Crecer en la adversidad es un ejercicio propio de los héroes rebeldes que no conocen el significado de la palabra resignación. Da igual el cúmulo de contratiempos que se den cita sobre el parqué, los hombres que integran el proyecto de Vidorreta nunca bajan los brazos, siempre quieren más, y siempre van a por ello. La decimotercera victoria del curso deja la permanencia sellada de forma virtual y al Lucentum con vía libre para pensar en cotas mayores. La Copa será el aperitivo, pero el listón ahora se eleva hasta el playoff.
La épica se ha instalado en el CT, se ha convertido en rutina, una que tiene por costumbre aliarse con el vestuario lucentino. Los adversarios lo saben, por eso tiemblan cuando el descontar de los segundos se aproxima al último estertor. Cajasol llegó a Alicante animado por su excelente dinámica: tres victorias en las últimas cuatro jornadas. Dio igual, en la pista el dinero que separa a ambas franquicias -seis milloncitos de nada- no se ve; o si se ve, no se nota, que es lo realmente meritorio.
Ganar con suspense es un placebo que genera adicción. Las 4.000 personas que ocupan las gradas del CT son testigo. Lo raro es que con todo lo vivido, no sean 1.500 más... hay trenes que sólo pasan una vez en la vida. Augurios al margen, lo cierto es que el Lucentum precisó de una prórroga para doblegar a un Cajasol bien pertrechado atrás y armado con misiles teledirigidos en ataque. El desgaste fue espectacular en todos los sentidos, pero donde no llegan las fuerzas alcanza el espíritu insaciable del único equipo de la ACB que es capaz de toser sin taparse la boca delante de los equipos que poseen, por decreto FIBA, licencia de Euroliga.
Vidorreta y Plaza protagonizaron un duelo de pizarras de altísimo nivel, con rotaciones tácticas próxima al balonmano, el primero a pesar de la necesidad y el segundo gracias al lujo de poder permitírselo. Quién sabe, igual el próximo ejercicio Txus puede combatir a Joan con sus mismas armas... en el municipal San Pablo.
Si alguien quiso desestabilizar, equivocó el disparo. Eso sí, el preparador vasco le dio motivos de sobra a su buen amigo Juan Llaneza para que siga pensando en él como líder del vestuario sevillano. La presencia de Mario Stojic en el quinteto titular fue un reconocimiento al excelente trabajo diario que realiza el alero croata y toda una declaración de intenciones: sin defensa no hay triunfo.
Ambos conjuntos generaron mucha actividad en la 'pintura', de modo que los tiradores ganaron protagonismo. Txemi asumió la responsabilidad, sin Callaway ni Bogdanovic, y Pedro Llompart se encargó de paliar los daños generados por el navarro, quien por fin realizó un gran partido ante su exequipo, algo que es más fácil cuando tu lucimiento no sirve para ensombrecer más el de tu hermano.
Las diferencias fueron mínimas. Nadie alcanzó una renta superior a los siete puntos en todo el partido. Las estrellas sevillanas emergieron de forma jalonada: primero Txemi, luego English, después Bogdanovic y al final, como no, Paul Davis, que anotó 11 puntos en el tercer cuarto. El mérito del Lucentum radicó precisamente ahí, en conseguir que nunca hubiera más de un enchufado funcionando a la vez.
Los parciales acumulados lo atestiguan: 21-18, 36-39, 58-58 y 73-73. Lamont Barnes tuvo en sus manos evitar más sufrimiento, pero falló el tiro libre que habría podido significar el triunfo a dos segundos del final. En su descargo hay que decir que acertó con el que forzó la prórroga en un día para olvidar desde el 4, 70 de todo el grupo.
Con la misma intensidad se jugó el tiempo extra. Sevilla cobró una mínima renta de 4 puntos que Rautins, letal como escolta, se encargó de limar con un '3+1' estratosférico. Después, la medicina habitual: dos triples (Ellis y el propio Andy), dos buenas defensas y cuatro rebotes magníficos. Cajasol, para agrandar la leyenda del Lucentum, se cosió al partido y con 84-82, a falta de seis segundos, llevó a Ivanov a la línea de personal. Máxima concentración, silencio funerario en la pista y... casi sin inmutarse... como si fuera un especialista... Koko metió los dos dentro del aro. Que rica sabe la felicidad.