Retrato de una generación desde el disparate

Gustavo Salmerón y su madre, Julita, en un momento del rodaje de la película./R.C.
Gustavo Salmerón y su madre, Julita, en un momento del rodaje de la película. / R.C.

El actor Gustavo Salmerón convierte a su madre, Julita, en la protagonista de la divertida 'Muchos hijos, un mono y un castillo'

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

«Nunca me podía imaginar que con 82 años iba a salir en televisión, pero ha llegado mi momento», dice risueña Julita Salmerón. Ella es la protagonista absoluta de 'Muchos hijos, un mono y un castillo', la primera película como director de su hijo, el actor Gustavo Salmerón, un documental sobre las peripecias de una peculiar familia, la de ambos, que se convierte, por obra y gracia de Julita, en una comedia más que divertida que evoca a la 'Carmina' de Paco León.

Todo empezó hace 14 años. En aquella época, Julita tenía muchos hijos (seis), ya había vendido el mono que compró (su sueño desde niña) y conservaba su castillo (sí, la familia era propietaria de un castillo). En los alrededores del castillo vagaban decenas de animales, uno de ellos, un cerdo llamada 'Lupita' que pesaba 250 kilos, un problema de obesidad que compartían animal y dueña: Julita no oculta que está gorda y que por las noches, si no encuentra la dormidina, se come un bocadillo de chorizo. «Mi madre decidió entonces que había que matar al cerdo. Grabé aquello, fue muy triste. Ella empezó a reflexionar sobre el tocino, decía que se sentía identificada con él y me pareció que había material para una película», cuenta Gustavo.

Con el cochino como inicio y la búsqueda de las vértebras de una bisabuela como hilo conductor, la película se convierte en el «retrato de una generación desde el disparate», asevera el cineasta. Julita, un torbellino, reflexiona sobre la familia, el amor, el matrimonio, la guerra civil, la historia de España, el dinero, la religión... El espectador asiste incrédulo a una sucesión de situaciones que en una obra de ficción resultarían poco creíbles y que, siendo la protagonista de Cuenca, en algún momento recuerdan a las películas de Almodóvar, a 'Amanece que no es poco' o al humor 'chanante'.

«Esta generación ha sufrido mucho, pero también saben agarrarse a las cosas buenas de la vida», explica el director. «Empecé a grabar porque vi que en las frases de mi madre había verdad. Lo que en el cine solo logran grandes actores como Meryl Streep, la verdad, ella lo consigue a la primera», explica.

La película muestra a una familia tal como es, con su grandeza y también con su lado oscuro, pero la actriz asegura que nunca sintió vergüenza por desnudarse metafóricamente en una pantalla de cine. Ella, la matriarca de una familia de clase media-alta que sufre la crisis económica del 2008 como cualquier hijo de vecino. «La vida es así y cuando surgen los problemas, hay que solucionarlos. Lo que he descubierto en los últimos años es que la vida no es solo materialismo, lo material te ata. Son más bonitas la sencillez, la humildad. No me ha resultado triste exponer mis problemas económicos. Esta situación me ha depurado y me ha hecho ser mejor de cara al futuro», explica Julita.

Hasta ahora, el paso de la película por los festivales ha sido casi triunfal. Aplaudida en la última edición de San Sebastián, el espaldarazo definitivo llegó con el premio a mejor documental en el Karlovy Vary, un galardón que repitió después en el Hamptons International Film Festival. Además, está nominada para los Premios Feroz y aspira también a rascar varias nominaciones en los próximos Goya.

Pero sobre todo, ha servido para que comience a funcionar el boca a boca, algo en lo que confía el director para hacerse un hueco en la cartelera este próximo fin de semana (la película se estrena el viernes, el mismo día que la nueva entrega de 'Star Wars'). «En Toronto me dijeron que yo representaba a la 'madre española'. Qué dos palabras tan bonitas. La gente me tocaba como no me había tocado nunca mi marido».

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