Al fondo de la Tourist Info de Marqués de Rafal hay una puerta que suele estar cerrada con llave. Tras el cerrojo se abre un espacio que es de titularidad municipal y que en la actualidad se encuentra en un estado más que lamentable. El edificio que fue sede de la antigua Caja de Monserrate y cuyas plantas superiores alojaron después al Conservatorio o a Convega está ocupado en la actualidad solo por los trabajadores de la Oficina de Turismo, por el servicio de Psicopedagogía de la Conselleria de Educación y en especial durante la Semana Santa, por Los Armaos. No obstante quedan muchos metros cuadrados libres en estos dos inmuebles que están unidos y que en total suman 2.546 metros cuadrados repartidos entre las plantas baja, primera y segunda.
A través de esa puerta se accede al antiguo edificio, donde se mezclan restos de objetos que algún día ocuparon espacios municipales y que se han convertido en basura. Mesas y sillas viejas se amontonan en este espacio en que se abre una ventana que descubre que una de las estancias está llena de escombros hasta la mitad de su altura. Un pequeño corredor al aire libre permite ver el espacio que antes separaba los dos edificios y que luego fueron unidos por corredores que permiten pasar de un lado al otro. Por la calle que bordea el inmueble a la derecha de la plaza se permite el acceso a la oficina que ocupan las trabajadoras del servicio de Psicopedagogía de Educación. La puerta que da acceso a sus despachos linda con otra, cerrada también con llave, a través de que se abre la otra realidad de los edificios. Desde aquí se accede a las aulas de las que en su día salieron las notas musicales de los alumnos del Conservatorio.
En este punto el suelo empieza a crujir conforme avanzan los pies sobre él. Los tabiques de las aulas, de madera verde, permanecen en su lugar y dentro de cada uno de estos espacios, más mesas, sillas y pupitres en desuso desde hace años. Todavía se puede leer en las puertas de algunas de ellas las materias que se impartían: «Lenguaje musical», dice uno de los carteles. También hay advertencias en algunos de los vetustos lavabos de la vieja casa de la música «no usar, está roto», y en algunos de ellos las obras para adaptar estos espacios dejaron un aseo de apenas un metro de ancho en el que las personas mayores del lugar apenas podrían desenvolverse.
Los largos pasillos se adentran en la parte trasera del edificio, quizá la más afectada por el paso del tiempo. En esa zona parece que el suelo se mueve más, e incluso algunas techumbres han cedido y el escueto corredor está lleno de restos de falsos techos de escayola, ladrillos y cañas, materiales típicos en el uso de los tejados hace algunas décadas.
La zona noble de la casa se encuentra al otro lado, justo encima de la que hoy es sede de la Centuria Romana de Nuestro Padre Jesús, Los Armaos, para la que hace un par de años se acondicionó el bajo en el que los miembros de la misma se visten y se recogen cada Semana Santa, lugar que tras la reforma se ha convertido en sede para el resto del año y casi en un museo de recuerdos de esta centuria. Sobre sus cabezas se abre otro espacio que en su día alojó a los trabajadores de la Caja de Monserrate. Una gran sala de reuniones que todavía conserva un tapiz en sus paredes con un escudo y sillas de hace medio siglo a su alrededor. Techos con artesonado de madera y salones que permanecen cerrados. El paso del edificio más moderno, el del Conservatorio a este se aprecia tan solo con mirar el suelo. El del antiguo es más estable y todavía conserva las antiguas placas de cerámica que dibujan mosaicos bajo los pies de quienes lo pisan. La vetusta escalera que sube hasta esta zona, el casillero donde el conserje recibía a quienes llegaban hasta allí o las lámparas se conservan en un lugar que todavía es rescatable para otros menesteres pero sin dejarlo demasiado tiempo, ya que el mal estado del inmueble anexo puede hacer mella en este. En un altillo siguen las mesas, alguna impresora rota y algún que otro archivador que se dejaron allí hace unos meses los trabajadores de Convega que hasta que se trasladaron a la sede de Rojales desarrollaron aquí sus labores. Su situación en la parte alta de este inmueble, pese a encontrarse en la zona mejor conservada, no debía ser demasiado buena a tenor de las manchas de humedad que han crecido por sus paredes.
Lo que permanece es la magnífica vista de la Plaza del Marqués de Rafal que se puede disfrutar desde sus ventanas. Para el portavoz de Centro Liberal Renovador (CLR), Pedro Mancebo, los culpables de que estos edificios estén en algunas zonas al borde del colapso son los responsables del Partido Popular gobernaron en el Ayuntamiento durante 25 años. «Si se hubiera invertido en conservarlos, ahora no haría falta un nuevo Ayuntamiento», precisa Mancebo, que destaca que estos dos inmuebles podrían alojar sin estrecheces buena parte de los servicios municipales, enclavado además en pleno casco histórico de la localidad «y en una de las plazas más bonitas de Orihuela». Así arremetió contra las populares por no destinar parte de los fondos que en su día llegaron al municipio tanto por parte del Estado como de la Generalitat Valenciana para conservar este patrimonio que poco a poco pierde valor por el estado en el que se encuentra. Hay que recordar que solo se destinó dinero de esos planes, en concreto del Confianza, para la rehabilitación del antiguo Hospital de San Juan de Dios y su reconversión en la que será la primera biblioteca municipal de la ciudad, obras que está previsto que finalicen en el mes de octubre y, a partir de ahí habrá que invertir en dotarla de fondos y de mobiliario.
En el mes de septiembre Mancebo ya propuso la rehabilitación de edificios que por su mal estado han tenido que ser desalojados y que son propiedad del Ayuntamiento. «Tenemos proyectos, pero el problema es que no hay dinero», asegura, y recuerda que fue entonces cuando se habló de convertir en Palacio Rubalcava, situado en el barrio del Rabaloche y colindante a la Plaza de Santiago y la iglesia del mismo nombre, en un hotel con encanto que además reportaría dinero a las arcas municipales. En Rubalcaba, donde hay otros tantos miles de metros cuadrados repartidos en la planta baja, la principal, la segunda altura y la cubierta, coronada por un torreón, se realizaron en su día las obras de mejora de las cubiertas, pero ahí se acabó la intervención que obligó a desalojar de sus dependencias al personal municipal de la oficina de turismo de esta parte del casco urbano así como al del departamento de Servicios Sociales, que se fue al edificio Prop a raíz del mal estado del lugar que ocupaban hasta entonces. En este palacio, además, se celebraban las bodas civiles que se realizan en el Ayuntamiento, unas ceremonias que ahora tienen lugar en otro edificio rehabilitado en este caso a través del Feil del Estado, en la ermita del Santo Sepulcro.