No todo el arte se encuentra en museos ni siempre las obras más caras y de mayor repercusión pueden ser las favoritas de un buen diletante. Colecciones privadas, grandes y pequeñas galerías y incluso salones de particulares que, con tiempo, empeño, y en algunos casos mucho dinero, han conseguido reunir buenas obras suponen rincones de pintura dignos de admiración. Una buena muestra de ello es la colección que la Casa del Pintor de Albacete, una reputada galería de arte, ofrece en exposición y venta en el hotel HUSA, en el golf de la playa de San Juan, en Alicante. Una treintena de obras, firmadas por artistas como Joan Miró, Pablo Picasso, Antoni Tàpies, Antonio López o Eduardo Chillida, están abiertas al público, para la admiración, y en venta, para los que tengan interés.
El espacio se trata de una única sala junto al hall del hotel. Una de las paredes es toda una ventana que da a una terraza exterior. Entra la luz. En la pared que queda frente a la entrada, dos cuadros de Miró, uno arriba del otro, reciben al visitante. El de arriba, la principal pieza de la muestra, se titula 'La abuela. Fondo blanco, los principales trazos en negro y algunos en colores llamativos y con complementarios, verde y rojo. No es la mejor obra de Miró, o quizás para alguno lo sea, pero invita a quedarse mirándola un buen rato. Su precio, 12.000 euros. Es la más cara de la sala.
Debajo de ella, otro Miró, una obra «excepcional porque es de las pocas en las que el artista trata el tema taurino», explica Isidoro Zapata, encargado de la Casa del Pintor en Alicante. Sobre un fondo negro, al contrario que el anterior, un trazo blanco dibuja una figura blanca, con dos cuernos, en la que hay una mancha roja. Sobran las explicaciones.
A modo de escudero, Picasso. A ambos lados de las obras de Miró, se exponen dos retratos del artista malagueño. 'Jaqueline', a la izquierda, y un retrato de una señora con mantilla, a la derecha, contrastan con sus suaves trazos en gris y azul con el colorista artista catalán. Sobre los 10.000 euros cada una.
De nuevo a ambos lados de Picasso, ocupando la totalidad de la pared principal, Chillida. Resultan llamativos los dos cuadros, tanto por ser inusual ver obra gráfica de este principalmente escultor, como por su tamaño. A penas diez centímetros cada una de las los litografías en blanco y negro.
En la pared que queda frente a los ventanales, una obra especial aguarda a ser vista. Se trata de un grabado de Antonio López. En blanco y negro, con trazos pequeños y con dibujos abstractos en su mayoría, aunque alguna figuración se puede adivinar. Es «especial», matiza Zapata, porque «es el único en poder de la Casa del Pintor, por lo que le tenemos un especial cariño».
Junto al ventanal es el lugar elegido para Tàpies. Dos obras de trazos simples, realizados también en blanco y negro con algún color suave, son las obras que se ofrecen del artista catalán. Otros cuadros de Miró, Philippe Monteagudo, unos grabados de Rembrandt realizados en el Louvre, e incluso unas reproducciones de Henri Matisse completan una exposición modesta pero firmada por grandes nombres.