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«¡Que los dioses extiendan un manto de luz en el cielo!»

Representación carthaginesa, en el Templo de Isis del yacimiento del Foro Romano./Antonio Gil / AGM
Representación carthaginesa, en el Templo de Isis del yacimiento del Foro Romano. / Antonio Gil / AGM

Festeros vestidos de época toman el casco histórico en pos del fuego sagrado, en su recorrido por los principales monumentos

Eduardo Ribelles
EDUARDO RIBELLESCartagena

La pirotecnia, la iluminación y la luz del láser proyectada al firmamento anunciaron ayer, a las ocho y media de la tarde en muchos kilómetros a la redonda, que Carthagineses y Romanos ha comenzado. El Pregonillo de la mañana lo anticipó, con charangas, ante cientos de curiosos que paseaban por la Plaza del Ayuntamiento. A las ocho, las cinco colinas históricas flamearon con el fuego sagrado, que no se extinguirá hasta el próximo domingo, día 25 de septiembre.

Tropas y legiones escenificaron su llegada en tres etapas, en escenarios recuperados de la antigüedad que rememoran las fiestas. Los organizadores suprimieron este año la llegada por mar, pero se tuvieron que enfrentar a la amenaza de lluvia, que finalmente no descargó en toda la tarde.

Escenarios monumentales

«¡Mira mamá! ¡Cuántos romanos!», gritaba un niño en la calle Honda, al paso de la comitiva, con todos los personajes y las autoridades, a medio camino entre el Teatro Romano y el Barrio del Foro. La proliferación de personas vestidas de época consiguió este año instantes de un gran ambiente festero de calle. También fue así en el Teatro Romano, donde se invocó a Júpiter y a Vesta para que vigilen los diez días de fiestas. Y en el Templo de Isis, escenario novedoso en el recorrido, tras su apertura al público hace pocas semanas. Allí, una sacerdotisa pidió que los dioses bendigan a tropas y legiones «con un manto de luz que cubra el cielo». Así sucedió poco antes de las nueve, mientras unas pocas gotas ponían suspense en el encendido, en presencia del presidente regional Fernando López Miras, a las puerta de Ars Asdrubalix, en la cima del Cerro del Molinete. La megafonía extendió la buena nueva a todo el casco histórico de que el pebetero flamante había sido consagrado. Todo el cortejo volvió a la Plaza del Ayuntamiento para participar en el pregón.

Durante toda la tarde y primeras horas de la noche, las principales calles bullían ya de gente vestida con las cotas, las pellizas, los tocados y los cascos, blandiendo sus armas para participar en la batalla de las fiestas.

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