Ana Obregón: «Si en algo creo que he triunfado de verdad, es como madre»

Ana Obregón llega este miércoles a la Región para interpretar, en el Teatro Circo Apolo de El Algar, la aplaudida comedia 'El contador del amor'. / Jesús Cordero

Habituada al éxito y a una enorme popularidad desde hace décadas, este miércoles se sube al escenario del pequeño Teatro Circo Apolo de El Algar para representar 'El contador del amor', Premio Molière 2010

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Coge veloz el móvil. Una en punto de la tarde. Responde a la llamada de 'La Verdad'. Lo hace como si te conociera de toda la vida: cercana de veras, simpática sin trampas, natural como Ana Obregón misma, con esa naturalidad suya de caramelo apetitoso pero algo recargado de azúcar. Un caramelo despampanante. Un caramelo que, reconozcámoslo, ha vuelto locos a niños y a mayores de todas las profesiones o algo parecido: deportistas, actores, condes, empresarios, vividores sin más, alguno que pasaba por allí, guapos de revista... Actriz, sí; la también bióloga de formación Ana Obregón (Madrid, ¿1960?) es actriz. Y empresaria de éxito en envidiables audiencias, y escritora ocasional, y presentadora que garantiza la atención del público, y 'sex symbol' a prueba de años, incluso de décadas e incluso de Bo Derek -¿la recuerdan? Popular como solo lo es ella sola, 'Ana y los siete', Ana de España y Ana a veces hasta cuando ni se le espera, Ana Obregón es eso mismo, Ana Obregón, y punto. Dices Ana Obregón y ya está todo dicho: la hemos visto reírse muchísimo, llorar a veces, enfadarse muy de tarde en tarde, triunfar una y otra vez, dar las campanadas junto al de la capa, o sea Ramón García, e incluso dar el cante. Y la hemos contemplado de cuerpo entero. Bien vista. Desnuda sobre un manto de pétalos de rosa, desnuda apenas envuelta lo mínimo con la bandera de España y montada como una Mariana Pineda de Madri(z) sobre unos tacones rojo-pasión...; en fin, ya saben de lo que les hablo. Vitalista hasta la extenuación. Cañera. El mundo por montera. Familiar de un modo envidiable: la adoran sus padres con una adoración a prueba de bombas mediáticas. Les cuento: el próximo miércoles -11 de octubre- como Ana Obregón solo hay una, se subirá al escenario del singular Teatro Circo Apolo de El Algar -diputación de Cartagena- para representar, a las 21.30 horas y junto a Elías González y César Lucendo, que también dirige la función, 'El contador del amor', la obra con la que el dramaturgo tunecino Eric Assons ganó en 2010 el Premio Molière a la mejor comedia del año en Francia. A propósito de su obra, reflexiona así el autor: «Es tan peligroso, como poco aconsejable, tener al cónyuge como confidente. Que la sinceridad, sea la base en un pareja, no es más que un espejismo. Y si no fíjense en Diana y Agustín, tras años de un feliz matrimonio, deciden confesarse sus aventuras extra-conyugales. Es el comienzo de una profunda crisis, llena de sospechas legítimas, acusaciones de todos los colores y celos explosivos. Pues ninguna mentira está exenta de consecuencias. Así como ninguna verdad está exenta de peligros. Pero al final, la confianza dentro de la pareja debería ser solo mera ilusión... Es, sin lugar a dudas, la condición elemental para mantener la paz en el hogar conyugal».

Sí, Ana Obregón habla por el móvil como si te conociese de toda la vida alegre a la que ella ha tratado de exprimirle hasta la última gota de sentimiento y diversión. «¡Antonio, hola, discúlpame! Estoy tratando de aparcar, hijo mío. ¿Me disculpas tres minutos y hablamos más tranquilamente? ¡Gracias, gracias, ay Señor! Dejo pasar diez minutos en punto. Llamo de nuevo.

Sobre quienes no la toman en serio: « Me río y digo: 'Hay que ver los pobres lo mal informados que están'. Yo he tenido mucho éxito, sí, un éxito que me he ganado yo con mi esfuerzo y con mis ideas, y de tonta está clarísimo que no tengo un pelo»

De los políticos españoles: «Aquí lo que pasa es que, como digo yo, las víctimas somos el pueblo y los culpables son los políticos que tenemos, que son unos incompetentes»

De su relación con el público: «Tengo la suerte de poder vivir de mi pasión: la interpretación. Me entrego igual ante cinco millones de espectadores que ante cinco. Respeto mucho al público que confía en mí»

-¿Logró aparcar ya?

-¡Conseguido, todo solucionado! ¡Soy toda tuya!

-Uuummm... ¡Vaya, no sé si me merezco tanto!

