«Me caeré de culo el día en que escuche a un político decir la verdad»

Ricardo Darín, ayer, en San Sebastián. / Reuters

Ricardo Darín, primer latinoamericano premiado con el Donostia, es el presidente argentino en 'La cordillera', que se estrena el viernes

O. BELATEGUIS AN SEBASTIÁN

Ricardo Darín es el primer latinoamericano galardonado con el Premio Donostia. Darín (Buenos Aires, 1957) presenta en el Festival de San Sebastián 'La cordillera', una intriga política dirigida por Santiago Mitre que se estrena en los cines este viernes. En la película encarna al mismísimo presidente de Argentina, que se juega el futuro energético del país en una cumbre de dignatarios de Centroamérica y Sudamérica de la que saldrá una alianza petrolífera. 'La cordillera' mezcla el desarrollo del encuentro con los problemas familiares del protagonista, cuya hija inestable contribuye a añadir tensión a la cumbre.

-¿Nos podemos fiar de la cercanía de los políticos?

-Esa es su excusa, su eslogan. Muchos de ellos tienen asesores de imagen que están permanentemente tratando de corregirles rumbos. Y los eligen por sectores: edad, condición social, género... Cuando escucho ese tipo de cosas me pregunto: ¿y si pruebas a decirme únicamente la verdad? Creo que me caería de culo el día que un tipo de estos se plante ante la cámara y diga la verdad, que no tiene la más puta idea de lo que está haciendo. Que compartiera las dudas con todos, ¿qué les parece si hago esta o tal cosa? Sería genial. Elegimos a unos políticos que nos representan, que van a decidir el futuro de nuestros hijos. ¿Y de qué dependemos? ¿De que elijan bien su discurso? ¿De que la idea esté bien maquillada?

-¿Los políticos son malos actores?

-No solo a ellos. Hay políticos que son expertos en gestualidad, otros en la voz... Los actores desarrollamos una capacidad de forma involuntaria para detectar cuándo algo está fuera de tono. Por eso nos cuesta tanto creernos a nosotros mismos cuando nos vemos en pantalla. A nadie le cuesta más creerse un personaje que al que lo construyó.

-Sobreactuar también da réditos, ahí está Donald Trump.

-Trump es un experto en decir cosas por las que le cagaríamos a patadas, pero por algún extraño motivo encuentra seguidores. Hay mucha gente que está de acuerdo con esa forma cruenta de decir las cosas. Ha vuelto John Wayne a la escena, irrumpe el chico malo de la clase. Y los demás lo vemos con espanto.

-'La cordillera' demuestra que la injerencia de EE UU en Sudamérica va más allá de la política.

-El enviado de la Casa Blanca en la película lo dice: ellos inventaron este juego. EE UU tiene una política de invasión económica, militar... ¿Pero cómo podríamos sacarnos de encima el gran aporte cultural que el cine americano, sobre todo el de los 70, ha hecho al mundo?

-'La cordillera' habla del esfuerzo de países americanos por unirse mientras Europa se resquebraja.

-Admiro a la gente que forma parte de un grupo, a mí nunca me ha salido bien. Si las relaciones entre personas son complicadas, imagínate entre países. La clave es tratar de focalizar el mundo que viene. ¿Hacia dónde va el mundo? La concentración de la riqueza cada vez más perversa dejará fuera del sistema a más gente. Creemos que estamos a salvo porque tenemos representantes que nos defienden. Y de repente se sube un tipo como el de 'La cordillera' y tira un misil...

-Le preguntaba lo de Europa resquebrajándose porque en España...

-Vengo de otro país y me dirán que me meta en mis cosas. Pero sí que voy a decir algo: me gustaría que no se dejara de lado la opinión de la gente, que el ciudadano tenga oportunidad de expresarse. No hay que olvidarse de escucharle. La verdad la tiene el pueblo. Que la gente opine no significa que el agua nos llegue al cuello. Solo buscar el bien común dentro de una democracia.

-En su día dijo no a Tony Scott y Denzel Washington porque no quería hacer de narco latino. ¿Mantiene esa misma actitud?

-No es una cuestión de actitud. Gracias a aquello me he ganado una reputación absolutamente injusta de antiyanqui, antiHollywood. Y yo no soy antinada, me he criado viendo películas americanas. Lo que pasó es que me ofrecieron dos cosas que no me interesaron. Estaba en España desde hacía meses y lo único que quería era volver a Buenos Aires con mi mujer y mis hijos. Me felicito por haberme escuchado a mí mismo, es muy difícil en este ambiente atender a lo que te haga feliz y no a lo que los demás te dicen que tienes que hacer. Tampoco me perdonaron en Argentina que no fuera a recoger el Oscar por 'El secreto de sus ojos'. Lo tomaron por una falta de respeto, un acto de desinterés.

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