«¿Que Cataluña no se vaya de España? Ellos tienen que decidir»

La actriz Adriana Ozores. / Lobo Altuna
La actriz Adriana Ozores. / Lobo Altuna

Adriana Ozores Actriz. El sábado representa en el Romea 'La cantante calva' dentro de la Semana Grande de Cajamurcia

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Es el nuevo reto escénico que ha cogido entre sus brazos Adriana Ozores (Madrid, 1959): interpretar 'La cantante calva', de Eugène Ionesco, una de las cimas del denominado teatro del absurdo. ¡Y tanto! En esta obra no hay cantante que valga, ni el menor rastro de ella. Debió de morir en combate, virgen de solemnidad, como todo un hombre de pelo en pecho lobo, que no sobre su cabeza, con toda seguridad atestada de pájaros seminaristas, porque a la cantante de la que estamos hablando la posee una calva sobre la que -y más todavía si la masajeamos un poco con aceite de almendras recién importadas de La Mancha a lomos de un ballenero ruso- pueden patinar, todos a la vez, las fuerzas aéreas de la OTAN y el obispo de Mondoñedo, cargo para el que se bajó del trapecio y abrazó la fe luterana. Ni cantante, ni mucho menos cantante calva hay en esta obra de Eugène Ionesco que pertenece al mejor -y más extraño e incómodo- teatro del siglo XX y que logró, con todo merecimiento, situarse en el mismo barco que 'Esperando a Godot', de Samuel Beckett, considerada la madre del cordero patagónico. En 'La cantante calva', estrenada en 1950 y que no ha perdido un ápice de su traviesa genialidad y de su cachondeo trágico, los protagonistas son, en la Gran Bretaña señorial, dos matrimonios acomodados, una criada disparatada y un bombero, en plan Indiana Jones pero con el cerebro echándole humo, en busca del fuego perdido.

La obra, dirigida por Luis Luque y con un reparto que incluye, entre otros, a Fernando Tejero y a un excelente Joaquín Climent, pudo verse en agosto pasado en el Festival de Teatro, Música y Danza de San Javier, donde Ozores -ella da vida a la señora Smith- dejó clara su maestría y su don para cautivar manejando a la perfección un texto que brilla rutilante y descabellado, destilando una mezcla de humor ácido y vibrante y de tristeza soterrada e infelicidad. En un momento dado, uno de los personajes, el bombero, cuenta: «Un ternero había comido demasiado vidrio molido. En consecuencia, tuvo que parir. Dio a luz una vaca. Sin embargo, como el becerro era varón, la vaca no podía llamarle 'mamá'. Tampoco podía llamarle 'papá' porque el becerro era demasiado pequeño. Por lo tanto el becerro tuvo que casarse con una persona y la alcaldía tomó todas las medidas promulgadas por las circunstancias de moda». Adriana Ozores ríe al escucharlo.

Obra
'La cantante calva'. Autor: Eugène Ionesco. Intérpretes: Adriana Ozores, Joaquín Climent, Carmen Ruiz, Fernando Tejero, Javier Pereira, Helena Lanza. Dónde y cuándo: Teatro Romea, sábado 7 de octubre a las 21.00 horas. Entradas: 29, 25 y 19 euros.

«No me canso más ahora que cuando era joven. Creo que manejo mejor mi energía»

-¿Qué recuerda de su actuación en el Festival de San Javier?

-Que no fue una noche más. El día estaba siendo duro, tras el atentado [yihadista] en [las Ramblas] de Barcelona. Me sentía muy rara, creo que como todos. Antes de la representación, mis compañeros y yo estábamos muy afectados. Pero, una vez más, se cumplió eso de la 'representación debe continuar'. Y, aunque pienses que no vas a ser capaz de salir a escena y hacer tu trabajo como debes, la concentración tan extrema que exige el teatro hace que se te olviden todos los problemas.

-Y unos meses después, Barcelona, toda Cataluña, sigue centrando nuestra atención...

-...desgraciadamente, así es.

-¿Cómo vive usted lo que allí está sucediendo?