-[Risas] ¿Va todo bien?

-Por lo menos, de momento, voy a hablar con usted, que siempre me ha transmitido buen rollo.

-Pues, muchas gracias, porque eso es hoy muy necesario: gente que, en vez de dedicarse a intentar amargarnos la vida, nos transmita buen rollo y nos ayude a estar de buen humor. Detesto enfadarme, así es que huyo de estarlo.

-¿Qué percibe a su alrededor?

-¡Madre mía, qué tristeza tan grande, se lo digo de verdad: una tristeza total! Veo malhumor, tensión, nerviosismo. No vamos bien así, ya se lo digo yo. No vamos por buen camino, rectifiquemos.

-Defíname lo que está pasando.

-España vive una crisis a nivel humano que parece mentira que se haya producido. No es una crisis política, no, no, es más peligroso: ciudadanos enfrentados a ciudadanos. ¡No, hombre, por favor, no nos dejemos liar! Ya no sabes qué pensar.

«Me encanta Cataluña»

-¿Y qué tiene que decir?

-Que soy muy española y que me encanta Cataluña. Eso que se llama el 'problema catalán' no es nuevo, viene de muy largo porque, como no ha habido diálogo, no se ha solucionado. Aquí lo que pasa es que, como digo yo, las víctimas somos el pueblo y, por supuesto, los culpables son los políticos que tenemos, que son unos incompetentes.

-¿Por qué se enroló en la aventura de 'El contador del amor'?

-Esta obra llegó en el momento oportuno. Después de tantísimos años, casi tres décadas, teniendo la suerte de poder permitirme el lujo de hacer un montón de series de televisión, de programas y de películas con grandes directores como [Luis García] Berlanga, Vicente Aranda, Gonzalo Suárez, [Fernando] Trueba..., probé el teatro con 'Sofocos', la obra con la que estuvimos un año y medio de gira brutal con muchísimo éxito, y descubrí que es cierto que un actor, una vez que prueba el teatro, se queda ya pillado para siempre. Y pillada estoy.

-¿Cómo afronta usted cada representación?

-Con mucha humildad, porque yo nunca me he creído que soy la mejor, ni que lo sé todo, ni que 'aquí estoy yo porque lo valgo', ni que de verdad soy 'Anita la fantástica' [risas]. Yo me entrego a mi trabajo con mucha pasión, pero también con mucha humildad. Fíjese que hasta mis compañeros en esta obra se enfadan conmigo y me regañan porque en los saludos yo me voy enseguida porque me da vergüenza. «¡Pero, Ana, estate ahí quieta un momentito!», me dice el director. Yo tengo ya bastante con dar las gracias a la vida por haberme permitido dedicarme a mi gran pasión: la interpretación. Soy muy consciente de que es lujo poder ganarte la vida con lo que verdaderamente te gusta, y que haya sido así desde hace tantos años. Cuando acepté interpretar esta obra, estaba viendo a ver por cuál de los proyectos que me habían ofrecido me decidía. Hay algo que te da la edad: saber lo que no quieres, que creo que es más importante que saber lo que quieres. Yo busco ya trabajos que para mí sean un reto, y no tener que volver a hacer lo de siempre, que no me pone nada como actriz. Me llegó 'El contador del amor', que es premio Molière de teatro, me gustó mucho y dije: «Madre mía, yo tengo que hacer esto porque es una comedia fantástica con un humor inteligente, sin chistes fáciles, ni groseros». Me enamoré totalmente de este texto. Me subo al escenario y estoy una hora y media sin bajarme de allí con un ritmo impresionante, ¡todo un reto! Estoy como una niña con zapatos, ¡de tacón!, nuevos.

-¿Y qué tal?

-Fenomenal, no llevamos ni un mes de gira pero hemos estado en todas partes.

-Ah, ¡milagro entonces!

-[Risas] Bueno, a ver, en todas partes tampoco. En Zaragoza, en Granada, en Zamora, en Tres Cantos...; llenando en todos sitios.

-¿Qué tiene claro?

-Que lo ya hecho, hecho está. Y que la edad te da una sabiduría y una experiencia estupendas que, en mi caso, yo utilizo también a la hora de interpretar. Es buenísimo cumplir años, sí, sí.

-¿Qué le han enseñado?

-Para mí, desde siempre, lo verdaderamente importante han sido mis raíces: mi familia, mi hijo y mis verdaderos amigos de siempre que siguen ahí. Lo demás es secundario. Con los años, he ido reafirmándome más y más en esa convicción. En nuestra sociedad predomina lo superficial, la búsqueda de la felicidad en cosas exteriores: estar enamorado, tener éxito...; el éxito lo conozco bien porque mis series y mis programas han conseguido un 40% de 'share'. Y todo eso no te da la verdadera felicidad, ¡qué va! La verdadera felicidad la encuentras cuando estás en paz contigo mismo y has aprendido a escuchar y a poner orden en tu interior. Yo, ahora, tengo una felicidad que nada ni nadie me va a poder quitar porque está en mi interior.

