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«La sobreexplotación del acuífero del Guadalentín no causó el terremoto»

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«La sobreexplotación del acuífero del Guadalentín no causó el terremoto»

A punto de cumplir su primer aniversario, el geólogo de la UPCT Tomás Rodríguez Estrella rebate la teoría de que los seísmos de Lorca del 11 de mayo tuvieran un origen 'hidrosísmico'

08.05.12 - 16:19 -
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A falta de unos días para cumplirse el primer aniversario de los dos últimos terremotos mayores de 4,5 grados en la escala Ritcher que ha sufrido la Región de Murcia en los últimos 20 años -Águilas (1996), Mula (1999), Bullas (2002), Aledo (2005) y los dos de Lorca del pasado 11 de mayo-, el profesor de Geodinámica de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), Tomás Rodríguez Estrella, uno de los mayores especialistas en el tema, descarta que la causa fuera la extracción masiva de agua subterránea en la cuenca del Guadalentín, una de las teorías que defienden algunos científicos.
Apenas dos meses después del seísmo y posterior tsunami en Japón, la catástrofe de Lorca y se sintió en toda la Región, así como en Almería, Albacete, Alicante, Granada, Jaén, Málaga, Ciudad Real e incluso Madrid. Con una magnitud de 4,5 grados el primero y 5,1 el principal, dejaron un balance de nueve víctimas mortales, más de 320 heridos, 15.000 personas sin hogar y daños materiales por valor de miles de millones de euros (los derribos de edificios aún continúan un año después).
El pasado mes de julio, Miguel de las Doblas, geólogo del Instituto de Geociencias de Madrid, argumentó que existían «innegables relaciones causa-efecto» entre «la sismicidad destructiva» del 11 de mayo y la sobreexplotación del acuífero del Guadalentín.
En su opinión, se trató de un caso de 'hidrosismicidad', una especialidad geológica desarrollada por el científico y que estudia la influencia del agua (lluvia, pantanos, inundaciones, monzones, etc.) para originar ciertos seísmos.
El experto señaló que las «peculiaridades» del terremoto, como la superficialidad del epicentro, a solo tres kilómetros de profundidad, estaban relacionadas con la alta subsidencia (hundimiento) del terreno del Valle, de más de diez centímetros al año.
«Creemos que existen indicios suficientes para sospechar que la sismicidad anómala de Lorca pudo ser en parte inducida por la extracción masiva de agua subterránea durante años para su uso agrícola e industrial», subrayó Doblas. Sin embargo, Rodríguez Estrella considera que no existe relación directa e inmediata entre ambos fenómenos.
La sobreexplotación de los acuíferos, explica, puede causar una subsidencia en el terreno. Si el acuífero es kárstico carbonatado (se produce una disolución de los terrenos por el efecto del agua sobre ellos) con cuevas, al bajar el nivel del agua subterránea (denominado nivel piezométrico) y si se produce un hundimiento brusco de las bóvedas de las cuevas, puede dar lugar a un pequeño terremoto.
No obstante, apunta que, en el caso del acuífero del Valle del Guadalentín, está constituido por materiales no consolidados (gravas, arenas y limos) y conforme ha ido bajando el nivel del agua se ha ido produciendo una compactación lenta de la zona no saturada (seca) desde los años sesenta del siglo pasado, que no permite que se produzca hundimientos subterráneos repentinos.
Por otro lado, indica que las compactaciones, allí donde se den dentro del Valle, se tienen que situar en la zona seca, es decir, hasta los 300 metros, que es la profundidad máxima a la que se encuentra el nivel piezométrico en Puerto Lumbreras. Los hipocentros (profundidad del terremoto) de los dos seísmos del año pasado, en cambio, se localizaron entre uno y tres kilómetros, profundidades en las que ya no existe ni siquiera acuífero (solo tiene, como máximo, 500 metros de espesor).
El profesor de la UPCT explica que los fenómenos de colapso están restringidos a una zona muy concreta, de tal manera que, en el caso de que se produzcan, y con ellos terremotos, serán de pequeña magnitud. Otra de las razones para descartar la teoría de Miguel de las Doblas es que al originarse a una profundidad escasa, tienen una influencia espacial muy limitada, mientras que el terremoto de Lorca tuvo una magnitud de 5,1 y se sintió hasta en Madrid.
