«No anhelo vivir como una estrella de Hollywood»

La actriz Silvia Marsó interpreta y produce '24 horas en la vida de una mujer'./L. A.
La actriz Silvia Marsó interpreta y produce '24 horas en la vida de una mujer'. / L. A.

Silvia Marsó, hoy en Molina con '24 horas en la vida de una mujer'. «Es mi trabajo más difícil», dice la actriz, que ha producido en solitario esta obra musical basada en la novela de Stefan Zweig

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Dice Silvia Marsó (Barcelona, 1964): «Yo misma me sorprendo muchas veces del entusiasmo con el que me levanto cada día, de la ilusión con la que lo hago todo, aunque cuando llegue la noche esté agotada». La actriz vive un momento de esplendor, y de encendidos elogios, como protagonista femenina y productora de '24 horas en la vida de una mujer', un aclamado espectáculo musical de cámara basado en la novela homónima de Stefan Zweig, que hoy -21.00 horas- podrá disfrutarse en el Teatro Villa de Molina. Una historia fascinante que ha sido puesta en escena, bajo la dirección de Ignacio García, por un equipo artístico de primera. En el escenario, arropados por la música en vivo de un piano, un violín y un violonchelo, acompañan a Marsó los actores Felipe Ansola y Germán Torres.

-¿Qué le pasó con su personaje?

-Me deslumbró por completo, me emocionó su historia de una manera que me sobrecogió. Me inspiró tanto que decidí arriesgarme a producir en solitario este espectáculo, y a producirlo con todo el esmero. Lo que el espectador verá en escena en Molina es un lujo de montaje, todo cuidado al detalle, con un nivel de exigencia altísimo, y hecho con todo el corazón.

«Yo misma me sorprendo del entusiasmo con el que me levanto cada día, de la ilusión con la que lo hago todo, aunque cuando llegue la noche esté agotada. Además, mi entusiasmo es contagioso»

-¿Cómo descubrió a esta mujer maravillosamente descrita por Stefan Zweig?

-La novela me la regaló Eloy Azorín cuando entré a trabajar en 'Gran Hotel' [serie de Antena 3]. Nuestros personajes tenían una relación muy parecida a la de los de Stefan Zweig. Me cautivó y, al cabo de un tiempo, cuando me enteré de que la estaban haciendo en París en versión de espectáculo musical [con dramaturgia de Christine Khandjian y Stéphane Ly-Cuong, y música de Sergei Dreznin], corrí a verla. Nada más acabar la representación, me dije: «Esta maravilla quiero que la vean en España». Llamé al director Ignacio García, con quien yo siempre quise trabajar, le encantó el proyecto y se lanzó de cabeza. Todos estamos enamorados de esta función.

«Debe ser muy triste llegar a la vejez, hacer balance y darte cuenta de que has perdido tu propia vida en el camino, porque no te has atrevido a vivir, o a intentarlo al menos, como verdaderamente deseabas»

-¿Cómo es ella?

-Una mujer que sufre muchísimo, que atraviesa una gran depresión. Se ha quedado viuda, tras una espantosa enfermedad de su marido, y sus hijos ya han volado del hogar. Así es que, por primera vez, se encuentra sin rumbo, sola y sintiéndose vacía. Intentando salir de ese pozo, lo que hace es emprender un viaje por Europa. Y es entonces cuando se encuentra, en el Casino de Montecarlo, con un chico jovencísimo que se está jugando una fortuna, que la pierde y que pretende suicidarse. Ella lo sigue y lo salva, y a partir de ese instante, esta mujer aristócrata, cuya vida siempre había estado planificada por otros, por primera vez toma verdaderas decisiones y decide vivir libremente. Son dos personajes desesperados que se encuentran y que viven 24 horas inolvidables.

-¿Qué momento de la función le emociona especialmente?

