Díaz Burgos, la fe mueve montañas

El fotógrafo cartagenero, Premio Bartolomé Ros 2017, llega a la Sala Canal de Isabel II de Madrid con su exposición más ambiciosa, 'Dios iberoamericano', centrada en el fenómeno religioso que hermana a América Latina con España

Puente Genil (España, 1991)./
Puente Genil (España, 1991).
Antonio Arco
ANTONIO ARCO

En una de las 150 fotografías -algunas de un tamaño mural espectacular- que integran la exposición 'Dios iberoamericano', aparece una pintada sobre una harapienta pared de una modestísima vivienda de San Francisco de Macorís, en la República Dominicana. Atención a cómo mezcla lo divino con lo terrenal, la fe con el pisar tierra, lo eterno con la salud nuestra de cada día, que si falta es una putada de dimensiones cósmicas. Se lee: «Dios es nuestro guía. No fume». ¡Advertido queda! 'Dios iberoamericano', que hasta el 14 de febrero de 2018 puede disfrutarse en la prestigiosa sala de exposiciones del Canal de Isabel II, en Madrid, es el título de la nueva exposición de Juan Manuel Díaz Burgos (Cartagena, 1951), quien recientemente -en el marco de PhotoEspaña- recibió el Premio Bartolomé Ros 2017 en reconocimiento a su trayectoria. La muestra, que suma al valor artístico su poderoso testimonio documental y antropológico, está comisariada por Chema Conesa, quien además se ha responsabilizado del montaje de la misma junto al también fotógrafo y diseñador cartagenero José Luis Montero.

América Latina y España, dos mundos y una misma fe con diferentes vestimentas y pieles, sudarios, ardor, destinos históricos, rigores cotidianos, miedos, santorales y vivencias ante el hecho siempre abrupto de la muerte, esa puerta hacia el Más Allá. En 'Dios iberoamericano' habitan el frío y los tatuajes, las mulatas, los nazarenos negros con barrigas como ballenas, y un ángel de Salzillo pintado en un grafiti por dos jóvenes que no dan la impresión de haber sido monaguillos de misa diaria. Y podemos encontrarnos en la muestra con besos furtivos, indígenas sin la menor duda, enfermos en espera de un milagro, una beata en los puros huesos cuya cabeza coronan unos rulos, unos ángeles purísimos pero de carne y hueso jóvenes; otro joven negro, disfrazado de Rey Baltasar, que parece más Rey Baltasar que el propio Rey Baltasar; un Niño Jesús para comérselo, una cabeza de toro, calaveras que no falten, otra Virgen pintada en una vespa, mujeres que suspiran como si llegase el fin del mundo, altares domésticos cuajados de flores, ruinas maravillosas como las de Chichén Itzá, unas vecinas orando que parecen recién resucitadas de entre los muertos...

1. San Fernando (México, 2011). | 2. Baena (Córdoba, 1990). | 3. Bello costero (República Dominicana, 2011).

Díaz Burgos está feliz con esta nueva exposición -«reconozco que me ha impresionado mucho verla montada»- que se ha inaugurando finalizando un año que le ha sido propicio. Le da las gracias «a todas aquellas personas que aparecen en estas fotografías, realizadas a través de treinta y cinco años de trabajo. Desde el norte de España hasta las mágicas tierras peruanas». Y, muy especialmente, «a Mercedes, mi compañera, por haber sido siempre un estímulo, por aguantarme y por compartir tantos años de pasión y amor a la fotografía, a la vida. Más de un año y medio de preparativos y trabajo, donde hemos estado compartiendo día a día. Un proyecto que ha sido un honor para mí, del que salgo enriquecido y lleno de agradecimiento hacia todos».

«América Latina y España, dos mundos y una misma fe con diferentes vestimentas y pieles, ritos, sudarios, ardor, santoral...»

«Esta nueva exposición», cuenta su autor, «nace desde la necesidad de contar, a través de dos imágenes presentadas en forma de dípticos, las confluencias que, a través de la cultura y el paso del tiempo, el viejo mundo -España- ha mantenido, teniendo en cuenta los diferentes mestizajes, con el nuevo mundo -América Latina-». «Yo no muestro una serie de fotos de corte religioso de manera individual, por muy interesantes que algunas pudieran ser», aclara el fotógrafo.

Imágenes en blanco y negro, imágenes que parecen interpelarse unas a otras, conocerse, compartir anhelos, y en las que conviven de mil maneras superstición y espiritualidad. Ambas, indica Luis Iruela en el catálogo de la muestra, «comparten un mismo origen: el temor por el desamparo ante el silencio del universo». Desamparo ante el que en muchas ocasiones se recurre a la plegaria; por si acaso, por si está de Dios o de la Virgen o de algún santo compasivo; la plegaria que «se fundamenta en un sentimiento de fe en la existencia de un Ser omnipotente que dirige y protege nuestros pasos».