Los terremotos ligados a colapsos también pueden darse en galerías mineras. El 2 de mayo de 1998 tuvo lugar un pequeño sismo de magnitud 2,3 en el Campo de Cartagena, ligado a la Falla de la Cierva. La energía que se liberó se desplazó hacia el sur y alcanzó el municipio de La Unión, donde causó el derrumbe de la mina 'Lo Veremos', que se encontraba en un alto grado de deterioro y en la que se vinieron abajo súbitamente algunas de sus galerías. El brusco colapso causó otro terremoto de magnitud superior al que había originado el fenómeno, aunque solo se sintió en La Unión.
También se pueden producir hundimientos y pequeños terremotos cuando se produce la instalación de un embalse superficial de gran volumen. Es el caso del Cenajo (el de mayor capacidad de la Cuenca del Segura), donde tuvieron lugar algunos seísmos de magnitud en torno a uno. El fenómeno, indica, fue muy localizado y, sobre todo, «pasajero», puesto que no ha vuelto a haber más sismicidad en esta zona. En el caso del terremoto de Lorca, el investigador recuerda que no ha sido el primero ni será el último, pues el epicentro se localizó en la traza de la Falla de Alhama de Murcia (FAM), la más activa de la Península Ibérica, que libera energía de una manera casi constante, aunque mediante seísmos de una magnitud inferior a uno (totalmente imperceptibles para las personas).
Rodríguez Estrella destaca que los temblores del 11 de mayo fueron totalmente atípicos por muchas razones: la profundidad del sismo principal fue de solo un kilómetro, la existencia de un precursor de menor magnitud, las escasas evidencias en el epicentro y las réplicas fuera de la traza principal de la FAM.
«Tenemos que relacionarlo con el corredor tectónico del norte del Valle de Guadalentín, que no solo está constituido por los dos ramales de falla (septentrional y meridional) del segmento Totana-Lorca, sino que también existen otras fallas en pleno valle que elevan el sustrato, constituyendo lo que se denomina un horst tectónico», explica.
Este horst ha hecho que el sustrato metamórfico bético se eleve hasta los 300 metros de profundidad y los sondeos que lo han alcanzado presentan un grave problema de gases (dióxido de carbono).
El geólogo reconoce que existe una subsidencia en el Valle del Guadalentín (en especial en el Alto) relacionada con la sobreexplotación de los acuíferos, que ya se puso de manifiesto en 1996. Concretamente en la zona de Altobordo (Lorca) se producen desplomes de los 'piping' (agujeros existentes en el terreno, parecidos a las madrigueras de los conejos, producidos por fenómenos de erosión y disolución), que han ocasionado roturas en las conducciones de agua y deterioro en los caminos y carreteras. «Pero en ningún caso -precisa- estos colapsos han dado lugar a terremotos».
La sobreexplotación ha ocasionado desde 1960 hasta 2010 un descenso de los niveles de los acuíferos de hasta 300 metros y un hundimiento que en 15 años (1992-2007) ha sido a razón de 1,5 centímetros al año, el mayor registrado en toda Europa. Este fenómeno se ha detectado mediante los radares de los satélites de la Agencia Europea del Espacio.
Una de las experiencias de subsidencia más recientes, muy similar a la del Guadalentín, ocurrió en la Vega Media del Segura en 1994. Como consecuencia de la gran sequía de ese año, se realizaron numerosos sondeos para buscar agua y muchos de ellos se efectuaron en las proximidades de la ciudad de Murcia.
La consecuencia fue que se produjo un descenso del nivel freático (nivel del agua subterránea) de hasta 7 metros y el hundimiento en algunos puntos de la ciudad de hasta 70 centímetros, con los consiguientes desperfectos urbanísticos. No se produjeron pequeños seísmos relacionados con este fenómeno, porque este acuífero (al igual que el del Guadalentín) es detrítico, es decir, formado por terrenos no consolidados (sueltos) tales como gravas, arenas y limos. Por ello, al bajar el nivel piezométrico y crearse una nueva zona no saturada (que estaba ocupada antes por agua subterránea), el peso de los edificios hace que esa zona, antes con agua y ahora con aire entre los poros, sufra una compactación diferencial y un hundimiento paulatino, con el fin de adaptarse a la nueva situación y conseguir el equilibrio entre las rocas.
«Son ejemplos para ilustrar que se puede producir un terremoto por fenómenos de colapso o hundimiento, pero es imposible relacionar el terremoto de Lorca del pasado 11 de mayo con la sobreexplotación de los acuíferos del Alto Guadalentín», concluye.
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Tomás Rodríguez Estrella, profesor de la UPCT, en la falla de Alhama de Murcia :: MARTINEZ BUESO