Benigno Pendás: «En España tenemos una muy buena sociedad y funciona la democracia»

Benigno Pendás, director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. /Patricia Bregón
Benigno Pendás, director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. / Patricia Bregón

El director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales y consejero de Estado participa esta tarde en Murcia en la presentación del ensayo '¿Quién dijo populismo?', de Enrique Ujaldón y Alfonso Galindo

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Dice, con respecto a la situación en carne viva en Cataluña, Benigno Pendás (Barcelona, 1956), director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, y consejero de Estado: «Impotencia no siento en absoluto, porque creo que, al final, el Estado constitucional es el que va a prevalecer». Pendás, que tiende «a la moderación y al realismo», es conciliador por vocación, amante de España por convicción, y devoto seguidor de las bellezas sonoras de Monteverdi; sin duda que sería un buen conversador encarnando al barquero Caronte en su ópera 'Orfeo'. Hoy estará en Murcia para participar -a las 19.30 horas, en el Aula de Cultura de la Fundación Caja Mediterráneo- en la presentación del libro '¿Quién dijo populismo?' (Biblioteca Nueva), del profesor Alfonso Galindo y del doctor en Filosofía, y actual secretario general de la murciana Consejería de Transparencia, Participación y Portavocía, Enrique Ujaldón. Un libro «excelente» que, entusiasta, recomienda Pendás durante su entrevista con 'La Verdad'.

Dónde
Aula de Cultura, en Murcia, de la Fundación Caja Mediterráneo.
Cuándo:
jueves a las 19.30 horas.
Presentación del libro y debate:
'¿Quién dijo populismo?'.

-¿Cómo contempla la kafkiana situación en Cataluña: con indignación, incredulidad, impotencia...?

-No, impotencia en absoluto, porque creo que, al final, el Estado constitucional es el que va a prevalecer. Pero sí que es verdad que, para los que dedicamos nuestra vida profesional a la defensa de la España constitucional, se trata de una situación realmente insólita que nunca pudimos imaginar que se pudiera producir. Y, realmente, no hay una causa objetiva que la justifique. Creo que el Estado de las autonomías ha funcionado bien, con sus dificultades y sus problemas, durante cuarenta años. Y que la Constitución, claramente, está en la línea de recoger la unidad y la pluralidad de España; sin embargo, sectores del nacionalismo radical, que no se pueden identificar con Cataluña como tal, porque es evidente que hay una muy buena parte de los catalanes que no comparte sus objetivos, han dado un salto en el vacío y, por tanto, es el momento de que se cumpla la Constitución.

«Hay que mantener con firmeza la vigencia de la Constitución»

-¿Es buena la salud de nuestra democracia?

-La española es una democracia perfectamente consolidada y perfectamente integrada en todos los organismos internacionales, e incluso destaca entre las mejores por sus índices de calidad democrática. De hecho, desde el punto de vista oficial y con respecto a Cataluña, no se ha producido en ningún país de la Unión Europea, ni prácticamente en todo el mundo, apoyo alguno hacia este salto en el vacío que ha dado el secesionismo. Otra cosa es que ciertos sectores de la opinión pública, de los medios de comunicación y de la pura propaganda se hayan planteado enfoques que son realmente sorprendentes.

-¿Por ejemplo?

-A estas alturas, identificar la España democrática con el franquismo carece completamente de sentido.

-¿Qué propone usted?

-Perseverar en la idea de que la defensa de la España constitucional es una causa justa. Los españoles hemos trabajado mucho, y bien, para salir de la dictadura y tener una buena democracia que nos permita convivir juntos; y, desde luego, hay que mantener con firmeza la vigencia de la Constitución.

«En nuestro país no hay realmente populismo de extrema derecha. Tampoco hay partidos xenófobos, ni anti Unión Europea»

-Se habla, fíjese, de presos políticos, de políticos en el exilio...

-Sinceramente, todo esto es una gran falsedad. El exilio de verdad se produjo en otras épocas de nuestra historia, y desgraciadamente se sigue produciendo en otros contextos. Evidentemente, presos políticos no hay. Lo que hay son personas que, a juicio del poder judicial, han incurrido en posibles responsabilidades penales; y, por tanto, como todos y cada uno de los ciudadanos en una democracia, tendrán que responder, con todas las garantías, de sus actos.

-¿Qué le resulta esperanzador?

-Veo en la opinión pública española, en su conjunto, una cierta reacción, una cierta movilización; en la propia Cataluña se ha producido una movilización importante de los sectores no nacionalistas, que parecían invisibles y que, sin embargo, ahí están.

-¿De qué está seguro?

-En nuestra Constitución, que es amplia, abierta, generosa, caben muchas cosas. En cambio, fuera de la Constitución nos situamos en un terreno en el que no cabe negociar ni sobre supuestos derechos a decidir, ni sobre supuestos referendos contrarios a la Ley. Lo que hay que mantener con firmeza, por parte de los que defendemos la Constitución, es que la autonomía catalana es enormemente amplia y que, en ese contexto, se puede hacer mucha política; pero más allá de la Constitución no hay camino, no hay cauce.