-Con mucho dolor, sinceramente. Estuve allí hace muy poquito, presentando 'Velvet colección' [serie de Movistar +], y coincidió con una gran manifestación. Vivo con mucho dolor lo que allí está pasando porque no puedo entender cómo es posible que la gente no tenga derecho a opinar con respecto a una cosa. No me cabe en la cabeza. Lo demás, bueno, habrá que hablar, claro, ¿pero se nos va a quitar el derecho a opinar sobre lo que creemos mejor para nuestra vida? También es cierto que no tenemos ninguna suerte con nuestros políticos, y que no debemos ser, los ciudadanos, ingenuos con respecto a sus intereses. Los políticos que tenemos no piensan en lo mejor para nosotros. ¿Que si quiero yo que Cataluña no se vaya de España? Mire, ellos tienen que decidir. Pongamos el ejemplo de un matrimonio: si uno de ellos se quiere ir, el otro va a tener que aguantarse, ¿no? ¿O qué va a hacer? Además, eso es democracia: aceptar lo que quiere la mayoría, siempre y cuando se dé una mayoría.

-¿Por qué se está haciendo tan complicado dialogar, razonar, escuchar..., todo ello sustituido por la confrontación y poco más?

-Pues porque no hemos salido todavía, desgraciadamente, de la Torre de Babel. Y otra cosa más: nos dedicamos a retroalimentarnos con malas energías, con todo lo negativo que se da en nuestra sociedad, cuando también se producen hoy cosas maravillosas a nivel científico y en otros muchos órdenes de la vida. Pero de lo positivo no se habla o se habla muy poco, empeñados como estamos en avivar esas energías negativas de las que le hablo.

-Hagamos algo, ok. ¿Qué?

-Casi todo pasa por hacer el ejercicio de ponerse en el lugar del otro, de intentar comprenderlo, conocerlo y saber sus circunstancias. Mi trabajo, gracias a Dios, consiste precisamente en eso y a mí me ha ayudado mucho no solo a crecer como actriz, sino a vivir con los ojos más abiertos a otras realidades. Creo que saber escuchar es fantástico, una herramienta muy útil para aprender, porque o aprendes tú por las buenas o, al final, la vida procurará que lo hagas a base de darte collejas.

-¿Y qué ha aprendido usted?

-La gran lección que a mí me ha dado la vida es que hay que aprovechar el momento, disfrutar de lo que en este mismo momento tienes delante. ¿Qué sentido tiene quedarse en lo que fue o esperar lo que será?

-¿Qué agradece?

-Agradezco la cultura, el arte, la literatura, el teatro. Me dan consuelo, me dan alegría, conocimiento, me ayudan a hacerme preguntas y hacen que sienta admiración por mis semejantes.

-¿Qué no le molesta?

-Estar a solas conmigo misma.

-¿Y por vencer qué miedos le quedan?

-Todos los miedos, sí, sí, pero el lado positivo es que no tiro la toalla y sigo luchando por vencerlos.

-¿De qué no se olvida?

-De que también está en mi mano contribuir a mejorar este mundo. Y más, cuando dentro de mi profesión soy una privilegiada a la que no le faltan ni el trabajo, ni los proyectos. Ni tampoco las ganas de afrontar retos. Interpretar 'La cantante calva' lo es, porque es un trabajo muy difícil. Cada representación es un reto.

-¿Qué le resulta muy curioso?

-[Risas] Comprobar que no me canso más ahora que cuando era joven, por ejemplo. Creo que ahora manejo mejor mi energía que entonces. Recuerdo que hace años me cansaba más, y está claro que no es porque entonces tuviera más energía que ahora, sino porque he aprendido a manejarla y a dosificarla mejor. En general, ahora sé manejar también mucho mejor mi tiempo.

-¿No está cómoda en este mundo?

-No, no. Es un mundo muy convulso y, por otro lado, como antes le comentaba, demasiado mediatizado por la atención que le prestamos a todo lo negativo. Y esa negatividad general, lógicamente, desanima y crea malestar.

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