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Floreal Rodríguez: «Yo soy libertario»

MOMENTOS HISTÓRICOS

Floreal Rodríguez: «Yo soy libertario»

03.12.12 - 00:59 -
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Cuando comenzaron a sonar los disparos de los vigilantes del penal del Puerto de Santa María Floreal supo, en ese mismo instante, que su fuga había fracasado y tenía que entregarse. Otra suerte diferente tuvo su compañero de prisión, Eleuterio Sánchez, que pudo saltar el muro de la cárcel gracias a un repentino cambio de planes, en el último instante, que el propio Floreal le indicó para ganar unos segundos vitales y no levantar las sospechas de los guardias.
Atravesó, de regreso, el boquete de ochenta centímetros que él mismo había abierto momentos anteriores donde ya le esperaban los carceleros. De camino a una mazmorra de castigo se sucedieron los golpes con puños y llaves gruesas y así acabó para él aquélla Nochevieja de 1970. Durante los ocho meses siguientes vivió en un habitáculo que le permitía caminar tres pasos seguidos, realizar sus necesidades en un agujero del suelo y alimentarse con lo que le suministraban por una gatera de la puerta.
Hacía casi tres años que se encontraba preso y aquel fue su primer intento serio de fuga. Los preparativos los diseñó a conciencia y, aún así, tuvieron que retrasar la fecha una semana por un fortuito accidente que, precisamente, tuvo Eleuterio en mitad del patio. La cuerda necesaria la tejió de hilo perlé, veinticuatro metros, en el taller de manualidades, la disimuló enrollada en su cuerpo a modo de faja, ahora la cuerda se exhibe en el Museo de Prisiones.
La condena que pesaba sobre Floreal era de veinte años, dictada por un tribunal militar en Valencia al aplicársele la Ley de Bandidaje por pertenecer a una cédula anarquista; tras el recurso le rebajaron dos años la pena. Fueron siete los condenados, cinco de Valencia y dos de Novelda. Quizás la cercanía del mayo francés de ese mismo año, el sesenta y ocho, del que habían transcurrido tres meses, influyera en la severidad de las penas.
Su 'militancia' en el anarquismo la heredó de su padre, un ferroviario de Manzanares, que perteneció a la CNT/FAI durante la contienda civil y, al finalizar ésta fue detenido y condenado a muerte, aunque fue después indultado, cuando su hijo Floreal ya tenía nueve años; se trasladó a Novelda donde tenía una hermana, finalmente reagrupó allí toda la familia. Aunque a su padre no le escuchó directamente hablar de anarquismo, su conducta y sus ideas reflejaban su espíritu y él lo asimiló pronto.
Floreal comenzó sus primeros trabajos en la agricultura, a los treces años, pero su curiosidad innata le lleva a colarse en una empresa de reparación de electrodomésticos en Aspe y, posteriormente, se hace conductor con carnet internacional. Sus viajes al extranjero le posibilitaron la visita a los ateneos libertarios, a seguir estudiando y formarse dentro de las ideas libertarias. Esta andadura le lleva a un planteamiento vital: «El anarquismo es la única forma de vivir en paz todos».
Después de una experiencia de tres años en Alemania, trabajando siempre como transportista, lo que compagina con sus actividades culturales y políticas en pro del anarquismo, donde llegó a crear un Ateneo Libertario, decide regresar a España porque es aquí donde hay que actuar contra la dictadura. Pasa a tener su propio camión lo que le aumenta en autonomía y libertad de movimiento para que nadie lo controle.
Fue en Inglaterra, en un control de la Scotland Yard, donde le desmantelan el camión buscando armas, -todavía se ríe cuando lo recuerda-; les dijo que si estaban locos porque lo lógico hubiese sido llevarlas de Inglaterra a España, no al contrario. Pero el fallido registro salta a los periódicos y su detención es publicada en el diario La Verdad. Su captura fue inminente, porque no se ocultó, a pesar de que sabía que ya estaba fichado, se le acusaba de «ser libertario y tener vínculos con grupos armados».
Su primera prisión fue la cárcel de Valencia donde desde el primer momento comienza a estudiar una posible fuga que, finalmente, es descubierta y supuso su traslado al penal de l Puerto de Santa. María. Allí conoció a Eleuterio Sánchez, el Lute, que no mostró mucha confianza en los planes que Floreal le propuso, aunque ya se había fugado seis veces. La comunicación con él fue difícil, Eleuterio no había trabajado nunca y le faltaba un punto de disciplina, no había tenido una vida de trabajo. Finalmente lo intentaron y para Floreal supuso, tras ocho meses en una mazmorra, su traslado al penal de Cartagena, una cárcel peor que la de Cádiz. Las condiciones allí llegaban a las torturas psicológicas, le entregaban libros, incluso de Bakunin, pero solo le permitían leer por la noche, cuando apagaban la luz.
La casualidad quiso que a esa misma prisión llegase el Lute, capturado a los dos años y medio de aquélla fuga; las autoridades de Madrid deshicieron rápidamente la unión trasladando a Floreal a Soria y, posteriormente, a Segovia. En la cárcel castellana era normal la presencia de presos de ETA, Grapo, Frap y otros grupos, tras una asamblea de las habituales Floreal les dice: «Entre todos los que estamos aquí sumamos más de dos mil años de cárcel, ¿pensáis aguantar sin intentar una fuga?». Y así volvió a su actividad carcelaria favorita: buscar la libertad. Tras la preparación del plan, fueron los propios etarras quienes le impidieron unirse al grupo que logró fugarse, por las diferencias en el plan una vez en la calle. Se escaparon veintinueve reclusos, pero fracasaron debido a la existencia de un topo. Un anarquista murió por disparos de la Guardia Civil. Las autoridades penitenciarias de lo que más se extrañaron fue de la presencia de Floreal entre los no fugados, aún así lo trasladaron a la cárcel de Jaén, donde le llegó la amnistía tras la muerte de Franco.
Había sido detenido el 31 de agosto de 1968, salió de la última prisión el 19 de agosto de 1976, cumplió casi ocho años de la condena que el tribunal militar le impuso por anarquista. Regresó a Novelda y, a los pocos meses, estaba trabajando con su camión y por sus ideas, con libertad plena pero siempre con las miradas de sospecha de otros grupos políticos, incluso de izquierdas.
En la actualidad está jubilado, vive en Alcoy, su compañera sentimental es Salomé. Es el secretario general de la CNT en esta localidad desde el año 2000 en el que se produjo un cambio en la estructura. Junto a su compañera son redactores de la revista 'Siembra' en la que escriben y analizan la realidad, explican sus ideas y no falta la crítica. Quieren cambiar la vida, llegar a ese estado de ausencia de poder que proponen los anarquistas. Me cuenta que está preparando sus memorias donde quiere reflejar con claridad lo acontecido en sus intentos de fuga en el Puerto de Santa María y Segovia, así como han silenciado la realidad de los anarquistas de aquél momento.
«Yo soy libertario -me dice al inicio de la entrevista- y tú ¿que ideología tienes?», y la pregunta no me molesta, al contrario, menos viniendo de quién viene.
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