Simón es un joven de unos treinta años, extranjero. Le conozco varios años en Torrevieja. Vive de lo poco que puede ayudar en La Plasa y de las limosnas que puede recoger. Normalmente duerme al raso pero últimamente le han alquilado una cochera. ¿Cuántos como Simón se están viendo así? ¿Cuántos vecinos de toda la vida están en las mismas circunstancias? Este año la novedad que me ha contado Simón no es precisamente buena, le han diagnosticado un tumor y, para poder operarle, le han recetado unas vitaminas y mejor alimentación, porque está muy flojo. ¡Qué paradojas presenta la vida! Un pobre de solemnidad 'debe' comer bien. ¿No tiene derecho a sanar? ¿Entonces, las mamandurrias o ayudas no se las damos? Discreto, humilde, educado y con mala suerte.
Como Simón hay muchos que se resignan a su destino, ya no le quedan lágrimas ni recursos ¿No hay nadie que le socorra? Hay ya demasiadas personas que por enfermedad o por hambre están en situación desesperada. ¡Comer hay que comer! ¡Y tenemos derecho a la salud! Se nos llena la boca hablando de los derechos humanos y la dignidad de la persona, pero queda en pura teoría; extensos documentos que se leen a boca llena para quedar bien y justificar un cargo. Pues así, en todas partes. Me dirán que existen particulares y empresas que hacen una labor humanitaria y yo les contestaré que es verdad, que no es suficiente y que, además, debe ser lo normal: ayudarnos unos a otros. Ocurre que hay mucho egoísmo, demagogia, poca sangre en el cuerpo y miradas hacia otro lado. El PSOE acusa al alcalde de Marinaleda de ser demagogo. Yo le contestaría que cuando ves a tu hijo pasar hambre haces lo que sea.
Es cierto que este alcalde no ha actuado legalmente, que hay cauces legales para protestar. Pero también estamos protestando por las reformas injustas y nadie hace caso. Lo cual no quiere decir que debamos imitar actos similares pero nos da una idea de cómo está el paño. Nuestros políticos que sí son demagogos cuando hablan de 'salvar el país'. Dicen bien, el país, pero no a los españoles. Moralmente es una indecencia lo que ocurre en España: se exprime al trabajador, se facilita su despido, se le obliga a pagar más impuestos y termina en la calle en completa penuria. Resulta que vivimos en una sociedad hipócrita, de leyes hipócritas y políticos hipócritas que dicen trabajar por el bien de los ciudadanos y que maquinan leyes en las que lo legal desconoce lo moral. ¿Qué le queda al ciudadano legal?: La queja pública mientras vive y muere miserablemente.
Ha ocurrido ya y seguirá ocurriendo: llega el político de turno, habla con cantos de sirena, convence para que le votes, y, acto seguido, volverá a engañarte y a abandonarte una vez conseguido su propósito: poner su culo en un buen puesto, para el que seguramente no está preparado. Ahora el Banco Europeo dice que todavía hay que hacer más recortes, plantea relajar la protección de los parados, rebajar el salario mínimo, abolir la indexación (el ajuste salarial y pensional motivado en la desvalorización de la moneda), de salarios y permitir los convenios en el nivel de la empresa. Europa va por España y se lo hemos puesto a huevo con el ladrillo y la corrupción.
La gente comenta que en seis meses hemos perdido todo derecho y hemos vuelto a los años sesenta. Me da que volvemos a principios de siglo cuando sólo tres países 'partían el bacalao' en Europa. Hemos llegado a nuestra propia ruina como civilización occidental en la que la inmoralidad jurídica domina todo, en la que siendo legal en lo exterior pueda ser, al mismo tiempo, inmoral.
Estos son los malos tiempos que nos está tocando vivir en los que sólo el pobre ayuda al pobre, porque el rico y el político sólo tiene un objetivo: su propio provecho. Todos saben que moralmente son condenables sus decisiones, pero se cobijan en las leyes, hechas por ellos y así, impunemente, actuar en su propio beneficio. Al ser servidores de los ciudadanos ¿Por qué no dejar de cobrar los sueldos, dietas, etc y donarlas a comedores sociales? El primer servicio es sacrificarse por las ventajas obtenidas.
Ahora que estoy cerca del mar les comentaré un sueño muy agobiante: Estaba en la playa y vi un barco que se hundía. Todos pedían auxilio y yo, muy nervioso y confuso, no sabía a quien salvar: este, aquel, la niña, el abuelo... Pensaba en los más débiles. Al final, por mi indecisión, todos se ahogaron. Poco queda en nuestro país, España, para que ocurra lo mismo. Estos gobernantes actúan sin criterio propio, a los dictámenes de Europa y por salvar el país van a acabar con sus ciudadanos. Al final, como en mi sueño, esto puede acabar como un Camposanto. Ante la hambruna que ya se percibe, nuestros políticos, clase privilegiada a la que no le afectará, le va a faltar sitio donde esconder tanto pobre. El genial Quino lo expresa muy bien a en su personaje Mafalda, la cual se lamenta de la situación de los pobres a los que se debía dar asistencia y trabajo, a lo que Susanita, la pija de la pandilla, responde :¿Para qué tanto? Bastaría con esconderlos. Parece ser que lo tienen en mente.