Algo falla en España. Algo muy sutil, pero que debería hacer saltar alguna alarma en la zona técnica del combinado nacional. La debilidad mental de los de Valero Rivera es muy peligrosa, te coloca en desventaja en los partidos definitivos. Y desde mañana todos lo son. Cuando te estás jugando la opción de una medalla, hay que tener muy claro qué tipo de trabajo hay que hacer y, sobre todo, cómo hacerlo. De ambas cualidades careció la selección ante la máquina balcánica, que sabedora de que la ventaja que tenía para ser primera de grupo y medirse a la asequible Túnez en cuartos, era inalcanzable. Se dedicó a jugar en una suerte de persecución más propia del coyote y del correcaminos. Hasta en cuatro ocasiones empató España, y en otras tantas los balcánicos se marcharon en el marcador con aparente facilidad. Hasta que ya, rondando el minuto 22, se cansaron de hacer la goma y dieron el estirón definitivo que condena a la selección nacional a medirse con el segundo del otro grupo.
España aguantó el tipo mientras se ajustó la defensa rival, que saltó al campo contemporizando y esperando que mostrara sus cartas. 13 minutos tardó Alilovic en parar la primera bola, pero en cuanto lo hizo los de Rivera se atascaron irremediablemente. Un atasco al que contribuyó también el técnico de los ajedrezados, dando entrada a Balic en el momento oportuno.
El caso es que la defensa hispana arrancó muy bien. Y Sterbik, mejor aún. El problema que se planteó ante Hungría, con los exteriores demasiados pegados a los laterales, se solucionó ayer. Pero apareció otro: el mal balance defensivo para replegarse ante el saque de centro rápido. Y por ahí empezó la sangría de goles que no habría forma luego de controlar. Y continuó por las defensas alternativas rivales.
Con Sarmiento entre algodones por una elongación muscular, el juego de creación recayó en Entrerríos, que no tuvo nunca claras las ideas para superar al adelantado. Y si el central no ve el partido, lo normal es que el encuentro no se gane. La derrota deja, por tanto, muchas dudas en la escuadra ibérica. ¿La buena noticia? Sterbik cada vez para más. Quizás ahí esté el salvavidas de España.