La jornada era propicia para ganar en casa, porque no se podían dejar perder más puntos en Los Arcos si se quiere estar en zona de playoff, y menos con rivales directos como el de ayer. El triunfo era todavía más goloso si se tenía en cuenta que el líder, el Atlético Baleares, perdió en su compromiso y se podían recortar tres puntos.
La contienda comenzó con una acción desde la frontal del área en la que disparó el 9 del Onteniente y en la que Unai Alba tuvo que despejar con problemas. El tiro fue envenenándose conforme se acercaba a puerta. El conjunto visitante lo tenía claro, salir rápido y disparar en cuento pudiera. En casa de un inspirado Orihuela no podía andarse con rodeos.
A rey muerto rey puesto, debió pensar Garitano que alineó desde un principio a Adrien, quién no tuvo ningún reparo en hacerse con el número de 10 del hijo pródigo, Cases, que otra vez se ha ido a buscar las habichuelas lejos de su ciudad natal.
El partido se templaba y Delgado tuvo una ocasión a balón parado tras el saque de córner. El mismo central también impidió instantes después una internada de Kikín en la que se quedaba solo ante el guardameta amarillo. Los blanquinegros pudieron aprovechar otra ocasión a balón parado pero no estaban finos por arriba ante una defensa más que correcta planteada por Garitano.
El técnico donostiarra no cambió en nada su esquema trasero, al contrario que la parte ofensiva de su equipo en la que incluyó además de Adrien, a Francis, quien parece haberse recuperado de su larga lesión. Lo mejor de estas modificaciones es que el equipo apenas notó diferencia. El juego de ataque era poco fluido, aunque fabricó Rico en banda contraria que tras irse de su marca centró al segundo palo. Solo con el balón bombeado Adrien falló la más clara ocasión hasta ese momento.
Los valencianos corrigieron posiciones y la especie de trivote planteado en el centro del campo por el técnico Roberto Granero destruyó la creación del conjunto escorpión. Rico se encontraba algo solo en su banda izquierda y Miguel Ángel estaba más pendiente de recuperar balones que de llevarlos arriba, con lo que los delanteros apenas recibían bolas claras . El partido se desarrollaba tal y como había pronosticado Garitano. Una lucha de tú a tú en la que el balón parado podía ser más que decisivo. Ninguno de los dos conjuntos tenía el dominio y de no hacerse cambios, un pacto de tablas era lo más esperado.
La reanudación la batalla comenzaba con otra cara, más posesión de balón para el equipo local y más movilidad de juego. Por el contrario, los blanquinegros no pasaban del centro del campo aunque en ocasiones como la que tuvo Navarro, el examarillo, pudo decantar el encuentro del lado visitante.
Las acciones a balón parado eran las preferidas de los valencianos, que con una victoria fuera de casa podían incluso auparse a los puestos nobles de la clasificación, pero esta no era su consigna. Hasta el tercer puesto podía auparse el Onteniente, que prefirió el punto inicial.
La noche caía y el primer arranque oriolano se apagaba como un fosforillo. El equipo más al sur del grupo debía imponerse a un rival directo, de dejarle aire el Onteniente podría en un futuro arrebatarle una de las cuatro plazas que dan acceso a la promoción.
La afición animó insistentemente en la segunda mitad, incluso más que en la primera. Sabía de la importancia de conseguir los tres puntos, distanciarse a diez del quinto y acercarse al primero a solo cuatro puntos era primordial. La hombrada era posible aunque había que cambiar mucho el juego de ataque. Para tal fin salió Pelusa saltó a conquistar la zona ancha del campo y hacer que la circulación de balón no se estrangulara tal y como se estaba produciendo. El lugarteniente Iban Espadas también tenía otra difícil misión, meterse en campo enemigo a encontrar algún tesoro en forma de balón de gol.
Tanto se apuró el juego que el Onteniente pidió la pena máxima en el minuto 79. Era una jugada aislada y un delantero visitante cayó dentro del área de Alba. La grada especulaba con lo que había pasado pero no hubo penalti. Ningún equipo tiró hasta el final con decisión dentro de portería y el partido aburrió.