Los Negros Egipcios y su embajador, Fernando Lacárcel, regalaron a todos los oriolanos y visitantes de la ciudad un billete para viajar a África a gastos pagados. No pedían nada a cambio, solo el aplauso y la satisfacción de concluir la celebración de una embajada que habían preparado con tesón durante todo un año. El viaje fue corto, ya que en algo más de una hora, los vecinos pudieron conocer el continente en toda su profundidad, pero fue intenso y lleno de detalles que seguro que serán comentados por mucho tiempo.
La Entrada Mora, la que cierra las Fiestas de la Reconquista, fue espectacular, como todos la esperaban. Los Negros Egipcios se reinventan cada año para desarrollar y mejorar las fiestas. Este año, en el que son protagonistas, no iba a ser menos por lo que dieron una verdadera lección de ingenio, trabajo y esfuerzo con su embajada que introdujo a miles de espectadores en el continente africano con la aparición de panteras, tribus africanas, y otros muchos elementos característicos de África .
De nuevo fue la Armengola, la heroína de la fiesta y la que da sentido a la leyenda que da vida a esta tradición, la que abrió el desfile. Esta vez eligió un traje en el que utilizó detalles árabes para mostrar su apoyo al bando moro al que ella pertenece puesto que está adscrita a la comparsa Moros Abdelazíes. Con ella iba ayer una fila de mujeres, todas amigas suyas, que la quisieron acompañar de escolta en su último paseo por las calles de la ciudad como la Armengola.
Solo pasaron unos instantes hasta que la carretera se convirtió en la Sabana para acoger a los animales y tribus que la ocupan de mano de Los Negros Egipcios. Sin embargo, primero aparecieron un grupo de egipcias con las dos abanderadas, María Ramón Vicente y Lucía Lacárcel, quienes también marcan uno de los estilos de esta comparsa porque no solo dedica un espacio a la África más profunda, sino que representa al país que da nombre a su agrupación.
Pero tras ellas, las distintas filas que forman esta comparsa entre las que se encuentran Reina Tiye, Al Hariba, Hunos, Renegaos, Ashati, Zulú y Kalahari, decidieron demostrar que su pasión por crear espectáculo no tiene límites. Los trajes y maquillajes que utilizan para dar luz y color al desfile de la Entrada Mora, consiguieron robar un año más el aplauso de todos los oriolanos que ocuparon las sillas ubicadas a lo largo de todo el recorrido que la comitiva realizó por las calles de la ciudad.
A los espectadores únicamente les preocupaba el calor que podían sufrir estos festeros a los que no les faltaba detalle, pero el tiempo dio una tregua ayer a la localidad, al soplar una leve brisa que consiguió bajar algo las temperaturas. Aún así, los Negros Egipcios, padecieron el calor que sus vestiduras y el maquillaje les provocaba. Así lo demostró el cabo de la fila los Renegaos, el escultor Ricardo Cánovas, quien tuvo que parar un momento a descansar en una de las sillas que se encontraban vacías. Sin embargo, esta comparsa disfruta eligiendo trajes cada vez más llamativos y que consiguen causar diferentes sentimientos en el terror que creaba con sus calaveras la fila Zulú.
Pero el momento más esperado por todos era la llegada de Lacárcel que lo hizo en una gran carroza acompañado de su favorita e hijo. Desde lo alto de una tinaja que se elevaba en determinados momentos porque aparecía una gran cobra, el embajador y su mujer saludaron con gran fuerza a todo el público quien no dudó en aplaudirles por haber conseguido una vez más montar un verdadero espectáculo en estas fiestas. Con ellos un grupo de serpientes que, representaba un cuerpo de baile, reptó por el asfalto, la calurosa arena de esta ciudad. Asimismo llevaban una gran escolta, las filas Negras y Negros quienes quisieron acompañar al embajador en uno de los momentos más importante de su vida dentro de las fiestas.
Tras ellos desfilaron el resto de comparsas de la Entrada Mora cerrando un año más las Fiestas de la Reconquista que el próximo año ya celebrarán el 1.300 aniversario del pacto del Rey Teodomiro.