Stop. Vienen las fiestas a Elche. Que paren la prima de riesgo, los recortes, los desplantes del BCE y ojalá que los hachazos del paro. Que paren. Vienen las fiestas de este pueblo.
La ciudad necesita un respiro. Y lo merece. Ha hecho los deberes. La esencia misma del hecho festivo y la debida elegancia aconsejan dejar al margen el juicio sobre los deberes municipales. Pero los ilicitanos hemos cogido el toro de esta tozuda crisis por los cuernos, aunque no hayamos encontrado el premio de evitar que la crisis nos cogiera a nosotros.
Pero, a pesar de ello, ahí han estado las comisiones y comparsas. Escuelas de ciudadanía. Reductos vivos de cultura urbana. Obstinados en un empeño permanente, a lo largo de todo un año, en fabricar un espacio de desahogo, un territorio de libertad, una explosión de descaro y desafío a las turbulencias que injustamente nos están imponiendo los tiempos.
Y con un mérito que no quiero dejar de resaltar. Las gentes que producen las fiestas trabajan promoviendo el consumo colectivo de la ciudad. No es poca cosa hoy donde tendemos, parece que irremediablemente, al consumo individual de los espacios y de la vida que sobre ellos se desarrolla. Desde el uso mismo de las nuevas tecnologías que nos acerca a lo más lejano al tiempo que nos aleja de lo más próximo, hasta el uso y la titularidad de los espacios públicos que se estrechan cada vez más. En ese preocupante contexto, bienvenido el esfuerzo festero que abre la ciudad a todos y la hace estallar en una ceremonia colectiva e integradora. Son muchos los que hacen las fiestas, pero son todos los que la disfrutan.
Por todo ello y si en algo vale mi deseo, adelante con la fiesta. Ésta siempre ha sido una ciudad seria en el trabajo y celosa de su fiesta. Hoy más que nunca hay que entregarse a ella. Es el mensaje más firme que podemos lanzar a los mercados y a quienes tan torpe y cruelmente los administran. El mensaje de nuestro espíritu lúdico. Todos a una.
Festeros, moros, cristianos, pobladores, procesionarios de la Roà, mascletàs, racós, barracas, charangas, desfiles, judiás, carretilleros con pena de muerte, devotos de l'Albà, apóstoles y marías múas, voyers de las tribunas, pregoneros, comparsas desde el Toscar al Altet, comisiones festeras desde Altabix a Matola, peregrinos urbanos en busca de quimeras. La ciudad entera proclamando que éste es un pueblo de resistentes. Que nos podrán recortar mucho pero nunca podrán con el espíritu incansable que ha traído hasta aquí a esta ciudad y a quienes la habitan.
Ésa será nuestra respuesta. La respuesta de una ciudad orgullosa de sí misma.
Stop. Empiezan les Festes d'Agost.