«Esto no es un dramón; os vais a reír»

El actor Luis Varela, caracterizado como Henri en la comedia 'Héroes'./Marieta
El actor Luis Varela, caracterizado como Henri en la comedia 'Héroes'. / Marieta

Luis Varela Actor. El intérprete madrileño pone en escena mañana en el Romea la comedia 'Héroes', junto a Juan Gea e Iñaki Miramón

Rosa Martínez
ROSA MARTÍNEZ

En 'Héroes', la obra que el mañana se podrá ver en el Teatro Romea de Murcia dentro del ciclo 'Teatro en Feria', tres veteranos de guerra intercambian lecciones de amor, amistad y vida. Están en el ocaso de sus días, son «muñecos rotos», define el actor madrileño Luis Varela (1943), internos en una residencia de ancianos que sirve como escenario a los diálogos imaginados por Gérald Sibleyras -autor del texto- para estos «tres héroes» a los que dan voz Varela, Juan Gea e Iñaki Miramón. Podría parecer el argumento de una historia cargada de nostalgia y melancolía, pero no, la obra que escribe Sibleyras y dirige Tamzin Townsend, deja claro Varela, «no es un dramón, ¡en absoluto! La gente aplaude, se ríe y ¡se lo pasa muy bien! Ya veréis cómo os vais a reír». Varela viene feliz a Murcia. Su abuelo, cuenta, era de Totana.

-¿Cuánto tiempo llevan rodando con 'Héroes'?

Qué
'Héroes', con Luis Varela, Juan Gea e Iñaki Miramón. Ciclo 'Teatro en Feria'.
Dónde y cuándo
Teatro Romea de Murcia, mañana domingo a las 20.00 horas.
Entradas
24, 18 y 12 euros.

-¡Un año ya! Estuvimos dos meses en Madrid y ahora por toda España.

«Mi abuelo era de Totana. Se llamaba Pablo López, y por lo visto, fue un hombre muy conocido en su época. Ir al Romea tiene un significado especial para mí». «Es una función muy bonita, muy, muy tierna, muy humana, muy real y muy lo que es la vida»

-¿Y qué está siendo lo mejor de este recorrido?

-Ver cómo la gente sale entusiasmada de cada función y comentando que les ha gustado mucho.

-¿Qué le atrapó del texto?

-La ternura, la realidad de la vida. La primera vez que lo leí lo hice del tirón; cuando empiezo una obra y me digo: 'Luego seguiré', es que no me atrae demasiado, pero con esta me pasó todo lo contrario. La releí varias veces y cada vez me gustaba más. Es una función muy bonita, muy, muy tierna, muy humana, muy real y muy lo que es la vida. Es la clásica función que, cuando la ves, dices: '¡Es verdad!'. Te ríes mucho, pero es que, además, ¡te das cuenta de que te has estado riendo de ti mismo!

-¿Por qué son unos 'héroes' estos personajes?

-Por seguir aguantando el tirón de la vida sabiendo que son unos muñecos rotos. Los tres han sido grandes militares y ahora se ven en un asilo de ancianos. Aceptar la vida, lo que les queda e ir venciendo todas las dificultades que se les presentan les hace ser héroes. La asignatura más difícil es la de vivir, porque nadie te la enseña, y tienes que acabar, por lo menos, con un aprobado. De todo ello se habla en la obra, pero, ¡cuidado!, con mucho humor. Porque cuando explicas que es una residencia de ancianos la gente piensa: '¡Madre mía, vaya dramón!', y no, no, ¡en absoluto!, la gente aplaude, se ríe y ¡se lo pasa muy bien! Ya veréis cómo os vais a reír.

-¿Se siente reflejado de algún modo en esta historia?

-Sí, claro. Primero por la edad que tengo y, segundo, por lo que he vivido; te hace pensar en lo que te queda. El otro día una amiga me dijo que la vida es muy corta, pero es que, además, la mitad son noches. Y no nos damos cuenta de que no dura. Los protagonistas sí se van dando cuenta y el final de la función es una belleza. Yo animo al público a que vaya a verla. Si la función se hace en Londres, en París, en Nueva York... en España, donde he tenido el honor de que me hayan elegido para hacerla, algo tiene que tener. Y más después de haber sido premiada [en el año 2006] como mejor comedia en Londres [con el galardón Laurence Olivier].

-¿Había compartido antes escenario con Gea y Miramón?

-Nunca. Había trabajado con ellos en televisión pero no en teatro. Y estoy encantado de hacerlo porque con ellos aprendo todos los días.

-¿Qué?

-Me transmiten mucha tranquilidad. Con ellos parece que la función transcurre en el salón de casa o en un cafetería. Todo va muy fluido, y sobre el escenario, lo que se ve, fundamentalmente, es naturalidad. Estamos los tres en él durante toda la función, porque no hay descanso, y me siento muy cómodo. Nos entendemos muy bien.

-¿Qué piensa cuando vuelve la mirada hacia atrás?

-He sufrido muchos palos en mi vida, como todos, no más que nadie; pero me siento feliz. En el apartado profesional, he tenido mucha suerte, nunca me ha faltado el trabajo y he estado bien, y en el ámbito familiar, también. Soy viudo, y aunque eso fue un gran palo, no me puedo quejar, al contrario, tengo que dar muchas gracias a la vida porque tengo dos hijos que son dos ángeles.

-¿Qué le ha dado la interpretación?

-La posibilidad de meterme en la piel de muchas personas diferentes. El hecho de interpretar papeles muy distintos entre sí hace que, aunque no quieras, vayas absorbiendo las personalidades de otros. Y eso es interesante. Luego, el contacto directo con el público es muy bonito. Cuando sales a un escenario y ves que hay mil o mil doscientas personas, o 30, que también ocurre, es muy bonito, sí.

-¿Usted es un héroe?

-No, yo soy un hombre normal, sin heroicidades. En algunos momentos sí he tenido que ser héroe para afrontar algunas circunstancias de la vida, pero como otros.

-¿Qué le sigue ilusionando cada día?

-Mi profesión, mis hijos, mi nieta. Es lo que más me hace aferrarme a la vida.

-¿Tiene ganas de vivir?

-Sí, muchas.

-¿Qué conoce de Murcia?

-Mi abuelo era de Totana. Fue un empresario teatral y un primer actor. Se llamaba Pablo López y, por lo visto, fue un hombre muy conocido en su época. Trabajaba la mitad del año en Sudamérica y la otra mitad en España, y siempre visitaba el Teatro Romea. Una de las primeras veces que fui a Murcia, hace muchos años, íbamos con un programa musical que se llamaba 'Escala en Hi-Fi', vino a verme un señor que había sido el conserje del teatro, y yo le pregunté si conocía a mi abuelo. Cuando le expliqué quién era, se echó a llorar; le pregunté cuál era su camerino, y me dijo: 'El que está usted ocupando'. Fue muy entrañable y me causó mucha emoción. Así que, para mí, ir al Teatro Romea tiene un significado especial.

-¿Con qué le gustaría encontrarse?

-Con el público de Murcia, que entiende mucho de teatro, que es el que me voy a encontrar seguro.

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