El Gobierno del Partido Popular ya no sabe qué hacer para detener el feroz acoso de los mercados, que no atienden a reformas, ajustes y mensajes de calado político. Los grandes inversores hace tiempo que sólo tienen ojos para las señales inquietantes que envía la economía española: desde la petición de rescate de la Comunidad Valenciana, pasando por las declaraciones de Montoro en el Congreso -en las que reconocía que «no había dinero» en las arcas del Estado-, hasta las previsiones macroeconómicas que alargan el periodo de recesión para España hasta más allá de 2013.
Por eso la prima de riesgo está absolutamente descontrolada (el viernes alcanzó los 612 puntos básicos), y el interés que tiene que pagar el Estado por los bonos y obligaciones emitidos supera el 7,20%. Y por eso, al Gobierno sólo le queda el grito desesperado de ayuda al BCE para que de una vez por todas se decida a comprar deuda pública española. Pero el presidente del organismo, Mario Draghi , no se deja ablandar por estos mensajes (casi ruegos) y recuerda que el instituto emisor no está «para resolver los problemas financieros de los estados».
Draghi se mantiene firme en los principios que rigen la actuación del BCE, que consisten básicamente en «asegurar la estabilidad de precios y contribuir a la estabilidad del sistema financiero con total independencia», afirmó en una entrevista concedida al periódico francés 'Le Monde'.
El presidente del BCE no ve factible un escenario de ruptura del euro, como plantean cada vez más analistas, ya que en su opinión éstos «no reconocen el capital político que nuestros dirigentes invirtieron en esta unión y el apoyo de los europeos». «El euro es irreversible y preservarlo forma parte de nuestro mandato», ha sentenciado. La receta para salir del bache pasa, a su juicio, por avanzar en la unión «financiera, presupuestaria y política» europea. También considera que los acreedores de la banca española deben asumir responsabilidades en la resolución de la crisis porque los contribuyentes «ya han pagado bastante».
Draghi ha sido muy criticado por su reiterada negativa a que el BCE actúe como prestamista de última instancia de los estados en apuros. Los mensajes más duros le llegan, lógicamente, desde España. Este viernes, el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, se refirió al instituto emisor como «banco clandestino». Ayer volvió a insistir en sus críticas. «Alguien tiene que apostar por el euro y en estos momentos, mientras la arquitectura de Europa no se modifique, quien puede hacer esta apuesta es el BCE», manifestó en Palma de Mallorca.
El titular de Exteriores lanzó además sus dardos contra «algunos especuladores» que a su juicio están distorsionando la imagen real de España para enriquecerse. El único organismo capaz de poner freno a estas prácticas, insiste, es el BCE mediante una «actuación decidida y pro europea». Es decir, a través de la compra de deuda soberana.
Margallo se lamentó porque cada paso que da España en su política de ajustes y estabilidad presupuestaria es «contestada por los mercados con una bofetada en seco».
El titular de Exteriores efectuó estas declaraciones tras ser recibido por el Príncipe Felipe en el palacio de la Almudania de Palma, que albergó ayer la cuarta reunión del llamado 'Grupo de Berlín', foro de cancilleres de once países de la Unión Europea. Entre ellos se encontraba su homólogo alemán, Guido Westerwelle, que expresó su apoyo a la política económica del Gobierno español. «Sé que es muy difícil para mucha gente de España, pero es la única alternativa», dijo.
Margallo no ha sido el único ministro español en pronunciarse sobre la crisis de deuda que atenaza al Estado. El titular de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, ha asegurado que Europa «no puede funcionar si hay gobiernos que se financian al 0% y otros que lo hacen al 7%».