de vicio», apuntaba la cartagenera morena. Olé. Y Alfonso, el padre de la chica, aprovechaba para informar a su mujer de que hoy regresarían a la feria. «Los platos son espectaculares. No sé cuántos 'gastros' llevo gastados, pero me da igual. La verdad es que estoy bastante a gusto aquí», señalaba.

Algunos miembros del Entierro de la Sardina de Murcia también se dejaron ver en Murcia Gastronómica. El sardinero Tonín Serrano llamó por la mañana a su amigo Pepe Herrera y ambos se acercaron a la feria. «Venimos todos los años. Somos como una pareja», se decían entre risas. Mientras tanto, comentaban el rico sabor de las tostas que elabora Salmentun y pensaban terminar la tarde en Francisco Rosa Cárnicas. «Esas carnes son espectaculares. También es cierto que las cervezas les han salido muy ricas hoy a Estrella de Levante», decían entre carcajadas. «El agua de Espinardo triunfa en cualquier rincón», añadían.

Carnes y tardeo

Conforme avanzaba la mañana, los 'stands' de Aromais y Airemar se llenaban de amantes de la gastronomía murciana. Todos querían probar el chato murciano que estas dos firmas sirven en su expositor. «Que no falten tapas de chato murciano. ¿Quién no tiene?», decía una de las personas desde el interior del espacio. En la otra zona de la Calle de las Tapas se encontraban Patricia, Encarna, Antonio, Mari Cruz y Joaquín, un grupo de amigos que se quedaron ensimismados con los langostinos del Mar Menor que servían en el 'stand' de Pilar de la Horadada.

Las horas morían con rapidez en los relojes, pero los asistentes seguían disfrutando. Bunzu, Alicia y Marga, tres amigas de siempre, barajaban varias posibilidades para culminar la tarde. Pero ellas, que se dejan llevar con las hojas que mueve el viento, optaron finalmente por no hacer planes.

La comidas se remataban en el expositor de Francisco Rosa Cárnicas, que servía sin parar auténticas delicias de carne, elaboradas en el horno Josper, cedido por Panasa. Una vez entrada la tarde, y cuando los estómagos ya estaban saciados, los asistentes se desplazaban en masa a probar los cócteles de Fair Club, donde los bailes se alargaron hasta bien entrada la noche.

Los más valientes aguantaron y se engancharon a las tapas de la velada. Porque la gente continuaba con ganas de seguir disfrutando. «Es viernes, ya está casi todo permitido. No trabajamos hasta el lunes, así que tenemos cuerda para rato», confesaban varios chavales veinteañeros, copa de vino en mano.

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