La confesión de una de las detenidas por la muerte de una anciana de 90 años durante un robo de Alcoleja ha servido a la Guardia Civil para encajar todas las piezas. La joven, una colombiana de 21 años, era la novia del supuesto cabecilla de la banda, y ha relatado ante el juez, punto por punto, como planificaron y ejecutaron el asalto. Los ladrones iban dispuestos a todo, y no les importaba que en la casa hubiera gente.
Según su declaración, «habían hablado que cometerían el hecho aun cuando hubiera personas en el interior y tuvieran que emplear la violencia». La información para el robo la proporcionó uno de los sospechosos, que, junto con su madre, regentaba una tienda de ultramarinos en esta pequeña localidad. Fue él quien avisó a la banda de que en el pueblo residía «una mujer de avanzada edad con bastante dinero en efectivo y joyas».
Los asaltantes planificaron entonces el robo y se distribuyeron las tareas. Esta chica era «la encargada de entrar en la vivienda, llamando a la puerta y pidiendo que la dejaran utilizar el teléfono». Dos días antes del homicidio llevaron a cabo un intento infructuoso. Esta joven tocó el timbre y le abrió el sobrino de la fallecida, quien le dijo que si quería llamar por teléfono, que acudiera al bar de en frente.
Entonces, el propietario de la tienda de ultramarinos les informó de las horas en las que este sobrino no estaba en la casa, donde, además de la anciana, solo habría una empleada del hogar.
En principio trataron incluso de conseguir «una porra eléctrica para reducir a la cuidadora» y, como no lo lograron, recurrieron a un spray de pimienta.
Así, siguiendo el plan trazado, esta chica llamó a la puerta y, cuando la cuidadora abrió, la roció con el spray. Acto seguido entraron en la casa su novio y otros tres compinches, que se taparon la cara. Ella era la única que tenía el rostro descubierto.
A partir de ahí, el robo entró en una espiral de violencia incontrolable. Los ladrones maniataron a empleada del hogar, que consiguió liberarse, pero, entonces, su novio sacó una pistola, encañonó a la cuidadora y dijo «que no lo mirara», según se recoge en la declaración de la detenida.
La anciana gritaba angustiada, y fue entonces cuando otro de los asaltantes «le quitó la dentadura y le metió un trapo para que se callara». Esta sospechosa aseguró que pasado un rato observó «que la mujer mayor no respiraba, que estaba morada». Se lo comunicó a su novio, que se limitó a ponerle una chaqueta en la cabeza a la fallecida «para no ver que estaba muerta». Acto seguido, le ordenó que no se le dijera a los demás «porque no iba a irse sin el dinero».
También le indicó «que se fuera a la cocina por un cuchillo para cortarle un dedo a la cuidadora para que hablara», aunque finalmente no lo hicieron. Tras revolver toda la casa, la banda se llevó una caja con joyas y 1.500 euros que encontraron en un jarrón. Cuando el resto de miembros del grupo se enteraron de que la mujer había fallecido, decidieron darse a la fuga. «Yo no he venido para esto», llegó a decir uno de ellos.
Finalmente, una vez en Elche, donde algunos de ellos residían, repartieron el botín y separaron la bisutería de las joyas de oro. Utilizaron para pesarlas la balanza que empleaban para la cocaína, tal como relató la imputada. En total, tocaron a 260 euros por cabeza, un exiguo botín para cargar con un homicidio a sus espaldas. Ahora, las nueve personas que participaron en el robo están en prisión.