«¿Qué haría yo sin una cámara?», se pregunta Díaz Burgos sabiendo como bien sabe la respuesta. Imposible imaginárselo. «Lo que más me interesa es reflejar la vida, ese gran misterio», dice sin dudarlo.

1. Cuzco (Perú, 2009). | 2. Cachoeira (Brasil, 2009). | 3. Cartagena (España, 1982).

-¿Qué destacaría de su quehacer fotográfico?

-Que no solo me divierto mucho haciendo mi trabajo, sino que, además, este me proporciona un importantísimo enriquecimiento humano.

En 'Dios iberoamericano' habitan también sombras humanas irreconocibles, casi diluidas en el olvido. Y coronas de espinas, calles polvorientas, dolor rabioso, dolor resignado, dolor que causa dolor verlo, ancianos con rostros de pastores de Portal de Belén, espejos que reflejan vidas de una austeridad casi mísera. Y un sencillo vaso de agua lleno, rebosante de vida en su interior como un cáliz abstemio, ceremonias religiosas a todas horas del día, sublimación del misterio, frutas tropicales, incienso, calles empedradas, nazarenos, manolas, tronos, folclore de mar y de montaña, disparate, barroquismo, y una imagen, tomada en Cartagena en 2016, del obispo José Manuel Lorca Planes en pose señorial, atento siempre a los designios del Cielo que tantas veces se olvida de nosotros.

«No solo me divierto mucho haciendo mi trabajo; además, me aporta enriquecimiento humano», dice el artista

Quien se anime a visitar 'Dios iberoamericano', comprobará cómo se enfrenta, según explica Francisco J. Sánchez Montalbán -otro de los prologuistas de la exposición-, a «una experiencia visual» llamada a conquistar su mirada y su deseo de comprender, incluso aquello que escapa a la razón al son de los tambores, los cánticos, los cirios encendidos, las heridas... «Bienvenidos», indica Montalbán, «a esta aventura sobre la cultura religiosa» que nos permitirá «descubrirnos iberos o americanos a través de este inteligente ensayo fotográfico de Díaz Burgos».

Estallido

Su universo creativo, durante muchos años tan solo en blanco y negro, y casi siempre extraño como si estuviese a punto de estallar una tormenta, se ha mezclado durante años con los andares y los deseos de sus retratados, muchos de ellos también españoles. De aquí y de allá, pobre gente, gente pobre, gente hermosa, alegre gente, rostros enormemente dignos, modelos en su práctica totalidad anónimos, fiestas, tradiciones, baños en el mar, desamparos, ternura, santería, soledades, sexo a escondidas, cuerpos en celo, cuerpos heridos, violencia...; Díaz Burgos retrata la vida porque no podría vivir la suya propia de otra forma.

Lo que presenta el fotógrafo cartagenero en la Sala Canal de Isabel II es «un trabajo sobre la cultura, los ritos y los comportamientos humanos», un «ensayo fotográfico y artístico a través de la composición de dípticos narrativos, expresivos y documentales que con un compromiso intelectual sitúa continuamente al espectador ante el dilema de desvelar su significado». Tiene razón Montalbán, «la fotografía documental de Díaz Burgos, que tanto ha hablado de la vida en el Mediterráneo o en el Caribe, concreta en esta ocasión dos mundos paralelos, dos posibles culturas relacionadas, de dualidades palpables que se buscan la una a la otra. Su visión fotográfica, que tanto debe al instante, al encuentro e inspiración sobre la realidad y el momento, origina en este trabajo un territorio desde la mirada posterior, desde la fotografía meditada y reflexiva que el fotógrafo va produciendo a partir del instante rescatado, comparado y lúcido». «Como un buscador de secretos», en efecto, «el fotógrafo recorre sus archivos con la cámara en el recuerdo interior, con los conceptos y las atmósferas en la memoria, recordando los momentos, duplicando sus posibilidades, indagando sus semejanzas, posando la atención en fragmentos comparados capaces de multiplicar las escenas. Con todo ello, y a través de imágenes verdaderamente tentadoras, articula una narrativa nueva».

1. Cartagena (España, 2012). | 2. Balconcillo (Perú, 2009). | 3. Sevilla (España, 2007).

Esta exposición estaba llamada a hacerse realidad algún día, porque la obra de Díaz Burgos está repleta de aspectos religiosos. «El rito, la fiesta religiosa, la Navidad o la Semana Santa, romerías locales y actos como procesiones, santerías, rituales de paso, actos matrimoniales, etc., encuentran en sus álbumes importantes referencias a las formas culturales que distinguen al ser humano», indica Montalbán.

Logra Díaz Burgos con naturalidad enseñar a través de sus fotografías un mundo de sigilos en el que tienen cabida las historias de huidas y esperanzas. Uno de los autores más interesantes incluidos en la 'Biblioteca de Fotógrafos Españoles' de La Fábrica, disfruta especialmente cuando su cámara capta el estallido de los sentidos y los quehaceres cotidianos de los protagonistas de sus imágenes, en las que lo que hay por encima de lo anecdótico son historias que parecen cobrar vida cuando se las observa.

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