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En el peor lugar posible

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En el peor lugar posible

Un año después del terremoto de Lorca, un estudio de la UA revela que la gravedad de los daños se debió en parte al tipo de suelo

06.05.12 - 01:25 -
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¿Por qué un terremoto de una magnitud no demasiado elevada como el de Lorca provocó tantos daños? Intentar encontrar respuestas es lo que ha llevado a la Unidad de Registro Sísmico (URS) de la Universidad de Alicante a realizar un estudio detallado del terreno sobre el que se levanta el pueblo de Lorca para buscar en sus entrañas nuevos datos que puedan explicar unos efectos que no se corresponden con lo que cabría esperar de un seísmo de magnitud 5,1.
Según el director de la URS, José Juan Giner, aunque el movimiento tuviera lugar, según sus palabras, «debajo de la cama», es decir, a una profundidad de algo más de un kilómetro de la superficie terrestre, tuvo un efecto demasiado destructivo en relación a la magnitud registrada. «Decidimos partir de una hipótesis similar a la planteada con motivo del terremoto de México de 1985. Entonces los investigadores nos preguntamos por qué un movimiento sísmico que tuvo su epicentro en el mar causó los mayores destrozos a 400 kilómetros de distancia y no provocó daños por el camino». La respuesta estaría en los materiales del suelo. En función de cómo sean, pueden mitigar o amplificar la velocidad de propagación de la onda sísmica. Es lo que se conoce en términos científicos como 'efecto de sitio' y es uno de los factores que explicaría, según el estudio realizado por la Universidad de Alicante, el triste balance de nueve víctimas mortales, y cuantiosas perdidas materiales que sufrieron los vecinos de Lorca como consecuencia del terremoto.
El equipo de la Unidad de Registros Sísmicos de la UA, en colaboración con la Diputación Provincial de Alicante, acaba de finalizar un trabajo de 'zonación' del municipio. Consiste en medir en diferentes puntos las vibraciones permanentes del terreno - denominadas microtremores- producidas por causas diversas como el oleaje, la actividad industrial, el tráfico o el viento que, a través de su interacción con los árboles, transmite movimiento al suelo.
«Cada lugar tiene una vibración propia relacionada directamente con las características del suelo», explica Pedro Jáuregui, técnico superior de la URS. El equipo de la Unidad de Registro Sísmico se desplazó a la zona para llevar a cabo las mediciones que permitieran elaborar un mapa que recogiera, de una manera gráfica, las zonas en las que los efectos de un movimiento sísmico se pudieran ver amplificados por la composición geológica del suelo. Se desplegaron equipos de medida en 40 puntos, todos ellos distribuidos por diferentes lugares del entorno urbano de Lorca. En cada uno de ellos se realizaron cuatro mediciones hasta alcanzar un total de 160 registros del microtremor del área urbana del municipio.
La conclusión del estudio confirma su hipótesis inicial. El pueblo de Lorca ha crecido históricamente al lado del río y en una zona de rambla, justo donde el terreno es más blando debido al arrastre de materiales y a las aportaciones propias de los entornos hídricos. En términos de respuesta sísmica, se ha edificado «en el peor lugar posible», ya que en este tipo de terrenos es donde mejor se amplifica la energía liberada por un sismo, y por tanto, donde más daños pueden sufrir las construcciones asentadas sobre ellos. «No se trata solo de edificaciones. La antigua carretera, la vía férrea y la autovía están en la ruta donde hemos constatado que los materiales del suelo son más blandos. Es normal. Es más fácil y menos costoso», afirma Jáuregui.
Lo ideal sería construir sobre roca, pero ello no quiere decir que no se pueda edificar en otro tipo de suelo más susceptible de sufrir los efectos de un sismo. «No hay ningún problema en edificar sobre ellos. Ninguno. Si construyen en Japón, y en Los Ángeles, cómo no vamos a hacerlo aquí. Lo que pasa es que hay que hacerlo bien, y los cálculos para la cimentación han de estar adaptados a las características del terreno», afirma el director de la URS, José Juan Giner.
Este informe ha concluido esta misma semana, y sus resultados serán expuestos a la comunidad científica en el marco de la VII Asamblea Hispano Portuguesa de Geodesia y Geofísica que tiene previsto celebrarse en San Sebastián entre el 25 y el 29 de junio de este año.
En el estudio se incluyen otros datos relacionados con las características propias del episodio sísmico de Lorca que se incorporan al informe como aportación al campo de la investigación científica sobre el fenómeno de los terremotos. Entre ellos, que a la serie sísmica de magnitudes 4,5, 5,1 y 3,9 siguió un total de 133 réplicas durante los dos meses siguiente, el 80% de las cuales se produjo en los siete días posteriores al suceso. Asimismo, se resalta un pico de aceleración que, para sorpresa de los expertos, triplicó los parámetros previstos en la Norma de Construcción Sismorresistente (NCSE) de 2002, que recoge pautas de edificación de obligado cumplimiento tendentes a minimizar los efectos adversos de un movimiento sísmico. Las construcciones han de estar preparadas para aguantar una aceleración del 0,12, y en Lorca se llegó a 0,36, si bien ese nivel máximo se mantuvo tan solo un segundo. La existencia de un sensor ubicado en la antigua cárcel de Lorca, a unos cinco kilómetros del foco, ha permitido obtener un registro sobre la aceleración del sismo de gran importancia para los investigadores, ya que, según asegura el equipo de la UA, en España existen muy pocos que hayan estado tan próximos a un epicentro.
Sin conciencia del riesgo
La elaboración de mapas que recogen los diferentes tipos de respuesta sísmica en función de las características del suelo supone una herramienta de prevención «útil y conveniente», según el director de la URS. Sin embargo, el estudio realizado por la Universidad de Alicante en Lorca es una excepción. Ningún municipio de la provincia de Alicante dispone de él, y también casi ninguno, a excepción de Almoradí y Torrevieja, ha elaborado los preceptivos planes de actuación municipal a los que obliga el Plan Especial frente al Riesgo Sísmico de la Comunitat.
No es la única asignatura pendiente. También sería necesario realizar campañas informativas dirigidas a la población para que sepan actuar en caso de un terremoto, teniendo en cuenta que las provincias de Valencia, Alicante y Murcia se encuentran en una zona históricamente asociada a movimientos sísmicos. «Es indudable que la población debe recibir formación ante el temblor sísmico. En Lorca podría haber evitado algunas víctimas», asevera Giner.
En su opinión, los ayuntamientos cuentan con cauces de difusión fundamentales como son los colegios y las asociaciones de vecinos. El Ministerio del Interior, a través de la Dirección general de Protección Civil y Emergencias, dispone del material didáctico necesario para llevar a cabo esas campañas de prevención de los riesgos inherentes a un sismo. Según el director de la URS, «solo falta que los municipios se impliquen». El tema lo merece, como se demostró en Lorca. El próximo viernes día 11 se cumple el primer aniversario del suceso. No en vano, como afirma el técnico superior de la URS, Pedro Jáuregui, «la península ibérica está trazada a golpe de terremoto».
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