A la par que Spanair pegaba la espantada de un día para otro, recibía yo una carta publicitaria de la directora comercial de la aerolínea adjuntándome una tarjeta 'star silver' como cliente fiel -volé una sola vez en mi vida con ellos a Las Palmas ida y vuelta- lo que suponía que me abrían las puertas al mundo con un montón de ventajas.
Todos sabemos, que el eslogan utilizado era 'La de tots' porque últimamente se había catalanizado con la entrada de la Generalitat en el accionariado y el deseo de convertirla en una especie de 'Catalanair'.
Guardaré la misiva como ejemplo de que la campaña parecía no prever una desaparición tan fulminante y me centraré en otro asunto catalán mucho más enriquecedor y acorde con los temas culturales que siempre tratamos.
Este año se celebra el VIII Certamen Nacional de Pintura 'Miradas 2012' del que tengo el honor de ser comisario y que organiza la Fundación Jorge Alió. El Premio a la Mejor Trayectoria Profesional ha recaído hogaño en el artista barcelonés Josep Puigmartí al que conocí personalmente hace unos días, lo que me supuso una inmensa satisfacción.
Al contrario de lo ocurrido en la edición anterior con Cristóbal Toral, he de reconocer que de la obra de Puigmartí conocía poco aunque sí sabía de su figura plástica. Pero el original de su personalidad estaba acorde con la entidad de sus pinturas y esculturas.
Encajaba perfectamente en la línea del certamen porque ha creado a menudo cuadros donde el ojo humano está muy presente al sentirse cautivado por la mirada y entender cómo un artista puede interpretar de manera muy distinta lo que observa y lo que esto le sugiere, algo que ya planteó Leonardo cuando dijo que él no pintaba lo que veía sino lo que creía ver, aquello que el crítico londinense John Ruskin llamaba en el siglo XIX degradación de las obras divinas por la imaginación del artista.
Sintetizar tan sólo el curriculum de Puigmartí ocuparía un inmenso espacio del que no disponemos. Ocasión mejor habrá para hablar de él y su proyección mundial.
Fue modelo y creativo publicitario, se vio inmerso en la 'gauche divine' que para otro catalán como Jaume Perich acabó siendo 'gauche diwhisky', casi le pilló el mayo francés en París, donde vivía, fue amigo de los grandes como Dalí; su extravagancia sugerente le encaja perfectamente, resulta natural, nada forzada y no conlleva prepotencia o afección sino todo lo contrario, una naturalidad y una sencillez que sólo saben practicar los grandes.
Desde su escepticismo que mira la senectud física con una resignación contrapuesta a una vital juventud espiritual y creativa mientras considera la muerte como un apagón hacia la eternidad que ya poseé con su inmenso fondo artístico, es generosamente solidario con diversas causas benéficas que agrandan su satisfacción consigo mismo.
Baste añadir que ha expuesto en Suecia desde 1957, Dinamarca, Francia -en alguna ocasión junto a Picasso-, Bélgica, Estados Unidos, Japón, Mónaco, Abu Dhabi o China donde una vez colgó una antológica de 105 cuadros mientras en Sanghai fueron más de 40.000 personas las que visitaron su exposición. También ha diseñado trofeos e hizo el cartel de la 50ª Vuelta Ciclista a España amén de crear últimamente etiquetas para marcas de aceite de oliva y vino.
Maestro surrealista del erotismo, entre otras muchas cosas, vive desde 1995 en el Hotel Estela del port d´Aiguadolç en Sitges a cuyo presidente y mecenas, un singularmente excepcional Francesc Castelllví, también tuve el placer de conocer. Él aporta el 'seny' en todo este collage.
Conocido como el Hotel del Arte, en 1993 celebró el centenario del modernismo que encajaba a la perfección en una localidad tan vinculada a un maestro del mismo como Santiago Rusiñol. Fue entonces cuando el pintor Antoni Xaus, alojado en la habitación 105, la abandonó con toda ella pintada, incluidas sábanas y toallas.
Tras la primera desagradable impresión, aquello generó una idea, la de que otros artistas hicieran lo propio. Y así hallamos 14 estancias decoradas por personalidades como Subirachs, Grau-Garriga, Moraga o el propio Puigmartí que desarrolla allí a diario una actividad creativa frenética.
Este hotel vende las obras que cubren todas sus dependencias y además, al margen de organizar exposiciones de pintura y escultura, no sólo en España sino en Europa, Asia y Norteamérica, cuenta con una espléndida colección permanente de artistas de la talla de Dalí, Tàpies, Antoni Clavé o Lorenzo Quinn, editando igualmente libros de arte y obra gráfica. Impresionante.