Vaya por delante que con Amparo Pomares me une una amistad de más de 20 años y que, tal vez por eso, ustedes puedan considerar que no soy totalmente objetiva si les digo que es una de las personas más honestas, más competente y más comprometida que conozco. Sin embargo, desde que hace unos meses se supo que iba a ser la coordinadora de Cultura, el PP orquestó una caza de brujas perfectamente planificada y no ha habido pleno o rueda de prensa en la que Amparo Pomares no haya sido zaherida sistemáticamente con las más variadas 'sinrazones' (en junio, por ejemplo, se la acusaba de trabajar sin cobrar, pero ahora de ser «una vividora de la política»). Y al más puro estilo utilitarista (por aquello de que para el PP parece ser que el fin justifica los medios y, en este caso, el fin está claro: persuadir a la ciudadanía de que todos somos iguales), tampoco han tenido escrúpulos a la hora de aducir 'pruebas' y así, por ejemplo, han aireado correos privados sin ningún sonrojo ni el más mínimo cuestionamiento de estas prácticas que, como poco, resultan atentatorias contra los más elementales derechos de las personas.
Por si todo esto no hubiera sido suficiente el PP, además, presenta ahora una moción para su debate en el próximo Pleno en la que se pide la cabeza de la Sra. Pomares y, ya puestos, la del Alcalde. El delito, esta vez, es la supuesta «incompatibilidad» que se ha producido entre el ejercicio de su función docente en un instituto y su media dedicación a las tareas de coordinación en la Concejalía de Cultura. Por aclarar las cosas, en términos de legalidad, la administración competente para resolver este supuesto conflicto laboral es la Conselleria que ya zanjó el asunto concediendo a la Sra. Pomares 'servicios especiales'. En términos de legitimidad, Amparo Pomares cumplió, como siempre, escrupulosamente, tanto con sus obligaciones como docente -y ahí están los miles de alumnos que han pasado por sus manos y pueden dar fe de ello- como con su responsabilidad de Coordinadora en la Concejalía -y ahí está, por ejemplo, la programación del Teatro Circo, La Lonja o la Sala San Juan de Dios como prueba irrefutable de su magnífica gestión. En términos políticos, el recurso continuado a la falacia 'ad hominem', la permanente ofensa a la persona, en lugar de a su gestión, son la prueba evidente de la falta de recursos efectivos a la hora de ejercer una labor tan importante como es la de la oposición.
Mónica Lorente, Pepa Ferrando o David Costa serán recordados no solo como integrantes del peor equipo de gobierno que haya habido jamás en Orihuela, sino como la peor oposición posible. Y si no fuera porque detrás de sus burdas estrategias y ardides hay personas que sufren -al estilo de Josef K. en El proceso de Kafka- desearía que «no cambiaran nunca» porque puestos a pedir, nunca hubiéramos soñado con lidiar con una oposición tan ramplona e insolvente.
Y, para terminar, un periodista se preguntaba el otro día qué poder tendrá la señora Pomares para que, unos y otras, nos partamos el pecho defendiéndola. La respuesta es muy simple: tiene nuestro respeto, nuestra consideración y nuestro afecto labrados a lo largo de mucho tiempo; un tiempo más que suficiente para conocer de verdad a las personas.