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La noche de los sentidos

RENDIBÚ 2012

La noche de los sentidos

Rendibú se reinventa para sorprender a la legión de 'oseznos' y llenar de arte multimedia y espectáculos de producción propia su entrega de premios. Sí, estaba «lleno de modernos»

27.05.12 - 01:08 -
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Una chica bastante mona, con sus tacones de infarto y sus pendientes plateados, se presentó poco puntual y encima con un discurso que sonaba criticón: «Esto está lleno de modernos». El hombre que colgaba de su brazo, de lustrosa chaqueta azul, optó por un mensaje más directo: «Soy la estrella invitada». Otros pretendían ser sinceros y decían que estaban allí «por trabajo» y algunos se arrogaban directamente al cuello el cartel de «finalista», aunque no hubieran participado en ningún concurso. Y añadían: «no puedo parar de crear».
Lo de colgarse al cuello es literal. Porque las invitaciones de este año eran tipo 'congreso' con varios 'mensajes de estado' al gusto del consumidor. Así que muchos de los asistentes a la cuarta edición del Rendibú, críticos en potencia y no tan en potencia, tiraron por la calle de en medio y, reconociendo el juego que daba un trozo de papel en una funda de plástico, eligieron el acertado «vaya tontería lo de las tarjetitas». Los más creativos se las 'tunearon' con frases de cosecha propia que sumaron nuevos roles a la noche.
Muchos -de los que sí llegaron a la hora- aún se ajustaban su 'mensaje' al cuello cuando se dieron de bruces con el saloncito de la casa de sus respectivas abuelas, colocado para la ocasión en las escaleras de acceso al edificio anexo del Auditorio Víctor Villegas, la 'cueva' donde vive el oso más osado de la Región. La alfombra, el sofá, el sillón, la mesa camilla con su tapete de hilo, la mecedora y la tele del año de la polca coronada por un velero bergantín. Hasta una máquina de coser Alfa y una vetusta radio que no hubo que utilizar para poner música. De eso ya se encargaron Klaus & Kinski, que ocuparon el saloncito para dar la bienvenida en forma de concierto hogareño a una nueva edición de esta gran fiesta de la cultura que La Verdad Multimedia organiza cada dos años. Sí, solo. Lo sentimos.
Ya en el interior, maniobras premeditadas para hacerse con los primeros 'kits' de sonido y las primeras cañas de Estrella de Levante. Los sentidos se ponen a trabajar. Pupilas y labios siguen dilatándose. El oído se agudiza. La mente se abre. En la intimidad de los auriculares, frente a una pantalla, se atisban sonrisas silenciosas. Pero los cortos no tienen por qué vivir encerrados. También nacen en el corrillo de amigos. Son metrajes de las historias de la vida, de la gente de la calle, que sonaban al compás de los acordes de DJ Williessey y su 'scratch' casero. Relatos, videoarte, móvil movies, diseño gráfico y originales e innovadores 'tuits' cafeteros que calaron en la legión de 'rendis' con propuestas rompedoras. Diferentes. Osadas.
De repente, digresión. Todos al suelo, que viene siendo la mesa del Rendibú. Es la hora de la cena, de las mil cenas, que este año venían selladas con un simpático oso de ojos achinados. Dentro de la bolsa, explosión oriental: rollito thai al vapor, entrantes con gambas y marisco, Phad Kai (tallarines), Khao Phad (arroz frito con pollo y verduras), pastas de coco thai y hasta té thai verde. «Esto está frío», se queja una comensal con un tallarín colgando de la comisura. «Tu calla y come... ¡Mira una moderna!», le recrimina una amiga, parafraseando la canción de Putilatex. El día que el grupo de Albacete se ponga la careta del oso, esto se viene abajo. La 'cena Thai', uno de los secretos mejor guardados de la noche, reventó varias apuestas tras las tres ediciones anteriores, en las que la gastronomía del Rendibú se había paseado por Japón, Marruecos y Grecia. Alguien habla de Messi. ¡Pero si ya no hay Liga! Ah, que es la Copa del Rey... Aquí mejor de las otras, de las que se rellenan con espíritu. ¡Camarero!
