Ryanair, la compañía que concentra dos tercios del crecimiento del aeropuerto internacional de El Altet en el último ejercicio (casi 10 millones de usuarios), confirmó ayer su amenaza de reducir semanalmente 300 vuelos (1,5 millones de pasajeros en la temporada de verano) de no autorizarle la Audiencia Provincial a embarcar y desembarcar a pie a sus clientes. El presidente de la compañía, Michael O'Leary, condiciona sus inminentes planes comerciales en Levante a esa decisión judicial, cuyo recurso se resolverá el próximo 7 de febrero. La patronal de hoteles de la Costa Blanca, Hosbec, por boca de su presidente y vicepresidente de Coepa, Antoni Mayor, pidió semanas atrás flexibilidad a Aena, que se mantiene firme en el uso obligatorio de los finder o pasarelas telescópicas en verano por un estricto motivo de seguridad.
«Si se pusiera en riesgo la seguridad, no nos dejarían ahora embarcar en el 50% de operaciones», insistió ayer el ejecutivo aeronáutico, en su segunda visita a Alicante en apenas dos meses tras citar a todos los medios de comunicación, incluso a los de habla inglesa.
O'Leary expuso su argumentario ya conocido. En contra de lo dicho por Aena, el impresionante hueco que dejará desde marzo Ryanair no será cubierto por ninguna otra compañía, ni siquiera Air Berlin, que sí lo anunció. Calcula en 2 millones de euros el coste anual para Ryanair de la tasa de las pasarelas famosas. Además, O'Leary deslizó que ni siquiera con amnistía sobre esa tasa utilizaría los finder: «Aena cambió el acuerdo que teníamos desde hace cuatro años de modo unilateral en marzo, cuando abrió la catedral de aeropuerto, sobredimensionado para satisfacer a los políticos», añadió O'Leary.
Los cuatro o cinco aviones que dejará de usar la aerolínea en El Altet serán enviados a Palma y a El Prat, en Barcelona «donde creceremos próximamente». El ejecutivo se reunió muy brevemente en la terminal de El Altet con su director, Santiago Martínez, que declinó comentar el encuentro con O'Leary. La última propuesta del director, el uso a discreción de los autobuses o jardineras para facilitar el embarque y desembarque, fue rechazada por O'Leary «en cuestión de segundos, porque va en línea de las propuestas estúpidas de Aena». Considera que pondría en riesgo los tiempos de escala de 25 minutos que tiene diseñados Ryanair para ser competitiva. «En caso de retrasos perderíamos slots y sería un desastre», vaticinó O'Leary.
El empresario dejó claro que, en caso de un fallo favorable en el tribunal de apelación alicantino, Ryanair recuperará las 18 rutas que empezarán a suprimirse en marzo, lo que pasaría de 300 a 600 las frecuencias de vuelos semanales, de ida y vuelta y llenos de turistas. «Aún nos daría tiempo a vender todas esas rutas entre marzo y mayo», advirtió O'Leary. Se mostró partidario de recuperar el vuelo Alicante-Barcelona de Spanair e invitó a los 2.000 empleados, incluidos pilotos, de la quebrada compañía a realizar solicitudes de empleo en Ryanair. «Vueling no tiene suficiente estructura», dijo.