-¿Con qué nivel de optimismo o de preocupación observa usted a nuestro país?

-Si dejamos al margen el caso de Cataluña, que nos ha descolocado a todos un poco, en el sentido de que no estaba entre las previsiones razonables, francamente creo que la española es una sociedad con unas instituciones que funcionan razonablemente, con sus defectos e imperfecciones que, sin duda, son mejorables como todo en esta vida. Pero el conjunto de la sociedad española da una impresión positiva. Es cierto que nuestro sistema político se ha complicado, porque no es lo mismo un régimen de mayoría y minoría, que un régimen de cuatro partidos que compiten en el ámbito electoral; no obstante, las instituciones se van adaptando a esta nueva realidad.

-¿Qué le preocupa?

-Sin duda, ese cierto desafecto de los ciudadanos hacia los políticos. Está claro que hay que trabajar muy a fondo para recuperar esa confianza. Y me preocupa también ver el desarrollo de un cierto populismo que pretender ofrecer soluciones fáciles a problemas que son complicados; y eso, tanto en la política como en la vida, siempre es una falsedad. La política en el fondo es como la propia vida, y si a uno le dicen, como leemos en el 'Quijote', que tomando el bálsamo de Fierabrás todo se arregla, evidentemente tendrá que desconfiar de él. También me inquieta la crítica a la democracia representativa, un poco en favor de la democracia de la calle, de las manifestaciones, de las redes...; son derechos democráticos legítimos, pero no pueden nunca sustituir a las elecciones libres que son, realmente, la esencia de la democracia.

-¿Qué considera un error?

-Estamos en una época en la que parece que dominan más las emociones que la razón, y eso es muy peligroso. No son nada positivas esas posturas que apelan a sentimientos profundos que son imposibles de controlar. Y de ellos se alimentan en parte los nacionalismos. Vivimos en un mundo global. No solo Europa, el mundo entero se mueve a gran velocidad y de un modo muy competitivo, y si nosotros estamos únicamente pendientes de nuestros asuntos locales, vamos a perder grandes bazas en la Historia, y eso es triste porque esas bazas no se recuperan y porque los competidores, los demás países, saben aprovechar nuestras debilidades.

-Buena parte del hartazgo que han provocado los políticos procede de tanta corrupción escandalosa.

-Es cierto. Casos de corrupción hay en todos los partidos, nadie está libre de este fenómeno. Lo que me parece positivo es que la sociedad cada vez es más exigente y tolera menos este tipo de comportamientos; además, me parece que hay que transmitir la idea de que el poder judicial funciona y nadie está libre de tener que responder de sus comportamientos. La sociedad le pide a los políticos un valor moral que se llama ejemplaridad y que es muy importante en la política y en la vida. Y también es importante, para ser equilibrados, decir que hay que respetar la presunción de inocencia y que las garantías jurídicas hay que mantenerlas. Habrá que esperar, en todos los casos, a que haya unas decisiones judiciales firmes y contundentes; pero, sin duda, la corrupción es un tema que daña mucho la legitimidad de la democracia y que a los ciudadanos les llega muy al fondo.

Países vecinos

-¿Hay síntomas de que el populismo sea una amenaza para la democracia española?

-Creo que hay un elemento positivo que nos sitúa mejor que a otros admirables países vecinos y socios nuestros: en España no hay realmente populismo de extrema derecha; el que hay es irrelevante en términos electorales y de impacto social. Tampoco hay partidos xenófobos, ni anti Unión Europea, mientras que todos sabemos los que ha pasado con el 'Brexit' y también los resultados de la extrema derecha en Francia, en Alemania y en la propia Italia. Lo que sí creo es que hay un exceso de lenguaje populista, sobre todo en el terreno de la confrontación, y eso me parece fatal en democracia: 'nosotros y ellos', 'los buenos y los malos', 'los de aquí y los de fuera'... Intentar dividir la sociedad en bloques irreconciliables, cuando la gran virtud de la democracia es la integración, la capacidad de que convivamos juntos los que pensamos de modo diferente, como así lo hemos hecho durante mucho tiempo, es un gran error. Hay algo que convendría fomentar, lo que se llama en Ética la amistad cívica: el buen entendimiento, la capacidad de comprensión hacia los demás, el entender que no todo es blanco o negro. En ese sentido, en ciertos sectores políticos veo un comportamiento muy dado a la tajante separación: 'nosotros y vosotros'. Y eso hay que evitarlo por el bien de todos.

-¿Qué defiende con entusiasmo?

-La necesidad de preservar los logros que los españoles hemos conseguido. En la vida política y social no se dan paraísos absolutos, pero debemos ser conscientes de que en España tenemos una muy buena sociedad; una democracia que, con sus problemas, funciona, y cuarenta años ya de trayectoria que ahora sería lamentable estropear. Conozco bien la inmensa admiración que sigue suscitando en el mundo la Transición española, nuestro cambio pacífico de la dictadura a la democracia, nuestro respeto a los derechos humanos... Todo eso es un activo que debemos conservar entre todos.

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