Entre pedir esos combinados, fumar, saludar, charlar, despedir, discutir, animar, maldecir, cortejar, reír y disfrutar, casi se pasa el arroz. No el de la cena, que ya estaba deglutido y casi procesado, sino el de uno de los actos centrales de la final del concurso bienal de artes multimedia, la performance de Eduardo Balanza. El gigantesco oso cubierto de ositos dulces que Nicolás de Maya regaló hace dos años al Rendibú se erigió este viernes en el 'oso que todo lo vio' -ya sin gominolas- desde encima de un gran andamio, en el que también cabían los 'deejays' y que estaba flanqueado por dos grandes pantallas verticales. Leds multicolores de casi seis metros de alto que hacían las veces de pregoneras futuristas, anunciando el nuevo guantazo al posible aburrimiento. Aburri... ¿qué?
El oso del radiocasete
Y el siguiente bofetón al tedio lo arreó Balanza con un radiocasete gigante del que salió un tipo trajeado con cabeza y manos de oso -cómo no- y acompañado de una rubia y una morena -tipo maniquís-. Los hay con suerte. Se pegaron, se abrazaron, bailaron al son de temas como 'I feel love' e hicieron un rato el loco. No vi el espectáculo con todo lujo de detalles, pero por las caras de la chica morena de enfrente, la cosa gustó e impactó. Para reflexiones más sesudas, puede usted encomendarse a la crítica de Mara Mira, unas páginas más adelante. Yo lo haré.
Los aplausos por el 'circo' que montó Balanza casi dieron la bienvenida a los presentadores de la entrega de premios, novatos en este terreno. El cantante Óscar Ferrer (Varry Brava) y la artista plástica Sonia Navarro se estrenaron por todo lo alto. Él, vestido de espectáculo, pero sin dar el cante. Ella, de gala (con un elegante vestido 'vintage' años 70, cedido por Gelen), pintando el ritmo de las emociones de los mejores artistas de esta edición del Rendibú. Uno de ellos, Raúl Martínez, tardó tanto en responder a la llamada de los maestros de ceremonias que casi se queda sin el oso y sin la pasta. Beca, en este caso. ¿He oído premio? Por allí acabó apareciendo Raúl.
Encima del escenario, donde el trasiego de organizadores, patrocinadores, colaboradores y galardonados fue intenso durante unos minutos, también se libró una soterrada pero no por ello menos llamativa 'guerrilla' de camisetas. Camisas y polos había por todas partes, pero lo de las camisetas con mensajitos divertidos o dibujos con intríngulis se llevaba la palma. Hasta el director general de La Verdad Grupo Multimedia, Daniel Gidrón y el director del Rendibú, José Manuel Jiménez, que se subieron al 'tablao' para entregar sendos premios, lucieron prenda de algodón con sus respectivos garabatos. No pude decantarme.
Después de la ovación a los triunfadores de la noche -los ganadores del concurso, no los de las camisetas-, llegó uno de los momentos más esperados: el concierto de los islandeses FM Belfast, que actuaban por primera vez en Murcia. Penas al cajón y suelas al piso. Estos chicos, incluido el hortera de los tirantes, se lo curraron de lo lindo para contrarrestar el fresquito del aire acondicionado. Calentaron el ambiente desde el primer tema -subieron varios grados más cuando versionaron a Rage Against The Machine con 'Killing in the name of' y pusieron a los osados 'rendis' a sus pies. Una pena que no entendieran lo de 'otra, otra...'.
No todos disfrutaron del concierto frente al escenario. Alicia y Morgan, los más listos de la clase, aprovecharon la intimidad del Cinema Rendibú -uno de los nuevos espacios de esta edición y también uno de los más aplaudidos- para pegarse un concierto íntimo. Entré a la coqueta sala de cine a altas horas de la noche para ver un corto que aún se proyectaba -en serio-, pero mi atención se fue directamente a ellos dos, que bailaban al son de los islandeses como si no hubiera mañana. Miradas furtivas. Sin tocarse, sin hablar. Simplemente, disfrutando. Gozando de su particular Rendibú. No quise molestar.
The Leadings DJSet puso la guinda a otra noche inolvidable con una sesión bailonga que, como los encantadores con sus serpientes, acabó atrayendo hasta la pista de baile una gran jaula repleta de oseznos de carne y hueso que no dejaban de botar al ritmo de Two Door Cinema Club o el mítico 'Give it up' de los 90. La chica de tacones de infarto y pendientes plateados estaba cerca. Rodeada de modernos. Pensando en el próximo Rendibú.
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