Estos días me preguntó uno de los clientes de la antigua CAM: ¿Cómo se llama esto ahora, Alberto? No supe que contestarle porque en la entrada hay una pegatina que dice: Banco Sabadell; en los cajeros otras que dicen: CAM-Sabadell; y en los recibos de operaciones y sellos de la entidad: Banco CAM. Así que hasta el 8 de diciembre de este año no sabremos su verdadero nombre. El rumor que se escucha es que, mientras las siglas CAM no vayan asociadas a una limpieza de imagen, la gente desconfía. Y es lógico, porque la estafa ha sido muy grande y nadie está en el banquillo y mucho menos el dinero se ha devuelto. Por otro lado el señor Miguel Montes, en una carta personalísima a los clientes, firma como Director General de CAM y, por muy tierna y emotiva que sea la misiva, si no se pagan las cuotas timadas, na de na.
Pero un servidor les tiene que reconocer que las cosas no están tan mal como estaban. De las dos partes en que se dividió la CAM: Banco CAM (la parte buena) y CAM (la parte tóxica que nuestros 'amigos' valencianos y murcianos se encargaron de corromper); el Sabadell compró la parte buena pero, ante la situación generada a miles de usuarios de la CAM, entre los que nos encontramos tanto pensionistas como jóvenes matrimonios, ha llegado a un acuerdo para que este dinero, las cuotas preferentes y participativas, sea recuperado. Y no está del todo mal, teniendo en cuenta que el Sabadell no es responsable de los desmanes de los sinvergüenzas que gestionaban la CAM. Por lo que me alegro y felicito a los responsables del Sabadell por esta solución salomónica, y como decía un antiguo jefe mío: «Vale más un mal arreglo (que no lo es) que un buen pleito».
Y hablando de jefes vuelvo a la carta personalísima que firma el Director General de CAM, Miguel Montes, en este caso a mi esposa. Tengo que decir que, es tan amable y de una atención tan delicada que hasta me he puesto celoso. Le comunica personalmente, como a todos los clientes, atender sus necesidades (espero que no todas) y ofrecerle «soluciones financieras» personalizadas. Todo un detalle. Este señor lamenta profundamente los «acontecimientos» que han afectado a su entidad, una forma muy delicada de decir «la estafa que han sufrido ustedes». Hoy día todo son eufemismos para no llamar al pan, pan y al vino, vino, pero valga la disculpa que, después de todo, no es responsabilidad de este señor y de su banco, Sabadell.
Como en estos momentos, y espero que en los venideros, la entidad mira hacia delante, espero que no se olviden de lo de atrás, los problemas con las preferentes y participativas queden pronto resueltos y que se pueda disfrutar, cuanto antes, de un dinero también personal. Mire usted. No es por nada, pero como todo sube y habrá que pagar hasta por estar enfermos, es urgente que arreglen este tinglado porque vamos a necesitar toda nuestra 'pasta'. Usted lo comprenderá.
Aunque la historia de la CAM es de más de 135 años y los clientes sabemos que los profesionales de la CAM son excelentes (y engañados también), van a tener que emplearse a fondo para que olvidemos. Claro está que ahora depende de ustedes demostrar que las altas jerarquías de su banco son dignas de confianza, que sean personas competentes y que no aspiren, siendo sólo banqueros, a ser y a vivir como el jeque de Catar, y así 'todos' podremos vivir con dignidad.
Por cierto, lo que son las cosas de la vida. Tengo un amigo de la infancia que se llama Jesús Cifuentes. Perdió la mano izquierda siendo niño porque le explotó un cohete en la misma. Desde entonces le llamamos 'Jesús, el manco'. Del mismo nombre es el Director de Zona que ustedes, banco de Sabadell, han enviado al área de Orihuela; pero, pero, pero,&hellip Creo que también la falta la mano izquierda. Como usted no sabe, soy antiguo empleado de la CAM y todavía estoy vinculado a ella y, por lo tanto, ahora a su entidad. Tengo unas cuestiones que consultar con su directivo y, como cliente y trabajador, creo que también tengo derecho a que se atiendan mis «necesidades y tener soluciones financieras». Pero no es así. Siento tener que decirlo. No se me atiende. Por lo que espero que su directivo encuentre la mano que le falta y me la ofrezca como merezco. ¿No le parece que las cosas están muy mal como para no cumplir lo que, por escrito, firman? Atentamente: un cliente, un profesional, un amigo, ¿un compañero?