-Interpreto una canción que reflexiona sobre la vejez; una canción maravillosa. Cuando ya es anciana, reconoce que nunca fue ella misma tanto como en esas 24 horas. Unas horas en las que sí que hizo su voluntad, no la de los demás. Estamos tan condicionados por el entorno, por el qué dirán, por el trabajo, la familia, la religión...; tan condicionados que a veces no somos conscientes de que la vida pasa. Debe ser muy triste llegar a la vejez, hacer balance y darte cuenta de que has perdido tu propia vida en el camino, porque no te has atrevido a vivir, o a intentarlo al menos, como verdaderamente tú deseabas.

Observación

-¿Cómo hace usted para estar siempre tan ilusionada?

-No lo sé [risas]. Yo misma me sorprendo muchas veces del entusiasmo con el que me levanto cada día, de la ilusión con la que lo hago todo, aunque cuando llegue la noche esté agotada. Debe ser algo innato, porque no hago nada especial para que así sea. Además, mi entusiasmo es contagioso. No es mala forma de empezar un nuevo año, con mucho optimismo, con muchas ganas de luchar, con deseo de seguir aprendiendo, de ir haciendo mi trabajo cada vez mejor. Además, tengo la suerte de sentirme una persona muy querida y de estar de acuerdo con las decisiones que ha tomado. Nunca le he rendido culto al dinero, ni me he metido en la rueda de la competitividad salvaje, ni he puesto mi carrera por encima de todo lo demás; me importa la gente, me gusta ayudar, creo en la importancia de la solidaridad y en la necesidad de implicarnos para conseguir una sociedad más humana.

«Sólo quiero trabajar con buenos profesionales que sean también, por encima de todo, buenas personas»

-¿Y en ese día a día del que habla, qué rechaza?

-Rechazo absolutamente la hipocresía y la falsedad, quiero vivir solo con la verdad y con el buen rollo sincero. En estos momentos de mi vida, y con una carrera que ya me permite elegir proyectos, solo quiero trabajar con buenos profesionales que sean también, por encima de todo, buenas personas. Esa es mi prioridad: estar rodeada de buena gente.

-¿A qué más aspira?

-Profesionalmente, a llegar a la vejez siendo actriz porque no me pienso retirar nunca, lo que quiero es mantenerme en esta profesión cumpliendo años con la mayor dignidad. Y no dejando de retarme. No me conformo, ni mucho menos, con haber interpretado ya 'El zoo de cristal' [de Tennessee Williams], 'Casa de muñecas' [de Henrik Ibsen] o 'Yerma' [de García Lorca], me sigue gustando el más difícil todavía, y '24 horas en la vida de una mujer' es mi trabajo más difícil. Sigo sin concebir mi vida sin ser actriz. Y ahora, con los años, siento que cada vez estoy más preparada para el escenario y para la vida, porque lo que se va ganando con la edad es algo muy hermoso a lo que lamentablemente no siempre se le da importancia: la capacidad de observación y de poder entender a los demás. Además, yo no soy nada presumida. Que me salen arrugas, pues ahí están. Que dentro de un tiempo tendré que interpretar a mujeres todavía más mayores, pues lo haré porque lo importante es interpretar a personajes que parezcan de verdad, de carne y hueso, que sean creíbles, que emocionen, que comuniquen. Cuando se marchita la juventud, intentar prolongarla artificialmente de una forma tan patética como hacen muchas personas, y no solo en el ámbito artístico, es absurdo. Qué obsesión con aparentar ser joven, no lo entiendo. Para mí la vejez es algo bonito y hermoso, forma parte de la vida, no es algo ajeno a ella. Yo no he querido nunca ser una estrella. Para mí, ser actriz es igual que ser zapatera o banquera o lo que sea. Yo esto lo llevo a rajatabla: hago cola para entrar en el cine, voy yo a la compra y cojo el metro. No quiero aislarme de la gente. Además, yo quiero dar credibilidad a los personajes que interpreto y no tengo ninguna gana de vivir en una urna. Yo no anhelo el nivel de vida de una estrella de Hollywood.

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