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¡Sin que sepamos cómo!

ORIHUELA

¡Sin que sepamos cómo!

16.06.12 - 00:43 -
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Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa? ¡Hacía demasiado ruido! Y además se pasaba todo el tiempo golpeando.
El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás, Y la lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro que siempre se pasaba el tiempo midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto. En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente, la tosca madera inicial se convirtió en un mueble precioso. Cuando la carpintería quedó de nuevo sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho, y dijo, «Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos negativos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos». La asamblea encontró entonces que el martillo, era fuerte, el tornillo unía y daba consistencia, la lija era la mejor para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces un equipo capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos. (H. A. Agudelo)
La primera parábola que pronuncia Jesús es la del sembrador, que echa la simiente en la tierra y se marcha a dormir. Nos habla del Reino, que en un principio nos suena a poder, dominio y cambio social, a imagen de los reinos poderosos de la tierra y sin embargo nos habla de siembra humilde, paciente y misteriosa de la Palabra de Dios en el corazón humano. Jesús no contabiliza resultados. Él no será un rey dominante y poderoso. La semilla sembrada resalta el contraste entre la espera paciente del sembrador y el crecimiento irresistible de la semilla. Frente a la eficacia, criterio predominante en nuestra cultura actual, Jesús nos habla de fecundidad no de eficacia.
Nuestra misión es sembrar, aunque los frutos se resistan a llegar. Fijaos en el carpintero del cuento, su actitud es utilizar todas las herramientas, mientras ellas se descartan unas a otras. Al final se dan cuenta de que son un equipo y se sienten orgullosos de su fortaleza y de trabajar juntos. ¿Podemos nosotros sentirnos igualmente sembrados, dejar crecer la semilla y juntos trabajar y colaborar?
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