«Me gustaría parar el tiempo»

-Si usted pudiera, ¿qué?

-Ahora mismo estoy en un momento en el que, si pudiera, me gustaría parar el tiempo. Mis padres se han hecho mayores, como es ley de vida porque todos tenemos un tiempo limitado para estar aquí, y quisiera que siempre estuviesen a mi lado. «¡Virgencita, que me quede como estoy, te lo pido por favor!». Pero el tiempo no se puede parar, así es que lo que nos queda es ser positivos y tratar de encontrar el lado bueno hasta en lo más negativo; en la vida hay que saber darle la vuelta a la tortilla. Bueno, lo primero de todo es saber hacerla [risas].

-¿Nostálgica?

-No. Yo no he perdido nada, porque los recuerdos positivos viven conmigo. La gente que es negativa siempre se está acordando de lo malo, pero yo lo que he intentado, y conseguido porque me lo he trabajado bien trabajo para que así sea, es lo siguiente: le he dado la vuelta a las experiencias negativas y ahora estoy llena de recuerdos positivos. Como un ordenador, he borrado todo lo negativo y ya está. Vivo en paz.

-¿A qué se niega?

-A perder el sentido del humor, que es muy importante. Pero, vamos a ver, ¡si esto de vivir es un suspiro! Hay que disfrutar de la vida, y claro que soy consciente de que es fácil decirlo cuando tienes salud y trabajo, y no tanto cuando no es así. Pero creo que la vida se merece que la amemos siempre.

-¿Qué tipo de gente no le gusta nada?

-La prepotente. Y no hay que confundir la prepotencia con la fortaleza, ¡eh!

-¿Qué valoración hace de sus experiencias amorosas?

-Con el amor, mis experiencias han sido maravillosas porque he querido a gente que considero una suerte que hayan estado en mi vida, aunque no haya podido ser el seguir caminando junto a ellos. Cuando nos hemos separado, yo he procurado hacerlo sin amarguras y sin resentimiento. Hoy, más que nunca, me niego al resentimiento y tengo muy claro que no voy a juzgar. Las palabras juzgar y odio no entran en mi vocabulario. Y, en estos momentos, me da igual si el amor vuelve o no vuelve a venir a mi vida. Si no viene, no pasa nada. Amo a mi familia, a mis amigos y a mi profesión, que son amores más duraderos [risas]. Y mantengo un romance dulce conmigo misma. Creo que estoy en la etapa de mi vida más plena, en ese período que me permite disfrutar mucho de todo lo que tengo, de lo que he conseguido y, sobre todo, de mi hijo, que es una maravilla. Una pareja no te garantiza la felicidad. Además, ahora dispongo de tiempo para mí y tengo claro lo agradable que es no tener que dar explicaciones a nadie.

-Interpretará 'El contador del amor' en el Teatro Apolo de El Algar, un bombón de espacio escénico con un aforo muy familiar.

-¡Encantada! Yo me entrego igual ante cinco millones de espectadores que ante cinco. Respeto muchísimo al público que confía en mí.

-¿Cómo lleva que haya quien piense de usted que es una mujer frívola, o incluso, tirando de prejuicios, directamente tonta?

-Me río y digo: «Hay que ver los pobres lo mal informados que están». A mí, ninguna tontería ni ningún pensamiento machista me van a amargar la vida. Yo he tenido mucho éxito, sí, un éxito que me he ganado yo con mi esfuerzo y con mis ideas, y de tonta está clarísimo desde hace 'muchiiiísimo' que no tengo un pelo. Tampoco es que esté yo muy pendiente de lo que digan de mí quienes no me conocen de nada. Y, además, desde antes de cumplir los 20 años ya tenía clarísimo que, en este país, si eres mujer, para que te tomen en serio tienes que ir, como mínimo, con la falda por debajo de las rodillas.

-¿Su mejor interpretación hasta la fecha?

-¡Uy, no sabría decirle! Lo que sí tengo muy claro es lo mejor que he hecho en mi vida: tener a mi hijo, de eso es de lo que me siento más orgullosa y lo que más felicidad me da. Si en algo creo que he triunfado de verdad, es como madre. Para hacer de mi hijo el hombre absolutamente maravilloso que hoy es, he tenido que hacer de madre y de padre contra todos y contra todo, pero está mereciendo tanto la pena, lo quiero tantísimo, que por su felicidad no dudaría ni un solo segundo en renunciar a todo.

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